Transmisión de valores en el deporte: fairplay y deportividad

29/03/2023

La práctica regular de actividades físicas-deportivas en la infancia tiene una gran utilidad educativa y socializadora, importante para el desarrollo moral y para la adquisición de valores prosociales.

Cuando el personal educador, entrenador y familiares contemplan un enfoque positivo, el deporte contribuye a la enseñanza de aspectos como la responsabilidad, el respeto de las normas, la aceptación del “saber perder” y del atraso de las recompensas, así como la asunción de riesgos para alcanzar determinados objetivos.

El Grup d’Estudis de Psicologia de l’Esport (GEPE, Grupo de Estudios de Psicología del Deporte) de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) ha estudiado las variables psicológicas que determinan e fairplay (“juego limpio”) y la conducta de deportividad, aspectos muy importantes de esta función educativa y socializadora del deporte infantil. El fairplay o “juego limpio” es una calidad que se puede alcanzar con el deporte infantil.

Fairplay (o “juego limpio”) y deportividad

El fairplay o “juego limpio” es una calidad que se puede alcanzar con el deporte infantil. Concretamente, el fairplay se refiere a los comportamientos particulares que se caracterizan por el principio de justicia para todos, que a su vez no pretenden conseguir una ventaja injusta sobre el adversario, ni intencionalmente ni de forma fortuita.

Basándonos en el Diccionario de ciencias del deporte, un niño jugaría con fairplay cuando se puede responder afirmativamente a las siguientes cuestiones cuando practica deporte:

  • Reconoce y respeta las reglas del juego o deporte.
  • Muestra unas relaciones correctas con el equipo adversario.
  • Respeta el mantenimiento de la igualdad de oportunidades y de condiciones para todas.
  • Rechaza el objetivo de conseguir la victoria a cualquier precio.
  • Muestra una actitud digna tanto en la victoria como en la derrota. 
  • Mantiene un compromiso real de dar de sí todo lo posible.

El fairplay se puede generalizar a toda la práctica deportiva infantil y entonces hablaríamos de jugar con deportividad. La deportividad es mostrar fairplay sistemáticamente y de forma consistente en varias circunstancias de la práctica deportiva. El deporte ayuda a trasladar a otros ámbitos cotidianos esta manera positiva de afrontar la competitividad.

De hecho, un objetivo importante para muchos educadores y educadoras con un enfoque positivo es fomentar la incorporación de la deportividad al estilo personal de los niños y niñas en edad escolar. Por ejemplo, a menudo se genera competitividad en el aula en relación al rendimiento académico. Hay niñas que quieren destacar sacando las mejores notas.

Pero no todo debería valer a cualquier precio. Deberían competir con deportividad y eso quiere decir jugar con fairplay también en el aula, respetando las normas académicas, mostrando relaciones correctas y respetando la igualdad de oportunidades con los iguales en clase, rechazando las estrategias para conseguir buenas notas “a cualquier precio”, afrontando las posibles malas notas, y esforzándose al máximo en el estudio y en la actitud en el aula.

En definitiva, el deporte en edad escolar es una herramienta fundamental para incorporar el fairplay y la deportividad al estilo personal de los niños y niñas. Este estilo les puede facilitar la posible incorporación más adelante a un mundo laboral,
especialmente competitivo para ellas.

¿Qué podéis hacer las familias para fomentar la deportividad y prevenir el abandono deportivo?

De acuerdo con el GEPE de la UAB, en el deporte infantil, el “triángulo deportivo” formado por el/la deportista, el entrenador/a y la madre/padre, tiene un papel muy importante. Los tres componentes son básicos para fomentar valores, actitudes positivas y fairplay. Según las y los expertos, las estrategias para lograrlo son:

  • Establecer una buena comunicación entre los tres elementos de este triángulo.
  • Conseguir una orientación educativa en la práctica deportiva.
  • Evitar la presión por los resultados inmediatos y el consiguiente estrés de los deportistas.

El papel de los progenitores en el deporte infantil

Muy a menudo, madres y padres suelen delegar la formación deportiva de sus hijas en un club deportivo o una escuela deportiva. Es cierto que hay muchas facilidades para establecer comunicación directa y rápida con el entrenador/a y otras madres y padres por medio de un grupo creado en alguna red social. Pero esto no quiere decir que estemos fomentando la educación deportiva de calidad, sino que a veces puede ocurrir todo lo contrario.

Por ejemplo, podemos "calentar" un partido en un grupo de WhatsApp de madres y padres compartiendo comentarios sobre el adversario y aumentando la presión sobre el resultado. A continuación, se resumen las tareas educativas de las y los responsables en el entorno familiar:

  1. Favorecer la participación deportiva de las niños y niñas. Los progenitores deberían plantearse la práctica deportiva como una actividad extracurricular, ya que no basta con la educación física en la escuela. Seguro que tendrán que competir con la voluntad del hijo o hija para realizar otras actividades.
  2. Ayudar a las hijas a decidir qué deporte practicar. Se trata de asesorar y proporcionar acceso a toda la información disponible para que el niño o niña pueda elegir una actividad deportiva a su alcance, pero también al  alcance del entorno familiar (económica y logísticamente). Es muy importante que el hijo o la hija pueda escoger el deporte según sus preferencias, en lugar de forzarle a la práctica del deporte deseado por la familia.
  3. Ayudar en la elección del deporte. Cada niño o niña es importante y cada niño o niña es diferente. A partir de este principio, se debe tener en cuenta, a la hora de ayudar a elegir un deporte para el hijo o hija, aspectos como las características del niño o niña como su nivel de condición física, de habilidades deportivas, de autoestima o de autoconfinanza así como las características del deporte a elegir. 
  4. Facilitar la participación deportiva y la elección de un club. Cuando los hijos e hijas son pequeños, la decisión a la hora de escoger un club puede ser determinante para la historia deportiva de tus hijos. Es difícil acertar a la primera, pero la elección debería cubrir los deseos y expectativas tanto de los progenitores como de los niños y niñas.
  5. Mostrar interés por las actividades deportivas de los hijos e hijas. La mejor prueba del interés de las madres y padres es que las hijas puedan hablar con ellos de sus experiencias deportivas, tanto positivas como negativas.
  6. Asegurar que los niños y niñas practican deporte de una manera saludable. La educación deportiva debería formar parte de una educación más global vigente en todos los ámbitos importantes en la maduración del niño o niña deportista. En este sentido, se puede trasladar al ámbito académico y al familiar.
  7. Ayudar en las tareas logísticas del club o escuela deportiva. Se ha comentado que es importante la implicación de madres y padres y otros miembros del entorno familiar asistiendo a competiciones y entrenamientos. Entre otras cosas, esto permitirá valorar la progresión deportiva de vuestro hijo o hija.

​​Para más información, consulta el 11º Informe FAROS «Salud y deporte en femenino: La importancia de mantenerse activa desde la infancia».