¿Qué me pasa, doctor? Tengo una alergia

¿Qué me pasa, doctor? Tengo una alergia
17/05/2010
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Bel Miret

Este cuento enseña a los niños y niñas que padecen alergias alimentarias a llevar una vida completamente normal, comiendo, eso sí, las cosas que no provocan reacciones.
María era una niña muy juguetona y risueña. Le gustaba probar toda clase de comida, pero lo que más le gustaba era comer fruta: siempre quería probar las diferentes frutas para ver si le gustaban.

A menudo hacía alguna salida los fines de semana, con los padres,para conocer el país y a finales de primavera, decidieron ir a una granja. Estos lugares a María le gustaban mucho, puesto que estaban al aire libre, había muchos lugares para jugar y descubrir cosas nuevas. Lo más interesante de esta granja era que para comer daban los frutos que ellos mismos cultivaban y María se puso muy contenta al saber que podría probar nuevos sabores.

Por la mañana  les ofrecieron, para desayunar, un buen plato de frutas nuevas: peras pequeñas que llamaban "Peras de San Juan", cerezas y ciruelas; también había un cosa que no había visto nunca: albaricoques, que tenían pinta de estar riquísimos. Fue la primera cosa que probó, y le gustaron mucho, pues eran muy dulces y casi no dejó ninguno para sus padres.

Al llegar la tarde no se encontraba nada bien, pero no sabía que le pasaba. Tenía dolor de cabeza y notaba que tenía la cara muy caliente y algo inflada, sus padres, cuando la vieron, la llevaron al hospital porque no sabían qué le ocurría.

El doctor los tranquilizó, diciéndoles que no era nada grave pero que debía cuidarse: María tenía alergia a algo que había comido y cuando llegaran a casa debían llevarla al médico para hacerle unas pruebas y saber seguro qué le había hecho daño. Por el momento, el médico le puso una inyección de antihistamínicos, cosa que María no sabía muy bien qué era pero hizo que enseguida se encontrara mucho mejor.

Cuando llegaron a casa, llamaron a su médico para explicarle lo que le había pasado a María. El médico coincidió: lo que le había pasado era una alergia a algo. Lo primero que debían hacer era una prueba para saber qué era lo que le provocaba la alergia.

Durante el camino hacia el lugar donde le debían hacer la prueba, María tenía algo de miedo, pues no sabía cómo hacían estas cosas. Al llegar se cogió muy fuerte de la mano de su madre, pero la enfermera le dijo que no tuviera miedo, que no le harían ningún daño, y que, además, era muy divertido, ya que le pintarían unos círculos con rotuladores en el brazo y dentro de cada círculo harían un pequeño pinchazo para saber qué le había hecho daño. Esto la tranquilizó un poco, pero pidió si su madre podría entrar con ella y le dijeron que sí.

Unos días después tuvieron el resultado de la prueba y supieron que tenía alergia a la fruta que tenía pelusa, como los albaricoques o los melocotones, y la solución era bien sencilla, sólo hacía falta que dejara de comer estas frutas y no tendría ningún problema más.

Cuando llegaron a casa, María estaba algo triste porque le habían gustado mucho los albaricoques pero también estaba contenta porque lo que le pasó sólo fue un susto, y así supieron que tenía una alergia. También sabía que podría continuar comiendo otros tipos de frutas, que era lo que más le gustaba.