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Infancia y Covid-19: impacto y gestión de la "nueva normalidad"

20/11/2020

La pandemia por COVID-19 está repercutiendo de manera significativa en todas las esferas de nuestra vida: a nivel sanitario, social, económico, y también en el ámbito educativo. Una situación de emergencia, como la generada por la actual pandemia, es una experiencia sin precedentes, que está generando cambios en los comportamientos de las personas, obligándonos a adaptarnos rápidamente a nuevos escenarios y, sobre todo, a movernos con un margen amplio de incertidumbre.

El 14 de marzo de 2020 se declaró el estado de alarma como medida de contención de la pandemia. Desde entonces, los poderes públicos han ido desarrollando toda una serie de medidas, muchas de las cuales han sido motivo de controversia. Nos referimos a las medidas que se han ido tomando en relación a la población infantil, y que incluyen no sólo el uso de mascarilla, sino sobre todo, el cierre de las escuelas y parques infantiles. Un día antes de la declaración del estado de alarma, las escuelas ya se cerraron por este hecho, y enlazando con el período de vacaciones, los niños y niñas han estado unos seis meses aproximadamente sin ir a los centros educativos.

La comunidad científica está realizando grandes esfuerzos para incrementar el conocimiento del coronavirus SARS-CoV-2, y en la actualidad disponemos de datos más precisos respecto cómo se comporta el virus en la población infantil. En este sentido, por ejemplo, el estudio KidsCorona ha observado que los niños se contagian igual que los adultos cuando se exponen a una fuente de infección y que más del 99% pasa la enfermedad de forma asintomática o leve. Por otra parte, datos observacionales de diferentes países muestran que, a estas alturas, la reapertura de los centros educativos no se ha asociado a importantes aumentos en la transmisión comunitaria (European Centre for Disease Prevention and Control- ECDC, 2020).

Impacto psicológico de la COVID-19 en los niños ¿Qué sabemos?

Desconocemos cuál es el impacto que toda esta situación de pandemia tendrá a medio y largo plazo en los niños, pero sí sabemos que los niños y adolescentes son un colectivo especialmente vulnerable a situaciones de catástrofe (como por ejemplo los desastres naturales), y que las situaciones de crisis suponen una amenaza para la salud mental infantil (Lai et al., 2017). Las medidas del confinamiento, por sus características de impredecibilidad, de incertidumbre y de rotura de rutina habitual son consideradas un evento adverso estresante, que ha generado un impacto emocional directo en la mayoría de personas, especialmente entre aquellos con vulnerabilidades y dificultades preexistentes.

Según expertos en psicología clínica y psiquiatría de la infancia y la adolescencia, uno de cada cuatro niños que ha sufrido aislamiento por COVID-19, presenta síntomas depresivos y/o de ansiedad. A día de hoy también sabemos que el cierre de las escuelas puede tener un efecto negativo sobre la salud y el bienestar de los niños, especialmente para los grupos más vulnerables. Estos efectos van desde la interrupción del aprendizaje, la exacerbación de desigualdades y problemas de salud mental a un mayor riesgo de violencia doméstica. También se ha demostrado que cuando los niños no están en la escuela están menos activos físicamente, ven durante más tiempo pantallas y siguen una peor alimentación, lo que puede repercutir en un incremento de peso y en una pérdida de la capacidad cardiorrespiratoria (Wang et al., 2020).

Respuestas esperables ante la nueva normalidad y estrategias para fomentar la resilencia

Con estas evidencias y teniendo en cuenta que la educación es uno de los pilares del desarrollo de los niños, es imprescindible el retorno a las escuelas. Sin embargo, ante la situación actual, es bastante probable que la mayoría de menores tengan que realizar algún período de cuarentena a lo largo del curso escolar. De hecho, en el momento de escribir este documento, en Cataluña se contabilizan un total de 2 centros educativos confinados, 1.201 grupos confinados (1.67%), y 27.908 personas confinadas, 26.030 de los cuales corresponden al alumnado.

La gran mayoría de niños están mostrando una buena adaptación a la situación actual: han adquirido a un ritmo sorprendentemente rápido las rutinas de lavado de manos, distancia física y uso de mascarilla. Sin embargo, es posible que muchos niños y adolescentes continúen expuestos a situaciones estresantes e, incluso, traumáticas y dolorosas en algunos momentos. Teniendo en cuenta que la pérdida de rutinas y el estrés psicosocial es uno de los principales factores con impacto psicológico en los niños/as (Wang et al., 2020), es de esperar que la situación actual de previsibles confinamientos puntuales a lo largo del curso genere un importante estrés, especialmente en aquellas familias más vulnerables. También es de esperar que vaya acompañado de sentimientos de angustia que, en la mayoría de casos, serán resultado de los esfuerzos de los niños para adaptarse a la incertidumbre y los cambios de la nueva situación.

Por otra parte, es importante recordar que los niños aprenden por modelado. Es decir, imitando y reproduciendo las conductas que observan. Por lo tanto, existe una importante relación entre la gestión y el afrontamiento que los padres hacen de las situaciones estresantes y la gestión y adaptación que ellos harán. Además, hay que recordar que la mayoría de niños y adolescentes son resilientes y tienen recursos y capacidades personales para poder afrontar exitosamente situaciones de incertidumbre y estrés.

A continuación se presentan algunas claves que pueden ayudar a fomentar la resiliencia y la adaptación favorable de los niños y adolescentes a la actual situación (confinamientos puntuales, repuntes de contagios, etc.).

  • Todas las acciones dirigidas a disminuir la sensación de incertidumbre y aumentar la sensación de control favorecerán la adaptación a la situación. Por ejemplo:
    • Explicar a los menores la nueva realidad y el porqué de las cuarentenas (adaptado al nivel de desarrollo de cada niño);
    • Anticipar la posibilidad de que toda la clase tenga que hacer cuarentena si hay un caso en el grupo burbuja;
    • Explicar que la cuarentena tendrá una duración determinada y que los adultos los acompañaremos, transmitiendo sensación de seguridad y control sobre la situación.
    • Dado que la mayoría de niños deberán pasar por procedimientos de detección tales como pruebas PCR, sería conveniente poder explicarlos, en un entorno tranquilo, en qué consiste el procedimiento, cuál es la finalidad, qué sensaciones pueden notar y qué estrategias de afrontamiento pueden poner en práctica en caso de sentirse desbordados (respiración, distracción, etc.).
  • Adecuar las explicaciones a la edad de los/las hijos/as:
    • Con niños pequeños (hasta 6 años) se aconseja dar información simple y breve, que resuma lo esencial que deben saber sobre la COVID-19.
    • Con niños hasta la preadolescencia (educación primaria) será útil dar información más extensa, mantener diálogos con ellos donde permitir que puedan expresar todas sus dudas, y responder siempre con sinceridad pero dando mensajes tranquilizadores.
    • Con adolescentes (educación secundaria): facilitar toda la información disponible sobre la situación actual, orientarlos a consultar fuentes fiables sobre la COVID-19 y medidas en caso de dudas. Dadas las características propias de la adolescencia, también será útil buscar referentes (a través de redes sociales y/o personas del entorno próximo) que sean un buen modelo en cuanto al cumplimiento de la normativa vigente para controlar la pandemia. Resulta importante también intentar no juzgar ni mantener una actitud crítica cuando no cumplan algunas de las medidas. En lugar de ello, se aconseja practicar la escucha activa, intentar comprender los motivos de sus conductas y centrarse más en los esfuerzos que hacen y las conductas positivas. Recordemos que este es un período muy particular a lo largo del ciclo vital, que a consecuencia de procesos neurobiológicos convierten el colectivo adolescente en un grupo movido por la inmediatez, la presión social y/o influencia del grupo de iguales.
  • En caso de confinamiento, se aconseja estructurar rutinas y horarios en el domicilio que se parezcan lo más posible a lo cotidiano de ir a la escuela para disminuir la sensación de rotura. En este sentido, resultará de utilidad:
    • Generar un horario visual o escrito con diferentes franjas horarias y actividades a realizar, incluyendo actividades lectivas, rutinas del domicilio, tiempo de ocio, etc.
    • Mantener horarios de sueño y alimentación, como lo haríamos durante la etapa escolar.
    • Utilizar un calendario con los días de la cuarentena y resaltar la meta que se debe alcanzar.
  • Planificar actividades que podemos realizar en casa y tener pensada la logística en el domicilio en caso de que tengamos que hacer cuarentena.
  • Acompañar las emociones que vayan surgiendo durante todo este proceso, con disponibilidad y escucha activa. Tener presente que, a pesar de haber realizado muchas de las pautas anteriores (anticipación, explicación, preparación de la logística, etc.), el confinamiento no deja de ser un cambio importante en la rutina del niño (y la familia), por lo que es normal que puedan aparecer sentimientos de malestar y cambios en la conducta de los hijos. En este caso, recordemos que se trata de emociones normales y transitorias (en la mayoría de casos) que aparecen ante situaciones excepcionales. Será de utilidad:
    • Mantener la calma y tranquilidad: en la medida que los niños nos perciban nerviosos por la situación podrían presentar una respuesta asociada.
    • Permitir la expresión emocional a los menores, validándolas y acompañándolas. Recordemos que cada período evolutivo presenta una manifestación diferente de los síntomas de malestar, por lo que es esperable que en los niños pueda aparecer irritabilidad y problemas de comportamiento, en los adolescentes insomnio, pasividad y más conflictos con los padres, etc.
  • Es recomendable controlar el uso de las nuevas tecnologías (más allá del uso educativo y social de las mismas) y, sobre todo, se aconseja evitar exposición a informaciones constantes respecto al coronavirus y fomentar las conversaciones al respecto en el entorno familiar, con uso de información veraz y apropiada a la edad de desarrollo del niño. Evitar hacer las comidas con las noticias.
  • Ser empático y flexible: recordemos que todos estamos haciéndolo lo mejor posible en una situación excepcional y compleja. Por lo tanto, conviene evitar culpabilizar y hacer atribuciones de causalidad directa como por ejemplo, "estamos confinados por una mala gestión de la escuela, los padres o compañeros que no mantienen el confinamiento...".

Reflexión final

Desconocemos cuál es el impacto que toda esta situación de pandemia tendrá a medio y largo plazo en los niños, pero sí sabemos que los niños y los adolescentes son un colectivo especialmente vulnerable a los estresores ambientales. La actual pandemia viene marcada por el carácter de excepcionalidad, cambio constante e incertidumbre, e implica una adaptación y activación de recursos personales, familiares y comunitarios, constantes.

Los niños y adolescentes pueden presentar diversas reacciones emocionales ante la situación que estamos viviendo. Hay que poner el foco en la infancia, respetar sus derechos y captar sus necesidades, por lo que resultará imprescindible observar y comprender las características propias del momento evolutivo que atraviesan, especialmente respecto la adolescencia, porque esto nos ayudará a aproximarnos de manera más efectiva a las acciones que realmente les ayudarán a adaptarse de manera óptima a la actual "nueva normalidad".

Acceso a las fuentes de consulta:

Asociación Española de de Psiquiatría del niño y del adolescente (2020). COVID-19, crisis y respuesta en salud mental. Revista de Psiquiatría Infanto-Juvenil, 37(1), 3-4.

Dades sobre la Covid als centres educatius. Departament d’Educació. Generalitat de Catalunya.

European Centre for Disease Prevention and Control (ECDC, 2020). COVID-19 in children and the role of school settings in COVID-19 Transmission. Stockholm: 6 August 2020. 

Lai, B. S., Lewis, R., Livings, M. S., La Greca, A. M., & Esnard, A. M. (2017). Posttraumatic stress symptom trajectories among children after disaster exposure: a review. Journal of traumatic stress, 30(6), 571-582.

Estudi Kids Corona. Hospital Sant Joan de Déu Barcelona.

Wang, G., Zhang, Y., Zhao, J., Zhang, J., & Jiang, F. (2020). Mitigate the effects of home confinement on children during the COVID-19 outbreak. The Lancet: 395(10228), 945-947.

Àrea de Salut Mental de l'Hospital Sant Joan de Déu

Área de Salud Mental

Equipo de Interconsulta - Salud Mental Pediátrica 

Laia Mollà

Diana Polo

Laura González

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