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La muñeca, un cuento de Navidad

Muñecas
16/12/2012

El dependiente de la tienda de juguetes cogió las cajas vacías, cartones y papeles y los sacó a la calle.

Entonces apareció Jaime, los cogió y los metió en la furgoneta destartalada.

Jaime era un hombre al que la suerte le había dado la espalda, estaba en el paro y se ganaba la vida vendiendo cartones y cosas que podían ser útiles y que encontraba en los contenedores.

Mientras Jaime hacía ese trabajo, su hija Laia lo esperaba frente al escaparate de la tienda, mirando contenta una muñeca de la estantería y le decía:

 -¡Eres la muñeca más bonita que he visto nunca! Si estuviéramos juntas, jugaríamos mucho y te explicaría un montón de cosas. Te pondría de nombre Mireia, que es un nombre muy bonito... Adiós, te mando un beso.

Los dos días siguientes transcurrieron para Jaime y su hija que la acompañaba, casi idénticos, pero al tercer día...

La muñeca de aquella tienda de juguetes quiso bajar de la estantería, con tanta mala suerte que se rasgó el traje cuando cayó sobre el manillar de una bicicleta. A continuación, con mucha dificultad, tuvo que sortear un patinete, una pelota y un montón de coches hasta llegar al rincón donde se apilaban los cartones. La muñeca, entonces, se metió en una caja y se tapó con un papel.

El dependiente, como cada día, sacó las cajas y Jaume las metió dentro de la furgoneta. Mientras, Laia, con la cara triste, miraba la estantería vacía y decía:

 - Eres tan bonita que alguien tenía que comprarte... adiós Mireia, deseo que te quieran igual que te hubiera querido yo.

Unas lagrimitas se exiliaron de sus ojos.

La furgoneta llegó a su destino en las afueras de la ciudad y Jaime comenzó a ordenar los cartones... Unos segundos más tarde gritó:

 - ¡Laia! ¡Aquí hay una muñeca en una caja!

La niña, al verla, exclamó en voz mezclada de alegría y sorpresa:

 - ¡Si es Mireia! ¿Qué te ha pasado? ¿Qué te han hecho?... Ven conmigo.

Y la acarició y la abrazó bien fuerte.

Jaime, al ver la felicidad de su hija con aquel encuentro, pensó que la suerte volvía a ser su amiga y se prometía un futuro mejor .

Mientras, Laia daba mil besos a la muñeca diciendo:

 - Te curaré y te haré un vestido nuevo, seremos buenas amigas y te lo pasarás muy bien.

Hay muñecas que caminan, que dicen papá y mamá, que toman biberón, que llevan chupete... Esta no hacía nada de eso, pero tenía algo que no tenían las otras muñecas, por eso cerró los ojos y se dejó querer.

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