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En la mesa hay que predicar con el ejemplo

Familia comiendo junta
26/02/2015

Uno de los consejos que recoge la Academia de Nutrición y Dietética de Estados Unidos en su guía nutricional para niños sanos de 2 a 11 años es que el papel de los padres u otros cuidadores respecto a la alimentación consiste en proporcionar oportunidades estructuradas para la comida, un apoyo apropiado en función del desarrollo del niño, y alimentos adecuados, sin coaccionar al niño para que coma.

Los niños son los responsables de determinar si comen o no y qué cantidad quieren, entre lo que se les ofrece.

En este artículo hablaremos sobre cómo debe ser el momento de las comidas, qué recomendaciones hay al respecto, pero siempre teniendo presente que no hay un consejo absoluto que pueda servir a todo el mundo y que cada familia lo debe adaptar a sus circunstancias.

Un primer punto que se podría destacar es el hecho de compartir la comida. Compartir en su vertiente más amplia. Compartir la comida no significa estar presente mientras el niño come, sino comer con él. Cuanto antes integramos a los más pequeños de la casa a la alimentación común, más beneficios podremos extraer.

En segundo lugar, si comemos juntos, lo más normal es comer lo mismo. Este punto es especialmente importante, ya que aparece el concepto del ejemplo. La mejor manera para conseguir que un niño coma es dando ejemplo. Si ve que sus padres comen cualquier plato sin problema (no hay que exagerar situaciones ni destacar sus propiedades), es más probable que él mismo se lo termine comiendo. Si hablamos de ejemplo, no sólo adquieren unos hábitos que les ayudan a comer de todo, sino que también es el momento en que, por imitación, aprenden cómo comportarse en la mesa.

Seguimos avanzando en la comida y aparecen las primeras tensiones, es el momento de la paciencia. La gran aliada para hacer del momento de comer un momento agradable para todos, sin presiones ni coacciones. Mantener la tranquilidad, sin ponerse nervioso y evitando las distracciones como la televisión u otros aparatos electrónicos ayudan a que los niños lo perciban como un momento agradable.

Estos momentos de tensión pueden aparecer por varios motivos. Uno de los principales es que al niño no le guste lo que le ofrecemos. Entra en juego la neofobia. La neofobia es un término que significa que tenemos aversión por alimentos no conocidos. No sólo se da en los niños, los adultos también podemos tener neofobia en ciertas ocasiones, por ejemplo, cuando nos ofrecen alimentos exóticos que no conocemos. En niños es un hecho muy habitual y que puede tener ciertas connotaciones hereditarias, por lo tanto, en algunas familias será más común que en otros. Algunos estudios dicen que para aceptar un alimento nuevo, tenemos que probarlo entre 11 y 90 veces, por lo tanto, una vez más, sólo se puede tener paciencia y no demostrar frustración cuando es rechazado.

Otro momento de conflicto puede ser debido a la regulación del apetito del niño. Como decía la recomendación de la Academia de Nutrición y Dietética, lo más recomendable es que sean los propios niños quienes decidan la cantidad que quieren comer. Al igual que nos pasa a los adultos, según el día el hambre que tenemos es distinto, puede que estén cansados y no tengan hambre o que hayan hecho mucha actividad y tengan más de lo habitual, por lo tanto, debemos aprender a aceptar que son ellos mismos quienes mejor pueden regular su apetito.

Otro aspecto importante que puede ser preocupante, teniendo en cuenta los datos de sobrepeso y obesidad de nuestro país, es el hecho de que el tamaño de las raciones suele ser sobredimensionado. Sobre todo en niños pequeños, tendemos a ofrecer raciones que sobrepasan sus necesidades, no pasa nada si no se acaban el plato entero. Por tanto, de nuevo, si son ellos mismos quienes deciden cuánto quieren comer, es más probable que se adecue mejor a sus propias necesidades.

Por último, a pesar de que tan sólo el hecho de compartir las comidas en familia ya ha demostrado ser beneficioso para mejorar los hábitos alimentarios de la población y prevenir algunos trastornos, no menos importante es la comida que ofrecemos. Proporcionar a los niños opciones saludables en cada momento del día es vital para que adquieran unos buenos hábitos alimentarios. Que en el desayuno y la merienda las opciones sean bocadillos, fruta, lácteos, etc. Que en el almuerzo y la cena no falten verduras preparadas de infinitas maneras o que se acostumbren a comer legumbres, pescado o carne de vez en cuando. Si no solemos tener al alcance otros alimentos que no les son tan beneficiosos, tampoco los echarán de menos. ¿Significa que les tiene que gustar todo?  Tampoco es necesario.

Si hay alguna fruta que no les gusta no pasa nada o si prefieren la ensalada de lechuga a la de escarola. Como hemos ido diciendo, los gustos se pueden modificar mucho a lo largo de los años, mientras no presionemos ni forcemos para que les guste un determinado alimento, si actuamos con naturalidad y reciben una amplia oferta de alimentos saludables, a la larga pueden irlos incorporando prácticamente sin darse cuenta.

Artículo realizado por:

Fundació Alícia

 

Fundació Alícia

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