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Bernat y la escuela

Bernat y la escuela
27/10/2011
Consultores: 
Eva Santana

“Mamá, creo que no me encuentro muy bien, debo tener fiebre... seguramente no pueda ir hoy al cole”. Como tantos otros niños de su edad, Bernat está deseando caer enfermo para saltarse las clases y quedarse en casa holgazaneando y viendo la tele. Y sin embargo, el día que a Bernat de verdad le sube la fiebre…
A Bernat siempre le emocionaba mucho empezar la escuela de nuevo. ¡Los últimos días de las vacaciones eran casi insoportables! Sólo pensaba en volver al cole, ver otra vez a sus amigos, jugar en el patio sin cesar, cambiar cromos. Dormía, por las noches, pensando qué les explicaría, qué era más importante de todo lo que había pasado durante el verano. Quizá empezaría por las vacaciones del camping, no, no, lo más importante era explicarles que él y su primo Pere habían enterrado un tesoro en la playa. ¡Sí, empezaría por el tesoro! Preparaba con ganas los cuadernos, la mochila, daba punta al lápiz y a los colores y ¡casi no podía ni comer de los nervios!

Pero esta emoción, enseguida se le pasaba. Una vez superada la primera semana del curso, empezaba a cansarse.

“Ay, mama, es que yo no me quiero levantar tan temprano”!, decía Bernat cada mañana. “¿Y por qué me tengo que comer el desayuno tan deprisa?”. Estas eran las primeras quejas. Enseguida, venía aquello de “la profesora no me gusta”, “las croquetas del comedor son asquerosas”, “en el gimnasio me canso demasiado”, la cuestión era quejarse y quejarse. Cada mañana, su padre y su madre tenían que oír un montón de tonterías y motivos por los cuales Bernat no quería ir a la escuela. 

“Me parece que tengo dolor de barriga”, decía, y su padre le contestaba “¿Sólo te lo parece? ¡Pues sí que vamos bien! ¿Tienes o no dolor de barriga? Y Bernat siempre acababa haciéndose un lío y no sabía ni lo que decía.

“Me parece que tengo fiebre!”, gritaba otra mañana, mientras se ponía los calcetines. “¡A mí lo que me gusta es estarme todo el día aquí en casa! ¡Jugar con mis juguetes y ver la tele!”, se desgañitaba Bernat.

Un día, por la mañana, estaba tan cansado que le costó salir de la cama. Pero no se quejó por qué no tenía ni ánimo de refunfuñar. Empezó a desayunar pero tenía hambre. Su madre le puso la mano en la frente y mira por donde, ¡aquél día sí tenía fiebre! “Hoy no podrás ir a la escuela, Bernat”, dijo su madre. Bernat se puso muy contento de no tener que vestirse, de poder tumbar-se en el sofá sin hacer nada, que su padre llamara al trabajo y dijera que no podía ir porqué tenía que quedarse con él en casa. ¡Qué pasada! ¡Sería un día genial!

Pero Bernat tenía dolor de cabeza y no se sentía bien mirando la tele. Tampoco tenía ganas de leer. Se sentía tan chafado que ¡ni de jugar, tenía ganas!

Cuando hacía dos días que estaba en casa, Bernat empezó a pensar que no era tan divertido aquello de estarse en casa. Claro, en verano no paraba de hacer cosas y todo el mundo estaba de vacaciones como él. Tenía un montón de niños con quién jugar… pero enfermo en casa… aquello ya no era nada divertido. Nadie lo venía a ver, por miedo de encomendarse la gripe, el padre trabajaba des de casa y no le hacía mucho caso, se sentía chafado como una coca, y de repente, pensó qué ocurriría si no pudiera ir nunca más a la escuela. Si siempre fuera así.

Encerrado en casa sin amigos, sin la profesora Dolors, que lo regañaba cuando se metía los dedos en la nariz.

¡Empezó a echar de menos hasta las croquetas del comedor!

¿Cómo podía haber dicho que era aburrido ir a la escuela? ¡Aquello sí que era aburrido!

“¡Papa!, ¿Cuándo podré volver a la escuela?, preguntó. “Si hoy no tienes fiebre, mañana ya podrás ir”, dijo su padre, “pero no sufras, si quieres descansar un par de días más en casa, te puedes quedar sin problema!”, dijo su padre con un posado que quería ser muy curiosos, pero haciendo un esfuerzo porqué no se le escapara la risa.

“Nooooo, nooooo!”, gritó Bernat enseguida, “¡ya me encuentro mucho mejor! ¡Mañana seguro, seguro que podré ir!

Su padre rió por debajo de la nariz. Ay, ¡no cambiarás nunca, Bernat!

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