¿Por qué te haces daño? Introducción a la conducta autolesiva

29/09/2021

La autolesión no suicida (ASN) es una destrucción directa y deliberada de la propia superficie corporal, sin intencionalidad letal. Por lo tanto, implica un daño corporal autoinfligido, sin intencción de provocarse la muerte.

Actualmente la conducta autolesiva está recibiendo mucho interés por parte de las familias, periodistas, científicos, maestros y educadores, en parte por el incremento en la incidencia de estas conductas por parte de los jóvenes y adolescentes, y por la preocupación y angustia que la conducta genera en las personas que rodean a estos jóvenes y adolescentes. 

Si bien la ANS no es un trastorno psiquiátrico, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM por sus siglas en inglés de Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), en su quinta versión (APA, 2013), lo ha incluido como un diagnóstico que requiere más estudio.

En el DMS se define las autolesiones no suicidas en base a los siguientes criterios:

  1. En el último año, el individuo se ha ocasionado, durante cinco o más días, daños intencionados a sí mismo en la superficie de su cuerpo, que probablemente induzca sangrado, contusión o dolor (por ejemplo, cortar, quemar, apuñalar, golpear, frotar excesivamente), con la expectativa de que la lesión solo conllevará daños físicos leves o moderados (es decir, que no hay ninguna intención suicida). 
  2. El individuo se comporta en un comportamiento autolesivo con una o más de las siguientes expectativas:
    1. Obtener alivio de un sentimiento negativo o de un estado cognitivo.
    2. Resolver una dificultad interpersonal.
    3. Inducir un estado de sensación positiva.
  3. La autolesión intencionada está asociada por lo menos a uno de los siguientes criterios:
    1. Dificultades interpersonales o sentimientos o pensamientos negativos, tales como depresión, ansiedad, tensión, ira, angustia generalizada o autocriticismo, que se produce en el periodo inmediatamente anterior al acto de autolesión. 
    2. Antes de iniciarse en el acto, debe producirse un período de preocupación por el comportamiento previsto que es difícil de controlar. 
    3. Pensar en la autolesión que se produce con frecuencia, incluso si no se actúa. 
  4. El comportamiento no está sancionado socialmente (por ejemplo, piercing corporal, tatuaje, parte de un ritual religioso) y no se restringe a rascarse una costra o morderse las uñas. 
  5. El comportamiento o sus consecuencias provocan molestias o interferencias clínicamente significativas en funciones interpersonales, académicas u otras funciones importantes.
  6. El comportamiento no se produce exclusivamente en episodios psicóticos, delirio, intoxicación de sustancias o retirada de sustancias. En individuos con trastorno del neurodesarrollo, la conducta no forma parte de un patrón de estereotipias repetitivas. El comportamiento no se explica mejor por otro trastorno mental o condición médica (por ejemplo, trastorno psicótico, TEA, discapacidad intelectual, síndrome de Lesch-Nyhan, trastorno del movimiento estereotipado con autolesión, tricotilomanía (trastorno de arrancarse el cabello), excoriación (trastorno de rascarse la piel). 

¿Cuántos adolescentes sin ningún trastorno psiquiátrico se autolesionan?

Históricamente se consideraba un problema poco frecuente, pero en las últimas décadas se ha observado un incremento de jóvenes y adolescentes, sin trastorno psiquiátrico. Cuando se publicaron los primeros artículos científicos sobre el tema (principios de los años 80) informaban de una prevalencia del 0,4% (porcentaje de los casos en una población) (Pattison EM, 1983), pero los estudios actuales a nivel internacional observan prevalencias muy superiores.  

En general, podríamos considerar que se considera en todo el mundo que entre un 13% y 45% de los adolescentes se han autolesionado alguna vez en su vida y en Europa se habla de una prevalencia vital del 27,6%. En España se dispone de muy pocos datos en menores de dieciocho años, pero los datos son similares a los europeos. 

Por lo tanto, los datos procedentes de la investigación epidemiológica nos permiten afirmar que es un fenómeno que se ha incrementado en los últimos años y que traspasa barreras de la patología mental grave y se extiende entre los adolescentes y jóvenes de la población general en todos los países y culturas.

Las autolesiones entre los adolescentes con algún tipo de problema de salud mental 

Cuando se estudian adolescentes con algún tipo de trastorno psiquiátrico o psicológico, la incidencia de las ANS es mucho más elevada por varios motivos.

En primer lugar, esta conducta puede ser un síntoma más dentro de un trastorno mental que curse con otros síntomas, además de las autolesiones, pero en el que las autolesiones sean un síntoma inherente al mismo y, por lo tanto, muy relevante para el diagnóstico y el tratamiento. 

Este es el caso del trastorno de personalidad que se define por un patrón de pensamiento, emociones y conductas disfuncionales debido a diversas alteraciones relacionadas con la inestabilidad anímica, la impulsividad, problemas con la propia identidad y también la propensión a realizar ANS.

En segundo lugar, las ANS también pueden observarse en adolescentes con otros trastornos (además del TPL) como un síntoma acompañante, que puede asociarse a este trastorno, o bien no darse.

En estos casos se ha observado que en adolescentes con trastornos de la conducta alimentaria (TCA), con trastornos depresivos o de ansiedad, la conducta autolesiva se presenta de forma ocasional o puntual (no siempre) y se produce de diferentes maneras, cumpliendo diferentes funciones en el afrontamiento de las dificultades del chico o chica (como mecanismo para reducir la ansiedad, para expresar socialmente el malestar, etc.).

Y, por último, otro motivo que podría explicar la elevada incidencia de las ANS en población clínica es el contagio. Un hecho inevitable entre los adolescentes con patología psiquiátrica, sea cual sea, es el ingreso en dispositivos asistenciales especializados (unidades de hospitalización, hospitales de dia, etc...). Este hecho tiene ventajas demostradas como son el acceso a un tratamiento y profesionales especializados, beneficios de los tratamientos grupales con otros adolescentes que tienen los mismos problemas, entre otros. 

¿A qué edad se inicia el problema y qué evolución se observa?

Se dispone de muy pocos datos sobre la incidencia y prevalencia de las ANS antes de los doce años, pero sí sabemos por los estudios recientes que esta conducta suele iniciarse entre los once y los trece años.

Este dato se explica por el hecho de que los adolescentes son una población de gran vulnerabilidad para incurrir en ANS, sobre todo por la elevada impulsividad y reactividad emocional que caracteriza esta etapa vital.

Para más información sobre la comunicación familiar, consultad el 12º Informe FAROS «Una mirada a la salud mental de los adolescentes - Claves para comprenderlos y acompañarlos».

Anna Sintes Estévez. Psicóloga clínica del Área de Salud Mental del Hospital Sant Joan de Déu

Anna Sintes Estévez

Psicóloga clínica experta en trastornos psicóticos y otros trastornos mentales graves de inicio en la etapa infantil y juvenil. Área de Salud Mental

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