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Papu el mono

Papu el mono
30/06/2010
Consultores: 
Montserrat Bellot Espinos

El Observatorio FAROS, en colaboración con la Fundación "la Caixa", publica el cuento ganador del 1º Concurso de Cuentos de la abuela titulado "Papu y el mono". La autora del cuento es la Sra. Monsterrat Bellot del Esplai de Granollers.

Papu era un mono muy alegre que saltaba de rama en rama observando a todo lo que se movía en el bosque. Una mañana se encontró con Baji, un pequeño ratoncito que arrastraba una bellota hacia su madriguera; la carga parecía muy pesada, pues tiraba de ella con mucha dificultad.

Papu le silbó a Baji y cuando éste levantó la cabeza, le dijo:

–    ¿Quieres que te ayude con la carga? Yo soy más grande que tú y puedo llevártela sin dificultad.
–    No, respondió Baji, tú lo que quieres es comértela. Sabes muy bien que hacen falta frutos frescos para tener una buena alimentación.
–    Claro, y verdura y pescado y carne, -respondió Papu.- ¿O te crees que mi madre no me suelta esos rollos?
–    No son rollos, es verdad -le increpó Baji- Nuestras madres sólo quieren que crezcamos sanos y fuertes.
–    Vale, vale, pero yo sólo pretendía ayudar, ¿no ves que me podría comer las que quisiera? Acuérdate que yo salto de rama en rama…

Baji se quedó pensativo y le dijo:

–    Me parece que tienes razón. Tú podrías llenar mi despensa para todo el invierno en muy poco tiempo. Ayúdame y podré jugar un rato contigo.

Los dos se pusieron manos a la obra y en un pis pas llenaron la madriguera de una gran diversidad de frutos. Estaban muy satisfechos con su trabajo cuando oyeron a lo lejos la voz de Sena, la madre de Papu:

–    Hijo, ven un momento, ¡necesito que me ayudes!
 
Papu y Baji llegaron al cabo de pocos segundos.

–    Mama, te presento a mi nuevo amigo, Baji.
–    Hola Baji, mucho gusto.
–    Hola Señora Sena. ¿En qué podemos ayudar?
–    Mirad, se me ha terminado el agua, ¿podríais traerme un poco de la fuente?
–    Claro que sí, respondieron los dos dando brincos, pues eran muy alegres y traviesos.

Papu cogió la jarra y saltó de rama en rama hasta la fuente. Baji, que era muy rápido pero también muy pequeño, le gritaba a su amigo:

–    ¡Espérame que te voy a perder!

Pero Papu se reía y seguía saltando y viendo las peripecias de su nuevo amigo. Llegaron a la fuente y ya había llenado la jarra cuando su amigo,cansado y sudando hizo su aparición.

–    ¿Por qué me has dejado atrás? ¡He corrido tanto que no puedo ni respirar! -dijo Baji.
–    No te enfades y refréscate en la fuente.

Después le echó un poco de agua encima y los dos se rieron revolcándose sobre la hierba fresca.

Ya se disponían a regresar cuando vieron una rana que dormía junto a un charco de la fuente.

–    Hola, ¿Cómo te llamas?

La rana abrió un ojo para ver quien interrumpía su tranquila siesta y dijo con voz ronca y enfadada:

–    Me llamo Fili, y podéis decirme, ¿Por qué me molestáis?
–    Nosotros somos Papu y Baji, y nos preguntábamos si querrías jugar con nosotros.
–    ¿Jugar? Eso significar saltar y correr. No… yo quiero dormir.
–    Pero durmiendo no te diviertes y además hechas barriga -le increpó Baji.
–    ¿Y qué si engordo? eso solo me tiene que preocupar a mí -dijo Fili con desdeño.
–    Te equivocas -respondió Papu- Si corres, saltas y haces deporte, tu corazón, pulmones y huesos te lo agradecerán y tú te sentirás mejor, estarás más alegre y menos gruñón. Anda, haz la prueba y ven con nosotros.

Fili pegó dos brincos y dijo:

–    Huy no...que cansado que estoy.
–    Claro que lo estás -dijo Papu- Tienes que entrenarte un poco. ¡Anda, ven!
Entre los dos lograron que Fili fuera con ellos. Baji corría, Fili saltaba y Papu trepaba. Estaban todos contentos hasta que de pronto, Papu que estaba subido a un árbol gritó:

–    Cuidado que viene Calo!
–    ¿Quién es Calo? Se preguntaron.

Papu bajó enseguida del árbol y les dijo: 

–    Calo es una bruja muy mala que hechiza a todos los seres que se encuentra a su paso. Debemos escondernos rápidamente.

Pero la bruja ya había visto a Papu y a Baji, pero no a Fili que, gracias a sus colores, se camufló entre las hierbas.

–    No corráis, que ya os he visto. ¡Os voy a convertir en un árbol! Y levantando los dos brazos pronunció las temibles palabras: Abracadabra, pata de cabra y ojo de halcón: ¡haz que se conviertan en árbol de tronco marrón! Y ¡zas! En árbol se convirtieron.

Fili, agazapado, no se lo podía creer y empezó a llorar desconsolado.

–    Oh Señor! Ahora que había encontrado unos amigos que me querían y cuidaban, viene esta bruja y los convierte en árbol. Pobres amigos míos, con lo que les gustaba correr y saltar: ahora no se pueden mover. por favor Señor, haz que vuelvan a ser lo que eran y yo a cambio te prometo que no volveré a ser un holgazán, que jugaré con ellos y que los querré como ellos me quieren a mí. Por favor Señor, ¡escúchame! Y lloraba y suplicaba con todas sus fuerzas.

De pronto una mariposa se posó en el árbol. Era muy grande y de colores muy bonitos y vistosos.

–    Hola, Fili -le dijo la mariposa- Yo soy Gulda, tú hada madrina. Dime, ¿por qué lloras?
–    Ai! Soy muy desgraciado! Una bruja mala ha convertido a mis amigos en el árbol en el que tú estás posando, y ahora yo estoy solo; ellos están inmóviles y sus madres lloraran su ausencia, sollozaba Fili.
–    ¿Por qué te afliges? -dijo Gulda- Ellos están sanos, siempre han hecho una dieta equilibrada y mucho deporte, esto significa que serán un árbol muy robusto y darán muy buenos frutos.
–    Pero quiero estar con ellos y poder jugar. Así ¿cómo lo hago? -dijo Fili.

La mariposa revoloteó a su alrededor mientras pensaba en una solución y le dijo:
–    Yo no puedo deshacer el embrujo, pero tú sí.
–    Pero si yo no sé nada de brujería -dijo Fili.
–    Tú no, pero yo sí -dijo Gulda- Y te diré lo que tienes que hacer, pero te advierto que hace falta mucho coraje para hacerlo.
–    Yo haré lo que sea para salvar a mis amigos -replicó Fili.

Entonces, el hada se le acercó y le susurró algo al oído. Fili accedió y saltó veloz hacia la guarida de la bruja. Decidido, aunque temblando, llamó a la puerta.

–    ¿Quién es? -dijo Calo.
–    Soy yo, Fili.
–    ¿Y qué quieres?
–    Quiero que me integre en el árbol -dijo Fili.
–    No puedo hacer eso, tú no estabas allí -dijo la bruja
–    Sí que estaba, pero no me vio y yo quiero estar con mis amigos -dijo Fili.

La bruja abrió la puerta muy sorprendida y dijo:

–    ¡Esto no puedo ser! Si uno alguien escapa del sortilegio, este se deshace y no puedo hacer nada para impedirlo. ¡Rayos y demonios! ¡Dime que no estabas allí!
–    Sí, sí que estaba -dijo Fili.
–    Entonces regresa junto al árbol. Cuando se ponga el sol el hechizo se deshará.

Fili no se lo podía creer. Saltaba y saltaba mientras la mariposa revoloteaba a su alrededor.

–    ¡Gracias, gracias! ¡Muchas gracias!
–    No me las des a mí -dijo Gulda- Es gracias a ti y a vuestra amistad que todo ha salido bien. Manteneros juntos y moveréis montañas.

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