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Los alimentos procesados se han de limitar pero, ¿son todos iguales?

Mujer comprando en el supermercado
28/05/2016

Una de las recomendaciones más extendidas y habituales a la hora de mejorar nuestros hábitos alimentarios es que basemos nuestra alimentación principalmente en alimentos frescos y que limitemos al máximo los alimentos procesados.

Pero, ¿qué significa esto? ¿Cuál es el motivo de esta recomendación? En este artículo intentaremos reflexionar sobre qué son y con qué frecuencia se pueden incorporar los alimentos procesados en nuestra alimentación diaria y dar algunos consejos para elegir mejor los productos que comemos.

Antes que nada, ¿por qué se recomienda comer pocos productos procesados? La razón es que muchas veces son productos que aportan sal, azúcares sencillos o grasas saturadas en cantidades superiores a las recomendadas, que si comemos alguna vez muy de vez en cuando no pasa nada, pero si forman parte de nuestra alimentación habitual pueden ser perjudiciales. Este sería el caso de productos de pastelería, snacks, platos cocinados de baja calidad, bebidas azucaradas, etc.

Pero, no todos los productos procesados o manipulados son iguales, por ejemplo, una ensalada cortada y envasada en atmósfera modificada también es un alimento procesado, ¿también habría que limitar su consumo? No, en este caso, simplemente es verdura cortada y envasada en un gas especial que ayuda a su conservación y por lo tanto no estamos consumiendo exceso de sal, azúcar o grasas y, además, estamos fomentando el consumo de verdura de una forma sencilla y accesible para mucha gente.

Por lo tanto, debemos saber que hay muchos tipos de alimentos procesados y que debemos aprender a escoger aquellos que nos convienen más y que nos pueden ayudar a comer mejor de una manera más fácil.

En primer lugar, la industria alimentaria procesa alimentos para conservarlos, para que podamos disponer de ellos de forma segura durante más tiempo. En el caso, por ejemplo, de la leche, la investigación que se ha llevado a cabo hace que podamos tener leche que se conserve durante mucho tiempo y no tengamos que preocuparnos por si se daña, o tener que ir cada día a comprarla. Otro caso es la congelación, que nos permite disfrutar de una amplia gama de productos, como verduras o pescado, de los que podemos disponer cuando más nos convenga.

Y otro ejemplo de conservación son, lógicamente, las conservas, como las legumbres cocidas, el pescado azul como la sardina o el atún, verduras, maíz... que evidentemente son una buena opción y un básico de la despensa, pues nos pueden resolver una comida de una manera muy sencilla ya la vez saludable.

Tan fácil como abrir un bote de garbanzos, limpiarlo bajo el grifo, añadir una lata de atún bien escurrido, un tomate en trocitos, un chorro de aceite de oliva y listos, una ensalada de garbanzos preparada en menos de 5 minutos. Eso sí, en el caso de las conservas, debemos tener en cuenta que normalmente llevan bastante sal como elemento conservador, por lo tanto se recomienda no consumirlas con mucha frecuencia. Sin embargo, si podemos aclararlas eliminaremos una parte del exceso de sal que contienen.

Otro objetivo de la industria alimentaria es elaborar productos que requieran de un proceso que en casa nos puede ser muy difícil o simplemente facilitar el día a día del consumidor. Un ejemplo de ello es la industria de panadería; el pan no deja de ser un alimento que compramos ya procesado. Y dentro de este grupo también entra otro sector que puede generar mucha controversia: los platos cocinados. ¿No podemos comprar platos cocinados? ¿Son todos ricos en grasas no recomendadas y sal? No, como en el resto de productos alimenticios, el mercado nos ofrece de calidades muy diferentes.

Pero ¿cómo podemos saber cuál es el más adecuado? Aprendiendo a leer las etiquetas. Esto no significa que tengamos que saber analizar la tabla de valores nutricionales, sino saber interpretar la lista de ingredientes. Lo primero que debemos saber es que los ingredientes están ordenados según la cantidad presente en el producto, es decir, el primer ingrediente es el que hay en mayor cantidad y así, sucesivamente. ¿Pero qué más hay que saber? ¿Qué tipo de grasa utilizan? ¿Lleva muchos más ingredientes de los habituales para esa elaboración? ¿Lleva azúcar añadido? ¿La sal aparece al final de la lista?

Algunos consejos más concretos:

  • Grasas: una de las grasas más recomendadas por sus beneficios para la salud es el aceite de oliva, además es uno de las más comunes en nuestro entorno. Alimentos que estén elaborados con aceite de oliva son más aconsejables, pero también podemos elegir otros, como el de girasol u otras semillas. Hay que tener precaución con aquellos productos en los que no se especifica el tipo de grasa que incorpora.
  • Número de ingredientes: aunque no es una norma universal, ya que puede haber productos muy complejos, los productos más recomendables son aquellos que incorporan menos ingredientes.
  • Azúcar: actualmente hay una tendencia a sustituir el azúcar común por otras fuentes de azúcares (miel, melazas, jarabe de arce, jarabe de agave, etc). Aunque incorporan otros componentes además de hidratos de carbono simples, no dejan de ser una fuente de estos, que hay que limitar.
  • Sal: es el potenciador de sabor por excelencia, pero actualmente la población la consume en exceso, lo que puede provocar muchos problemas de salud. Por tanto, debemos intentar consumir aquellos alimentos que lleven sal en menos cantidad.
  • Aditivos: todos los aditivos alimentarios autorizados en la Unión Europea han pasado unos estrictos controles, que hace que sean seguros en las cantidades que establece la legislación. Aun así, siempre podemos analizar diferentes productos de una misma gama de alimentos y comprobar aquellos que utilizan menos, esto nos ayudará a consumir alimentos lo más parecidos posible a como los elaboraríamos en casa.
 
Por último, debemos tener en cuenta que las investigaciones que se llevan a cabo para desarrollar nuevos alimentos también favorecen a las personas con restricciones alimentarias. Así pues, celíacos, alérgicos, diabéticos o incluso, personas con dolencias muy minoritarias, pueden tener a su alcance productos adaptados a sus necesidades, que les permiten no sólo controlar su estado de salud, sino también disfrutar de alimentos que de otra forma no podrían comer.

Y en este sector ¿qué papel juega la cocina? La cocina es la disciplina que nos permite elaborar alimentos que se adecuen al máximo a las preferencias y necesidades de los consumidores. La presencia de profesionales de la cocina en equipos de investigación que desarrollan nuevos productos para la industria alimentaria hace que la gama de productos ideados y su calidad organoléptica sea mucho más alta.

Artículo realizado por:
 
Fundació Alícia
 

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