Qué son las inmunodeficiencias primarias (IDP)

04/02/2021

Algunos niños nacen con una alteración genética que ocasiona un mal funcionamiento de su sistema inmunitario. Esta alteración, llamada inmunodeficiencia primaria, los hace más vulnerables a sufrir infecciones frecuentes y reiteradas o trastornos autoinmunes o inflamatorios que, en algunos casos, pueden poner en peligro su vida.

Las inmunodeficiencias primarias (IDP) son un conjunto de más de 400 enfermedades causadas por una alteración en la respuesta inmunitaria normal frente a las infecciones.

En su mayoría debutan en la infancia dado que el paciente nace con este defecto, aunque pueden iniciarse o reconocerse en cualquier momento de la vida. Una proporción importante de las IDP son de causa genética o hereditaria conocida, por lo que puede haber más de un miembro de la familia afecto.

Las IDP son un grupo muy heterogéneo de enfermedades, desde formas leves a formas graves. De acuerdo con la Unión Internacional de Sociedades de Inmunología (IUIS) las IDP se clasifican en nueve grupos, y cada grupo de IDP tiene manifestaciones clínicas diferentes. Esta clasificación ayuda a los especialistas que las tratan a identificar mejor al paciente y saber qué síntomas o complicaciones puede desarrollar:

  • Grupo 1. Defectos combinados: los linfocitos T y otros linfocitos no funcionan correctamente. Es el segundo grupo más frecuente, constituyen casi el 15% de todas las IDP. En este grupo se encuentra la inmunodeficiencia combinada grave (IDCG) o “niño burbuja”.
  • Grupo 2. Defectos con rasgos sindrómicos o parte de síndromes complejos: en este caso, la IDP va asociada a otras manifestaciones fuera del sistema inmunológico. Ejemplos de este grupo son el síndrome de Wiskott-Aldrich, de Hiper IgE, de Kabuki, ataxia telangiectasia, entre otros.
  • Grupo 3. Defectos con predominio del déficit de anticuerpos: el paciente tiene una función defectuosa de las inmunoglobulinas (IgG, IgA o IgM), también conocidas como anticuerpos. Supone más de la mitad de los casos y constituyen alrededor del 60% de todas las IDP. Se encuentran, entre otras, la Enfermedad de Bruton o agammaglobulinemia ligada al cromosoma X y la inmunodeficiencia común variable, que es la forma más frecuente de IDP.
  • Grupo 4. Inmunodeficiencias por desregulación inmunológica. Este grupo engloba a los pacientes que desarrollan enfermedades autoinmunes (como hipotiroidismo autoinmune o celiaquía), aumento de tamaño de ganglios o un síndrome inflamatorio conocido como síndrome hemofagocítico.
  • Grupo 5. Defectos congénitos en el número y/o función de los fagocitos: en este caso, son otros glóbulos blancos, los fagocitos, los que no acaban de funcionar con normalidad. Se encuentran, entre otras, las neutropenias congénitas y la enfermedad granulomatosa crónica.
  • Grupo 6. Defectos de la inmunidad intrínseca e innata. En este caso, el defecto inmunitario es más selectivo para un tipo concreto de infección, y habitualmente transitorio.
  • Grupo 7. Enfermedades autoinflamatorias. Suelen manifestarse por fiebres recurrentes no causadas por infecciones, sino por inflamación espontánea.
  • Grupo 8. Defectos del sistema del complemento: es el tercer grupo más frecuente, constituyen aproximadamente un 10% de las IDP. Pueden favorecer infecciones, o edema, como es el caso del edema angioneurótico familiar.
  • Grupo 9. Fenocopias de las inmunodeficiencias. Este grupo es más típico del paciente adulto y simula una IDP del niño, pero en vez de ser congénita (desde el nacimiento), se desarrolla después de la etapa embrionaria.

Son enfermedades minoritarias, también denominadas raras debido a su baja frecuencia. Cada enfermedad tiene una prevalencia de 1/50-100.000 a 1/1000.000, a pesar de que el conjunto de las IDP puede afectar a 1/2.000 personas.

Son muy variables clínicamente. Así, mientras el déficit selectivo de IgA se detecta en uno de cada 500 individuos en la población de origen europeo y tiene en general poca trascendencia clínica, el grupo de las inmunodeficiencias combinadas graves (IDCG, conocidos como niños burbuja) que aparecen en alrededor de 1/50.000 recién nacidos vivos, requiere atención inmediata y altamente especializada.

Sintomatología asociada

De la misma manera que el tipo de inmunodeficiencia puede ser tan variada, la sintomatología asociada también puede serlo.

En general, debido a que su sistema inmunitario no funciona de manera adecuada, el paciente es más susceptible a sufrir infecciones graves, más recurrentes y/o a ser más sensible a gérmenes infrecuentes. Estos patógenos pueden producir infecciones con más facilidad, por ejemplo, en el sistema respiratorio produciendo bronquitis y neumonías, en la piel produciendo infecciones cutáneas profundas, en el sistema digestivo produciendo diarreas y a nivel ótico produciendo otitis.

No obstante, existen otras IDP que no presentan infecciones, sino que, debido a la disfunción general del sistema inmune, pueden provocar en el niño más predisposición a sufrir enfermedades autoinmunes/autoinflamatorias (p.ej. anemia, diarrea, enfermedad renal…), atopia (p. ej. alergias, asma), o linfomas.

Por todo ello, el paciente con IDP requiere de una visión multidisciplinar y puede estar en seguimiento por varios profesionales, como neumólogos, fisioterapeutas respiratorios, gastroenterólogos, hematólogos, infectólogos, alergólogos y reumatólogos entre otros.

Diagnóstico

El diagnóstico de las inmunodeficiencias es a menudo complejo, por lo que requiere de un equipo asistencial especializado. Se suelen diagnosticar durante la infancia, aunque actualmente se van reconociendo formas menos graves de IDP que debutan durante la adolescencia y la edad adulta.

El diagnóstico se basa en pruebas que se realizan a partir de una muestra de sangre que se extrae del paciente. En el laboratorio se realiza un estudio de los glóbulos blancos (linfocitos, neutrófilos…) para evaluar su aspecto y su función. La confirmación del tipo de IDP a menudo requiere de estudios genéticos (se secuencia el ADN del paciente para identificar si hay mutaciones o errores en algún gen concreto, que es la causa última de la enfermedad). Cuando se encuentra el diagnóstico genético, se suele completar el estudio de padres y hermanos en una visita con el especialista de genética clínica.

El diagnóstico precoz y rápido evitará complicaciones de riesgo vital irreversible en pacientes del grupo más grave (inmunodeficiencias combinada grave), el cribado neonatal (prueba del talón) que se realiza a los pocos días del nacimiento va a ser clave para la supervivencia.

Tratamientos posibles, beneficios y efectos secundarios

Las personas con IDP son tratadas por el equipo especializado en enfermedades del sistema inmunitario. La manera de tratar el paciente depende de la forma de IDP que presenta y de muchos otros factores, pero siempre van encaminados a reducir las infecciones y a tratar los síntomas de forma precoz para así mejorar las secuelas que se puedan producir.

Tratamientos farmacológicos

  • Antibióticos, antifúngicos o antivirales: Se usan de forma profiláctica, para prevenir infecciones.
  • Inmunoglobulinas sustitutivas: La mayoría de IDP no permite al cuerpo que produzca suficientes (o ninguna) inmunoglobulinas (también denominadas defensas o anticuerpos) y por ello la mayoría de pacientes con IDP reciben tratamiento de forma sustitutiva. Se pueden administrar de dos formas diferentes:
    • Infusión endovenosa: se administra directamente en el torrente sanguíneo a través de una vena. Se realiza cada 3-4 semanas en el hospital. Cada infusión tarda alrededor de cuatro horas.
    • Infusión subcutánea: se administra debajo de la piel, en el tejido subcutáneo. Dependiendo de las características del fármaco, se administra de forma semanal o mensual. Se puede administrar en el domicilio (tras haber realizado un entrenamiento previo o capacitación para su manejo). Cada infusión tarda una media de 1-2 horas.

Otros tratamientos

En ocasiones son necesarios tratamientos complementarios como por ejemplo inmunosupresores/inmunomoduladores en pacientes con inflamación o autoinmunidad, o inhaladores para el asma.

Existen una serie de tratamientos que son curativos para las IDP, como los dos que se exponen a continuación:

  • Trasplante de células progenitoras hematopoyéticas (o médula ósea): las células progenitoras son células inmaduras que se pueden dividir y madurar hasta convertirse en diferentes tipos de células del sistema inmunitario. Se extraen de la médula ósea, del cordón umbilical o de la sangre de un donante sano y se administra al paciente con la finalidad de reemplazar las células de su sistema inmunitario que faltan o no funcionan. Sólo un porcentaje pequeño de todas las IDP, las formas más graves, van a ser candidato de dicho trasplante.
  • Terapia génica: es una forma de tratamiento muy novedosa, actualmente sólo disponible para formas muy concretas de IDP, y que en un futuro puede extenderse a otras formas cuando avance el conocimiento. En este caso, no se reemplaza todo el sistema inmunitario, sino que se corrige directamente el error genético que causa la IDP. Tratamientos no farmacológicos
  • Fisioterapia: a menudo los pacientes tienen que realizar ejercicios de fisioterapia respiratoria para ayudar a su aparato respiratorio a protegerse frente a infecciones.
  • Soporte psicológico: las IDP no solo tienen un impacto en el cuerpo, también en la salud psicosocial de los pacientes, su calidad de vida y su salud mental, y pueden generar estrés, ansiedad y depresión tanto a los propios pacientes como a los padres. En ocasiones es necesario asesoramiento psicológico para poder gestionar los efectos emocionales derivados de la enfermedad.

Evolución de la enfermedad

Gracias a la mejora en el diagnóstico y tratamiento de las IDP, se han conseguido mejoras sorprendentes en relación a la morbilidad y la mortalidad.

Una proporción muy importante de las formas graves de inicio temprano alcanzan la edad adulta y tienen una expectativa de vida que se va aproximando a la del promedio de la población, realizando una vida muy similar a la de la población general.

Vivir con la enfermedad

Tras el diagnóstico de una IDP a un niño/a el impacto de la enfermedad se verá reflejado en la familia y otras personas que colaboren en su cuidado.

También es importante facilitar una vida lo más normal posible para el niño/a y para el resto de la familia, reduciendo así el impacto de la enfermedad. En general, el pensamiento positivo e integrar pequeños cambios de forma creativa pueden ayudar al desarrollo de la vida familiar, escolar y social.

Además, saber identificar y comunicar de forma precoz los signos de alarma puede afectar en la gravedad de la situación y minimizar el impacto que tendrá sobre el estado de salud.

A continuación, te explicamos algunas medidas prácticas:

Comunicación entre todos los miembros de la familia

Padres y cuidadores deben asegurarse de obtener información para poder responder de forma clara, realista y adecuada para la edad a las preguntas que le formule su hijo/a.

Los hermanos con IDP también pueden verse afectados de diversas maneras por la enfermedad de su hermano/a, así que pueden sentirse tristes, ansiosos, excluidos o celosos y no entender la situación que les rodea. Por este motivo es fundamental mantener una actitud empática y responder a las necesidades que este manifieste.

Escolarización

Tener una IDP no impide que el niño/a asista a la guardería, colegio, instituto o universidad y obtenga un rendimiento escolar igual a la del resto de niños/as. No obstante, las escuelas tienen un rol importante en ayudar a reducir el impacto de la enfermedad en la educación de sus alumnos.

En ocasiones los estudiantes con IDP necesitan faltar a clase para acudir al hospital a realizar visitas médicas, administrar tratamientos, realizar pruebas o a consecuencia de sufrir alguna enfermedad o procesos infecciosos.

Por ello, las escuelas pueden ayudar a entender la necesidad de estas ausencias y ajustar el plan o la metodología de estudio a su alumno e integrar nuevos dispositivos como la tecnología para que el alumno pueda participar en las clases desde casa o el hospital.

  • Asegurar la relación con otros alumnos construyendo buenas relaciones en la escuela. Haciéndolo participe de la mayoría de actividades posibles, así como hablando con naturalidad sobre la enfermedad con el resto de alumnos para detener las burlas e intimidaciones.
  • Toma de precauciones para la prevención de infecciones e informar a la familia cuando detecten alguna enfermedad contagiosa entre sus alumnos.
  • La comunicación regular entre las escuelas y los padres es vital para ayudar a entender las necesidades del estudiante.

Actividades de ocio y deporte

Los pacientes pueden participar en la mayoría de las actividades de ocio, incluyendo deportes. Es tan importante realizarlo como para el resto de personas desde el punto de vista mental y físico.

Pero en algunos pacientes se recomienda no sumergirse en aguas de lagos y estanques no controlados por el riesgo de contraer ciertas infecciones. Y algunas IDP con alteración de la coagulación deberían de evitar deportes que comporte algún tipo impacto físico. Igualmente es importante asegurar un buen descanso y un sueño reparador.

Animales domésticos

Las mascotas ofrecen múltiples beneficios a las personas: estimulan la actividad física, alivian el estrés, ofrecen compañía y protección. El mantenerlos en condiciones saludables y tomar una serie de medidas es fundamental para prevenir infecciones:

  • Acudir al veterinario de forma regular y también si presenta diarrea, tos o estornudos, poco apetito o ha bajado de peso.
  • Mantener la mascota limpia, desparasitada, con las uñas cortas, correctamente vacunada y tomar medidas para la prevención de pulgas y garrapatas.
  • Lavar las manos después de tocar la mascota.
  • Es preferible evitar manipular zonas con excrementos como cajas de tierra, jaulas y peceras. Lo ideal es que otra persona se encargue de limpiarlas, pero si lo realiza vuestro hijo, recuérdale que use guantes y que posteriormente se lave las manos.
  • Evitar tener reptiles.

Viajes

Tener una IDP no ha de impedir que el paciente viaje, pero se recomiendan ciertas precauciones:

  • Informar al equipo asistencial (médico y/o enfermero) del plan de viajar para así poder asesorar a la familia y al paciente sobre cuestiones de seguridad, necesidad de vacunas, plan de medicación necesaria y método de conservación y transporte.
  • Asegurarse de tener cobertura médica adecuada y seguro de viaje.
  • En ocasiones será necesario que lleve consigo un informe sobre su enfermedad y la necesidad de transportar ciertos medicamentos.

Hospitalización

En ocasiones puede ser necesario el seguimiento clínico de forma más controlada y/o administración de algún tratamiento que requiera la estancia en el hospital.

  • Ingreso en planta: cuando deba tratarse alguna complicación importante que requiera de vigilancia estrecha o acceso endovenoso.
  • Ingreso en hospital de día: la necesidad de administrar tratamiento con inmunoglobulinas endovenosas hace que sea necesaria la estancia en el hospital de día para su administración.

Para más información sobre las inmunodeficiencias primarias (IDP) consulta la Unidad de Inmunología Clínica e Inmunodeficiencias primarias del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona.