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El duende de Darmós

El duende de Darmós
26/04/2012
Consultores: 
Núria Sánchez

Los duendes son unas criaturas muy especiales que viven en el bosque y que cuidan de la naturaleza. Muchas veces son los humanos los que más la ensucian, y los duendes se han llevado más de un susto por su culpa. Este mes, tienes la oportunidad de conocer a Albert, uno de los duendes más famosos de su pueblo.
Hace muchos años que existe uno de los secretos mejor guardados. Un secreto del cual nadie se atreve a hablar. ¿Cómo puedes explicar que existan unos seres mágicos sin que piensen que te has vuelto loco? ¡Pero es del todo cierto!

En un país llamado Nabestán habitan unos duendes de la altura de un gorrión. Van vestidos con ropas de aspecto medieval y tienen como misión conservar la naturaleza. Es una labor anónima y silenciosa.

Los agricultores saben que tienen pequeños ayudantes que les echan una mano arrancando las malas hierbas, asustando los pájaros más comilones y manteniendo el campo limpio de la suciedad que generan algunos humanos. A cambio, hacen como si no se dieran cuenta de la desaparición de algunos frutos de sus cosechas, un poco de vino de la bodega, y un poco de aceite y pan de la despensa...

Albert es uno de los duendes más simpáticos, trabajadores y populares. Es bastante jovencito, tiene aproximadamente unos 300 años, y unos ojos vivos y negros como el carbón. Vive en un pueblecito llamado Darmós. Cuando le toca el turno de vigilancia, disfruta paseando por el campo y olisqueando el aroma del romero, el tomillo y el espliego. “Chala” –que es como se dice ‘pasárselo bien’ en aquellas tierras– cuando revisa las cepas, los olivos y los cerezos, y aprovecha para charlar con los gorriones, golondrinas, pinzones, conejos y el resto de animales que habitan por aquellos lugares.

Los duendes están muy bien organizados. Cada uno tiene una labor que hacer. Pero últimamente los descuidos de algunos humanos les llevan de cabeza. No alcanzan a limpiar las colillas, papeles, latas, botellas y otros desperdicios desperdigados por el campo.

Un día, una colilla mal apagada provoca un gran incendio en el bosque de un pueblo cercano. Albert llama a sus compañeros y, con la ayuda de las zorras, ardillas y animales más rápidos van a recoger agua de un río cercano para sofocar las llamas. Con mucho esfuerzo lo consiguen aunque, cuando lo hacen, el trozo de bosque quemado es ya muy extenso.

Los duendes están desolados. Se han quedado sin hogar y tienen que marchar hacia Darmós. Pero pronto surgen los primeros conflictos: peleas y discusiones con los duendes del lugar porque no se ponen de acuerdo sobre cómo repartir las tareas. Los duendes de Darmós quieren que los nuevos hagan las tareas más pesadas y estos se niegan. Albert no puede entender algunos comentarios de sus compañeros:

– “¡Vienen de fuera a quitarnos el trabajo!”

Cansado de estos enfrentamientos, Albert convoca a todos los duendes del lugar y les dice: “¿Y si os hubiera pasado a vosotros lo que les ha pasado a ellos? ¿Os gustaría que os acogieran dándoos los trabajos más pesados? El mundo es de todos, y bien organizados todos tenemos un lugar en él. Si repartimos las tareas más duras entre todos, viviremos mejor”.

Avergonzados por su comportamiento, los duendes deciden firmar una tregua. Se reparten las labores de una manera más justa y celebran una comida donde cada uno aporta una cosa de su pueblo. Acaban la fiesta cantando, bailando y “chalando” que es lo que realmente les gusta a los duendes.

Ya sabéis... Cuando vayáis al campo, vigilad por donde pisáis... Quién sabe si tendréis suerte y os encontraréis con uno de ellos...

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