• El portal de la salud para las familias
  • El Observatorio de la salud de la infancia y la adolescencia
  • Más de 1000 consejos de salud para tus hijos
  • La guía de la salud y el bienestar para tus hijos

Infección congénita por citomegalovirus: síntomas, diganóstico y tratamiento

18/01/2018

El citomegalovirus (CMV) es un virus que afecta a personas de todas las edades y que en la infancia infecta con mayor frecuencia a niños menores de cinco años. De hecho, la mayor fuente de contagio son los niños pequeños, que tras pasar la enfermedad continúan eliminando el virus por saliva y por la orina durante un largo tiempo.

Otras vías de contagio posibles, pero menos frecuentes, son a través del trasplante de órganos, transfusiones de sangre, el contacto sexual y a través de la madre durante el embarazo. 

Al igual que algunos otros virus, como los del herpes o la varicela, tras la infección el CMV puede permanecer “aletargado” en la persona infectada durante el resto de su vida y reactivarse en algunas circunstancias. 

¿Qué síntomas produce la infección por CMV?

En personas sanas el CMV produce síntomas como dolor de garganta, fiebre, inflamación de los ganglios del cuello o inflamación del hígado y del bazo. Este grupo de síntomas se conoce como síndrome mononucleósico, y puede ser producido también por otros virus, como el de Ebstein-Barr, responsable de la mononucleosis infecciosa o “enfermedad del beso”. 

Se trata de una infección sin tratamiento curativo y que en personas sanas tiene un curso auto limitado. Es decir, que cura espontáneamente y habitualmente sin secuelas.

Infección por CMV en mujeres embarazadas

En mujeres embarazadas la infección por CMV adquiere mayor importancia, pues el virus puede transmitirse al feto y producir en él una infección. De hecho, la infección por CMV es la infección congénita más frecuente en países desarrollados. Aproximadamente un tercio de las mujeres que contraen la infección durante el embarazo la transmiten al feto. 

El diagnóstico de infección materna por CMV se realiza mediante una analítica de sangre. En cuanto al diagnóstico de la infección del feto, es más complicada y requiere de análisis de líquido amniótico (amniocentesis) y ecografías dirigidas a detectar alteraciones sugestivas de infección por CMV.

Un 90% de los fetos infectados no presentan ninguna manifestación al nacimiento. No obstante, en algunos de ellos pueden detectarse posteriormente alguna secuela de la infección. Las más frecuentes son la sordera y las alteraciones del desarrollo neurológico. De hecho, la infección congénita por CMV es la causa más frecuente de sordera de nacimiento.   

Un porcentaje de alrededor del 10% de los fetos infectados presenta manifestaciones durante la gestación (detectadas en las ecografías del embarazo) o al nacimiento. Estas manifestaciones son consecuencia de la especial “apetencia” del CMV por los tejidos del sistema nervioso central y de la placenta. Entre ellas, destacan el retraso del crecimiento intrauterino (bajo peso, longitud y perímetro cefálico al nacimiento), ictericia (coloración amarillenta de la piel), plaquetopenia (disminución del número de plaquetas), esplenomegalia (aumento de tamaño del bazo), retraso psicomotor, parálisis o debilidad muscular, convulsiones o pérdida de visión. 

En el momento actual no existe ningún tratamiento que haya demostrado su eficacia para evitar la transmisión del CMV al feto a través de la placenta y la vacuna se encuentra aún en fase de estudio y desarrollo. De ahí que los esfuerzos se centren en concienciar a las embarazadas de las medidas higiénicas que pueden evitar su contagio: lavarse las manos con agua y jabón con frecuencia (y siempre después de tener contacto con la saliva o con orina o pañales de niños pequeños) y no besar en la boca ni intercambiar cubiertos con niños menores de seis años. 

La ausencia de un tratamiento eficaz y la dificultad para, en caso de infección del feto, establecer un pronóstico a largo plazo son los motivos por los que actualmente no se recomienda realizar la serología de CMV (prueba de detección de anticuerpos) a todas las embarazadas dentro del programa de seguimiento del embarazo. Únicamente está recomendado en caso de que la embarazada presente síntomas sugestivos de infección por CMV.

 

Comparte