Radiografía de tórax en niños: en qué consiste, en qué casos se realiza y qué riesgos tiene

22/03/2016

¿En qué consiste la radiografía de tórax?

La radiografía de tórax es una imagen en dos dimensiones del esqueleto y los órganos del tórax de una persona que se obtiene mediante la exposición de una parte del cuerpo a un haz de radiación.

¿Cómo se realiza?

El estudio se realiza en una habitación especialmente acondicionada, con el niño tumbado en una camilla (si es pequeño) o de pie frente a una pantalla (si es mayor y colabora). La radiación emitida se recoge en una placa situada en la camilla.

Los antiguos equipos, en desuso hoy en día en nuestro medio sanitario, contenían una placa de plata que se oscurece con la exposición a la radiación, por lo que al revelarse las estructuras más densas (hueso), que dificultan el paso de la radiación, aparecen más blancas, y las menos densas (aire) más negras. Los equipos modernos digitalizan la imagen mediante un ordenador, lo que aporta numerosas ventajas.

¿Para qué sirve?

La radiografía de tórax nos muestra el tamaño, silueta y ubicación del corazón, la tráquea, los bronquios, los pulmones y los grandes vasos que entran y salen del corazón (aorta, arteria pulmonar, venas cavas y pulmonares), así como el esqueleto del tórax (columna vertebral y costillas).

¿Cómo he de preparar a mi hijo?

La radiografía de tórax no precisa de una preparación específica.

Es importante, al igual que en otras técnicas, contarle en qué consiste, explicarle al niño que no le va a producir dolor ni molestias y consultar con el técnico de radiología si es posible acompañarlo durante el mismo, con la protección adecuada. 

¿Qué riesgos tiene?

Las pruebas de radiología se realizan siempre en base a protocolos en que se utiliza la menor dosis de radiación posible que permita al médico hacer un diagnóstico adecuado.

Es decir, que si bien la radiación supone un riesgo, siempre se utiliza la menor dosis posible y hemos de tener en cuenta también que no realizar un diagnóstico por no pedir una prueba también supone un riesgo para el paciente. Por tanto, si la prueba está justificada, el balance entre riesgo y beneficio siempre será favorable para la salud del niño.