Meningitis: una enfermedad grave que se puede prevenir

25/05/2021

La meningitis puede ser grave pero, si se detecta pronto, puede resolver de forma satisfactoria.

Es muy importante que tu hijo reciba las vacunaciones sistemáticas, que sepas identificar los síntomas de esta enfermedad y que pidas atención médica inmediata si sospechas que la podría haber contraído.

La meningitis es la inflamación de las meninges (las membranas que recubren el cerebro y la médula espinal). La mayoría de los casos de meningitis son de origen bacteriano o vírico.

  • La meningitis bacteriana es muy poco frecuente, pero suele ser grave y puede ser de riesgo vital si no se trata inmediatamente.
  • La meningitis viral es relativamente común y mucho menos grave. A menudo no se llega a diagnosticar porque los síntomas pueden ser similares a los de una gripe común.

La meningitis se contagia con facilidad entre personas que conviven en espacios cerrados y reducidos. Por ello, tiende a afectar a niños y adolescentes que duermen en internados o colegios mayores.

Si tu hijo entra en contacto con una persona que sufre una meningitis bacteriana, contacta con su pediatra, porque es posible que le recomiende un medicamento de tipo preventivo para evitar el contagio.          

Síntomas de la meningitis

Entre los síntomas más frecuentes de la meningitis se incluyen:
  • Fiebre
  • Somnolencia
  • Irritabilidad
  • Dolor de cabeza
  • Fotofobia (ojos hipersensibles a la luz)
  • Rigidez de cuello (y nuca)
  • Erupciones cutáneas
  • Convulsiones

En los lactantes, la meningitis puede cursar con síntomas adicionales, como:

  • Ictericia (tonalidad amarillenta en la piel)
  • Rigidez de todo el cuerpo
  • Inapetencia
  • Succión débil
  • Llanto agudo
  • Fontanelas abultadas
  • Irritabilidad con gran dificultad para consolarlos

Diagnóstico y tratamiento

Si el pediatra sospecha que un niño podría sufrir una meningitis, se realizará una punción lumbar. Esta prueba sirve para identificar cualquier signo de inflamación en el líquido cefalorraquídeo del paciente y permitirá identificar si la infección ha sido provocada por un virus o una bacteria.

Cuando el pediatra diagnostique una meningitis bacteriana o sospeche de esta enfermedad, iniciará la administración de antibióticos por vía intravenosa lo antes posible.

En cambio, una meningitis vírica no precisa tratamiento antibiótico y se resuelve de manera espontánea. En este caso, el tratamiento está orientado a aliviar los síntomas, incluyendo reposo, ingesta de líquidos y analgésicos. Aunque se puede hospitalizar a un niño que sufre una meningitis vírica, niños con formas leves de esta enfermedad se pueden recuperar en su propio domicilio.

Posibles complicaciones

Las complicaciones de la meningitis bacteriana pueden requerir tratamientos adicionales. Estas complicaciones pueden ser graves e incluir problemas neurológicos, como una pérdida auditiva (o hipoacusia). De todos modos, la mayoría de los pacientes que reciben un diagnóstico y un tratamiento rápidos se recuperan completamente.

Las meningitis víricas, tienen un pronóstico excelente y las secuelas son excepcionales.

Prevención de la meningitis

La meningitis es una enfermedad contagiosa y, por tanto, las vacunaciones sistemáticas son la mejor forma de prevenirla, concretamente las meningitis de etiología bacteriana. El pediatra de tu hijo te informará sobre todas las vacunas que ayudan a prevenir esta enfermedad, que incluyen la vacunación frente al Haemophilus influenzae tipo b (vacuna hexavalente), el meningococo (vacuna frente los serotipos B, C y ACWY -tetravalent- ), y el neumococo (vacuna antineumocócica 13-valente).

La mayoría de los casos de meningitis se propagan a través de las diminutas gotas de líquido procedentes de la garganta y de la nariz de una persona infectada. El hecho de compartir comida, utensilios u otros objetos es otra forma de transmitir la infección. Algunas veces la meningitis también se puede propagar a través de las heces.

Muchas de las bacterias y los virus que pueden desencadenar una meningitis son bastante frecuentes en nuestro entorno habitual. Por lo tanto, unos buenos hábitos higiénicos son fundamentales para prevenir esta enfermedad: lavarse las manos a conciencia y con frecuencia, evitar el contacto directo con personas claramente enfermas y no compartir comida, bebida ni objetos con otras personas.

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