«El objetivo de la competición es crecer», entrevista a Pep Marí, jefe de psicología del CAR

10/11/2014

Entrevista a Pep Marí, jefe de psicología del Centre d'Alt Rendiment (CAR) de Sant Cugat.  

Pep, hablemos de los niños y los jóvenes deportistas y de aquello que preocupa tanto a los padres. ¿Cómo afrontar la ansiedad y la presión de la competición?

Yo conozco cuatro formas de afrontar la presión y la ansiedad y considero la cuarta como la ideal para educar a niños y jóvenes. 

«El único camino para superar el miedo es enfrentándose a él»

Empecemos con la primera forma.

La primera es evadir la ansiedad, es decir, esconderse. Por ejemplo, si me da miedo tirar penaltis, pues evito lanzarlos poniendo excusas. Esta opción es la peor de las cuatro porque no sólo no soluciona el problema sino que además lo hace mayor ya que provoca que mi creencia limitadora (no soy capaz de tirar penaltis) cada vez me la crea más y sea mayor, y consecuentemente, cada vez me sienta menos capaz. Y aún peor, que se generaliza en otros aspectos de tu vida. 

¿Tiene un efecto contaminante?

Exacto, se generaliza con otros miedos similares (miedo a fallar en los pases, miedo a tener la pelota en los pies demasiado rato, etc.) pero también puede llegar a otros aspectos de tu vida, como el miedo a no superar los estudios por ejemplo. Sólo hay una forma de terminar con él: ¡enfrentándote a él! Es decir, lanzar penaltis. Siempre, para superar un miedo, debes enfrentarte a él, es imprescindible, no hay otro camino.  

Vamos a por la segunda forma de enfrentar la presión.  

La segunda consiste en controlar el miedo, y es la que hace todo el mundo que llega a un cierto nivel deportivo. 

¿Y cómo lo hacen?

Lo que hacen es tener conciencia de su nivel de activación o revoluciones, contando del uno al diez (uno es relax total y el diez es excitación máxima). Esta conciencia consiste en saber qué nivel de activación óptimo necesito para hacer aquella actividad y rendir al máximo (un 6-8 si tengo que hacer un partido, por ejemplo) y del deporte , ya que cuanta más concentración, menor activación (tiro con arco serían un 3-6) y por menos precisión, más activación (partido de fútbol 6-8). Esta nota es individual, cada uno tiene su propio nivel óptimo.

Se necesita conciencia emocional y mucho control. Y cuando lo sabes ¿qué haces?

Una vez sé qué nivel necesito para aquella actividad, paso a controlarla ajustándola, bajándola o subiéndola hasta llegar al nivel óptimo que necesito para hacer aquella competición o entrenamiento.  

«Los psicólogos ayudamos cuando simplificamos»

¿Y eso cómo se hace?

De eso es de lo que más sabemos los psicólogos, tenemos mil técnicas para conseguirlo: respiración, relajación, etc. Personalmente, sin embargo, esta segunda opción no me gusta porque ya es bastante difícil competir teniendo en cuenta las variables (rival, estado de la nieve, del viento, etc.) como para además, estar pendiente y controlarme a mí mismo. Les complicamos la vida, y yo creo que les ayudamos más cuando simplificamos.

«Controlar la ansiedad comporta no pasarlo bien»

Totalmente de acuerdo. Pero, ¿da resultado esta segunda opción? 

En todos estos años, no he visto a nadie que controlando la ansiedad haya sido capaz de rendir al máximo en competición. Están tan estresados controlando, que al final no se lo pasan bien. Hablemos claro, el deporte comporta competición y la competición comporta presión siempre, y si tú te dedicas a esto ya lo sabes (déjame puntualizar que la vida también comporta presión, es algo natural). Y hablar de controlar la ansiedad da el mensaje de que la ansiedad se debe controlar porque es negativa.

Vamos pues a la tercera forma de afrontar la ansiedad y la presión.

La tercera es tolerar la ansiedad, y es muy interesante. 

«La idea de tolerar la ansiedad es que no te haga cambiar lo que haces» 

Y cómo les enseñamos eso a los niños (seas padre, entrenador o profesor)? 

La idea es que los niños tengan claro que la ansiedad vendrá, seguro que vendrá. Y la atención del niño debe estar en que, cuando llegue, no te debe cambiar nada de lo que haces (jugar como siempre, pasar la pelota como siempre, nadar como siempre, esquiar pasando los obstáculos como siempre... haced similitud también con los exámenes en la escuela). Hacerlo como en los entrenamientos, como siempre, y no dejar que la ansiedad te controle y provoque tu descontrol. Lo importante es enseñarles a que noten cómo va llegando y se va poniendo en tu estómago o en tu cuello, o en tu pecho, que sean conscientes de ella para afrontarla con valentía y que puedan hacer las cosas… como siempre. 

«Hay dos clases de personas, las que a pesar de tener miedo suben y las que no se atreven a subir» 

¿La valentía es importante entonces?

Hay una frase del actor y cowboy John Wayne que me viene a la cabeza porque ilustra perfectamente qué es tolerar la ansiedad “ser un valiente es estar cagado de miedo y a pesar de todo subir al caballo”. No hay dos clases de personas, las que tienen miedo y las que no.

Totalmente de acuerdo, el miedo es una emoción básica de los humanos y todos la tienen. 

Tenemos que decir que hay dos clases de personas, las que a pesar de tener miedo suben y las que no se atreven a subir. Es importante ser consciente de que haces de forma diferente y cómo actúas cuando estás bajo presión. Se puede grabar a un deportista en un entrenamiento y en una competición y después visualizarlo para comparar qué hace de diferente, qué cambia (tanto en la actitud como en el comportamiento o como en la técnica): ¿Se tira atrás? ¿Participa menos? ¿Cambia la posición del cuerpo? ¿Coge la raqueta de una forma distinta?... Normalmente los jugadores no son conscientes de ello porque si no lo cambiarían, por este motivo es importante que se les puedan decir estas cosas, o mejor aún, que ellos mismos las puedan ver. Y decirles “el problema no es que te pongas nervioso, el problema es aquello que cambias por ponerte nervioso. Lo que te hace fallar es lo que tú haces distinto, no los nervios ni la ansiedad”. 

Mucho mejor esta opción. 

Sí, porque hasta ahora la ansiedad y la presión eran negativas, y aquí, al menos, es neutra (sabes qué es, sabes qué vendrá, pero no cambias nada para que venga).

Vamos a la buena ¡a la cuarta! 

Disfrutar de la ansiedad, hacerte amigo de ella. Los que lo consiguen acaban siendo los mejores.  

Disfrutar bajo presión…uf, difícil ¿no? 

Mi teoría particular es que los mejores disfrutan dos veces; mientras lo hacen y después de hacerlo. Los no tan buenos disfrutan sólo una vez, cuando llegan y consiguen el objetivo. Los mejores disfrutan dos veces; durante y después. 

¿Y eso cómo se hace? 

Tienes que hacerte amigo de la competición, no considerarla tu enemigo ni un examen que debes pasar. Tienes que cambiar tu opinión: competición=positivo. 

«El objetivo de la competición es crecer» 

¿Cómo conseguirlo?

Siendo consciente de las decenas de aspectos que la competición aporta a tu crecimiento y a tu aprendizaje como persona. Defiendo la competición a cualquier edad.  

Depende de cuál sea el objetivo de la competición, ¿no?

Exacto, porque el objetivo no es ganar, el objetivo de la competición es crecer. Y el mejor medio que conozco para crecer es dejarte la piel para ganar. Ganar es un medio. Crecer es la finalidad. 

En esta línea (una línea que muchos padres pensarán que no conoce el entrenador de su hijo o hija), ¿qué aporta la competición a los niños y jóvenes? 

La competición es un juez imparcial que te dice qué sabes hacer bien y qué no.  

«Las personas crecemos según los obstáculos que tenemos que superar» 

Como la prueba del algodón, que no engaña. 

Exacto. Tú pensabas que aquello lo llevabas bien pero la competición te dice, “no compañero, esta asignatura la tienes suspendida”. La competición no tiene prejuicio, no le caes bien ni mal, te concreta con exactitud qué debes mejorar, te orienta y te dice hacia dónde tienes que seguir trabajando porque chaval, no lo pensabas, pero ¡tienes que seguir estudiando!

La competición te entrena para la vida en una mejora constante. Pero para llegar a este punto creo que es importante ir hacia atrás y haber trabajado con ellos la autoestima, la seguridad y la tolerancia a la frustración.  

Sí, evidentemente, porque si no, estos chicos y chicas ya ni llegan al mundo de la competición porque no lo han aguantado y han abandonado. Dicen que las personas crecemos en la medida de los obstáculos que tenemos que superar. Si el obstáculo es muy pequeño crezco poco, si es muy grande puedo crecer mucho. 

«Las personas cambian, sí, pero sólo cuando no les queda más remedio» 

Por eso hoy en día los jóvenes crecen poco, ¿porque les apartamos las piedras del camino? 

Sí, sí, exacto. Y la competición, precisamente, ¡¡¡lo que hace es ponerte obstáculos!! Y los obstáculos te obligan a crecer, a salir de la zona de comodidad para ir a la zona de riesgo y enfrentamiento. Ya sabes que las personas cambian, sí, pero sólo cuando no les queda más remedio. La competición te obliga a mejorar, a innovar, a hacerlo distinto.  

¿Nadie sale de su zona de confort si no le queda más remedio? 

Depende de los valores en los que has sido educado, los valores que tus padres te han transmitido. 

¿Qué valores serían Pep? 

Los valores para quedarse en la zona de confort serían principalmente; el conformismo (o riesgo), la excusa (no buscan un motivo, se quedan en el refugio de la excusa y de lo que no se puede cambiar) y la sobreprotección (miedo a que el hijo no pueda y sufra). Si tus hijos tienen estos valores arraigados será difícil que salgan de su zona de seguridad. Recuerda que todas las opciones de mejora, tanto a nivel personal como laboral, están fuera de tu zona de confort. ¡Para evolucionar se debe salir fuera!

¿Y cuáles son los valores para ser capaz de salir de la zona de confort?

La exigencia con la finalidad de crecer (hagas lo que hagas, hazlo como mejor seas capaz de hacerlo). Y que siempre puedes hacerlo un poco mejor porque el objetivo es no parar de crecer. No hablo de la exigencia de ganar que es muy diferente). El compromiso (pagar todo el precio, el 100% de lo que cuestan tus objetivos, en esfuerzos, en sacrificios y asumiendo las consecuencias de haberte comprometido con aquello). La valentía (atreverte a mejorar aunque no sea necesario, atreverte a cambiar algo aunque nadie te lo pida). Y el aprendizaje (tú no aprendes cosas nuevas si te quedas donde estás, si no sales de tu zona de seguridad. Para evolucionar es necesario aprender constantemente).

Si sois una familia que educáis a vuestros hijos en estos 4 valores, probablemente, vuestro hijo tenga alergia a quedarse en la zona cómoda. 

«La frustración, en dosis, es buena» 

Hablemos de la frustración.

A veces los padres dicen “aquel entrenador no es bueno porque hace sufrir a mi hijo” o “aquel profesor no es bueno porque mi hijo no se lo pasa bien en clase”. Asocian que ser un buen profesional de la educación supone no hacer sufrir a un chaval, como si tuviera que divertirse siempre. Creo que esta idea se debe cambiar, porque ciertas dosis de frustración son buenas.

¿Qué dosis de frustración? 

Las que el niño sea capaz de tolerar, esta es la clave. Tener en cuenta las herramientas que cada niño tiene para tolerar la frustración y a partir de aquí, enfrentarlo a situaciones controladas de frustración porque son imprescindibles para que siga creciendo. 

¿Y si se frustra más de lo que puede asumir?

En una encuesta a los deportistas de La Masia y de la Residencia Blume se les preguntó “¿Qué esperas de tu entrenador? Y la respuesta general fue: que su entrenador sea exigente pero flexible y con capacidad de entenderme (empatía). Es decir, si eres entrenador, tienes que saber personalizar. Es imprescindible la empatía, mirar al niño y ver qué le está pasando para saber cuánto puedes forzar hoy, ¿un 50%? ¿Un 60%? ¿Un 100%?

«No puedes motivar a una persona si previamente no sabes lo que necesita» 

¿Cómo pueden deducir lo que necesitan? 

De dos formas: observación sistemática (sabiendo qué criterios debes mirar) y preguntando al chaval, utilizando el diálogo. Importantísima la empatía, ponerte en la piel del niño para poder deducir las necesidades que tiene (pero no con tu mirada, sino con las creencias y criterios del niño). Y es que no puedes motivar a una persona si previamente no sabes lo que necesita. Cuando tengas toda esta información trabaja y fuerza a aquel deportista, si no, no vayas a por él porque le puedes hacer daño. 

Motivar viene de motivo, los entrenadores deben dar un motivo para que el niño se deje la piel en aquello que les pide, que ¿siempre es salir de su zona de seguridad?

Exacto, los niños tienen que encontrar un sentido a lo que hacen.  

Como nosotros, sin sentido no nos lanzamos a la piscina ni hacemos más de lo nos que toca.

Es preciso que un entrenador esté dispuesto a escuchar.

¿Y qué significa escuchar? 

Escuchar significa estar tú dispuesto a cambiar, no es sólo un acto de percibir. Es poner atención, entender lo que me dices y después, estar dispuesto a cambiar algo (un entrenamiento, una exigencia…) para que te des cuenta de que hoy te toca hacer algo diferente de lo que habías preparado. 

Cambiando de tema, ¿los padres tenemos que ir a las competiciones? 

Tenéis que ir si podéis (no por sistema ni sacrificando toda la actividad familiar), a mí me gusta que los padres vayan porque normalmente el niño dura menos años en aquel deporte. Pero lo ideal es consensuar con el chaval, “¿quieres que vengamos mañana?” (y consensuar no es estar a las órdenes del hijo, y si no podéis ir, se le explica). Pero lo importante no es si van o no. Lo importante es su comportamiento si van, porque si adoptan un rol distinto al de padre (entrenador, representante, árbitro…) lo que hacen es restar en lugar de sumar.  

¿Y qué tenemos que hacer los padres cuando vamos a verlos?

Animarlos cuando las cosas van mal (porque cuando las cosas van bien no hace falta) para que el niño no persista en el error que está cometiendo. Y después hacer de psicólogos cuando se ha terminado el partido para relativizar y que el árbol no le permita ver el bosque (refuerzo positivo: explicar lo que ha hecho bien, su evolución, etc.).

¿Algún consejo más?

Sí, es importante no confundir las necesidades que tú tienes con las necesidades de tu hijo (si necesitas que ganen para tener más autoestima, deja al niño tranquilo y ve tú al psicólogo). Ya sabes, Messi sólo hay uno, pero de padres de Messi ¡hay centenares en el mundo!

Un club deportivo tiene un cartel en la puerta que dice “si quieres tener un campeón en la familia, entrénate tú, y mientras deja que tu hijo disfrute del deporte”.

«La actitud es lo único que depende del deportista» 

¡Claro y contundente!

Para disfrutar de aquella competición es necesario que el objetivo sea el del niño, no el del padre o del entrenador porque la actitud es lo único que depende del deportista. La actitud son todas aquellas decisiones que tomas antes de empezar un partido. Ejemplo: por más veces que falle, lo seguiré intentado (depende del niño) o fijarse más en las posibilidades que en las limitaciones (nos pueden meter un gol sí, pero nosotros también podemos meter uno).

El miedo, la presión, la ansiedad… ¿es lo mismo? 

Sí, es el mismo concepto. No es nada más que una evaluación que tú haces en la que crees que no podrás, que no estás lo bastante preparado para afrontar aquello con éxito. 

¿Qué pasaría si la educación emocional se trabajara desde p-3 en las escuelas? ¿Cómo serían los niños y los deportistas?

Serían mucho más sanos, más equilibrados, regulados y estables. Mucho más felices y por tanto más eficaces en su trabajo y en el deporte que practiquen.  

¿Serían mejores jugadores? 

Sí, mucho mejores. Y entonces conseguiría mi objetivo que es que mi trabajo consista en ¡quedarme sin trabajo!

«En La Granja estáis demostrando que la educación emocional no sólo es posible sino que tiene unos beneficios indiscutibles. Tenéis aquel punto de locura, de irrealidad… ¡que os convierte en trascendentes!» 

¡Este sí que sería un gran éxito para los psicólogos! 

Sí, trabajar para conseguir quedarnos sin trabajo, porque significaría que hemos conseguido la autonomía de las personas. Quiero decirte que en La Granja estáis demostrando que la educación emocional no sólo es posible sino que tiene unos beneficios indiscutibles. Cuando en un trabajo se consigue un sentido distinto al habitual, os convertís en algo trascendente… tenéis aquel punto de locura, de irrealidad… tenéis un motivo para trabajar que da sentido a todo lo que hacéis. 

 La Granja

 
Esta es una entrevista realizada por La Granja , Granja Escuela que se dedica íntegramente a la educación y a la enseñanza de niños y jóvenes en edad escolar a través de las emociones.

 

La Granja contesta

¿Cómo puedo hacer que mi hijo sea más fuerte por dentro?

Hay una forma que no falla… apúntalo a que haga un deporte, no importa que sea individual o de equipo. Lo importante es que le guste y se lo pase bien, porque de paso entrenará sus habilidades sociales y personales y se irá haciendo fuerte por dentro. 

Y cuando empiece a competir, a ganar y a perder, no te preocupes, porque aprenderá todavía más, no sólo de cada triunfo, sino y especialmente de cada caída, porque se dará cuenta de que lo importante no es caer, sino levantarse y luchar hasta el final. 

Aprovecha el deporte porque es nuestro mejor aliado para educarlos y ¡nos ahorra mucho trabajo a padres y madres!