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La importancia del juego en la primera infancia

05/10/2015

Los padres somos el primer y más importante de los maestros de nuestros hijos.  Les enseñamos y los educamos mediante el juego, sobre todo cuando son muy pequeños. Jugando con ellos: 

  • Hacemos que nuestro bebé disfrute de actividades variadas.
  • Conseguimos que experimente la alegría del éxito.
  • Perseguimos que asuma retos por sí solo, animado por nosotros, y que así mejore su autoconfianza.
  • Hacemos que reciba amor por el esfuerzo. No por el logro, sino por haberse esforzado dentro de sus posibilidades.

Encontrar el equilibrio exacto entre ofrecerle compañía a la vez que dotarle de autonomía y seguridad sin sobreprotegerlo es la clave para generar autoestima y autoconfianza.

A través del juego, gracias al cariño de los padres y a la atención que le ofrecemos cuando solicita nuestra ayuda, haremos que se sienta seguro para explorar el entorno.  De esa dependencia nacerá una buena autonomía.

Jugamos con el recién nacido

El recién nacido no tiene aún integrado nuestra rutina diaria. Por eso es importante ayudarle a entrar en ese ritmo y que así descanse bien, nos permita organizar las actividades de los padres y sepa poco a poco anticipar qué va a ocurrir a través de las rutinas. 

Así, es importante jugar durante el día, realizar actividades tranquilas al final de la tarde y no estimularlo en los despertares nocturnos: hablarle y moverle poco, que la luz sea tenue… y así reconozca que es la hora de descansar.

¿Y cómo podemos jugar con un bebé tan pequeño?

Podemos jugar con ellos gracias a saber cuáles son sus capacidades sensoriales a estas edades, y así estimularlas. También podemos contar con su desarrollo motor y ayudarles a avanzar en sus capacidades motrices. 

Pero, sobre todo recuerda que en las actividades que planifiques hay que respetar el ambiente tranquilo, para que el bebé pueda concentrarse en un solo estímulo y pueda disfrutar y aprender sin sobresaltos y sin sentirse desbordado.

En general jugaremos con él mientras está tumbado cómodamente.

A continuación os ofrecemos algunos juegos que pueden ayudaros a favorecer el vínculo familiar y su desarrollo.

El lenguaje

Los bebés recién nacidos no comprenden el lenguaje oral pero sí reconocen voces. Pronto reconocen cuando se les llama por su nombre y si quien les llama es su madre, su padre o bien un extraño. También saben percibir e interpretar el tono y la modulación de la voz. Así, si les gritamos diciendo cosas bonitas llorarán pero si les hablamos cariñosamente, incluso diciendo cosas feas, se sentirán confortables.

Recuerda esto cuando utilicen el llanto como forma de comunicación; ya sabes que es la única forma de comunicarse a esta edad. Si le intentamos calmar de forma agitada y con voz elevada no ayudará mucho, pero si le hablamos en voz baja, tranquilizadora, es más probable que tengamos éxito. Obviamente, habiendo descartado que tenga alguna necesidad o molestia (hambre, gases…).

Hablar con un bebé es de lo más entretenido: ver cómo va cambiando su cara, cómo sigue el movimiento de los labios… intenta hacerlo con frecuencia frente a su cara, donde sea capaz de explorar tus gestos con la mirada.

Incluso cuando estamos haciendo cosas que no tienen que ver con el bebé, no pares de hablarle, explícale qué estás haciendo, lo que haréis después, cómo te sientes, lo que tienes alrededor… Aunque al principio te parezca que es un monólogo absurdo, le permitirá reconocer diferentes tonos de voz, diferentes modulaciones del habla e irá integrando los sonidos del lenguaje. No te sientas ridículo, es una forma de incluirle en tus actividades que cuesta muy poco.

La estimulación táctil

Desde muy pequeños ya podemos reconocer un bebe cariñoso. Es aquél que, por ejemplo, cuando le acercas la cara a su rostro queda tranquilo y plácido. La piel es un enorme órgano sensorial que a estas edades debemos tener muy en cuenta.

Hay que conocer que en los primeros meses de vida la zona oral tiene una gran sensibilidad, lo que garantiza que el bebé se oriente hacia el seno materno para ser alimentado. Así, la piel de la cara va a producir reacciones como el reflejo de búsqueda, cuando la estimulamos, que significa que buscará con la boca si le tocamos en un lado de la misma. Es un reflejo que irá despareciendo pronto. 

Podemos jugar a estimular su piel mientras mantenemos su mirada, frente a frente. Por ejemplo, podemos soplar suavemente la cara, el abdomen, acariciarle, subir paso a paso con nuestros dedos sobre su brazo o su pierna cantándole o contándole cosas.

Los masajes con cremas, si son bien tolerados por el bebé, también son estimulantes. Pero no a todos los bebés les gustan…

También puedes utilizar para la estimulación táctil diferentes texturas e ir variando su uso: algodón, lana, diferentes tipos de telas… para pasarle suavemente por la cara, el torso y por la palma de las manos, relajándolas para que estén abiertas y sin tensión.

La estimulación visual

Cuando los niños nacen su mejor capacidad visual se encuentra a unos dos palmos de su cara. De forma que a esa distancia es donde mejor podemos poner los objetos para que los pueda ir reconociendo. 

Cuando acercamos nuestra cara veremos un fenómeno llamado “mirada atrapada”, se trata de una mirada directa a nuestros ojos. Si nos movemos muy lentamente de un lado a otro, estaremos trabajando su seguimiento visual en el campo. 

Los bebés tan pequeños ven, sobre todo, contrastes de color. Así, los juegos y las telas que tengan estampados blancos y negros con gran contraste pueden ayudarnos a trabajar este seguimiento visual. Es muy importante evitar que haya otros estímulos simultáneos (por ejemplo, que otra persona esté llamándole desde detrás) cuando trabajemos el seguimiento visual.

La estimulación auditiva

Hay varias fases que se pueden ver en un bebé tranquilo que percibe un sonido. Generalmente, si un bebé en un ambiente silencioso percibe un ruido lo primero que hará es abrir los ojos como signo de alerta y, seguidamente y de forma lenta, comenzará a orientarse hacia el sonido. 

Para trabajar esa orientación auditiva podemos, en un ambiente tranquilo, llamarle desde un lado u otro: “hola chiquitín”. 

También podemos utilizar diferentes sonajeros o papeles que al plegarse produzcan ruidos. Mientras le tenemos mirándonos utilizando esa “mirada atrapada” ponemos las manos a los lados de su cabecita y hacemos ruido con el sonajero a uno de los lados. Así podrás percibir esas fases, de alerta primero (apertura ocular) y de búsqueda después, que son normales cuando son tan pequeños.

Sabemos que el momento de juego en los bebés de menos de 3 meses es muy restringido, pues entre dormir y comer queda poco tiempo. Pero en breve, vamos a ver grandes cambios en nuestro bebé y el juego se va a ampliar, así como sus recursos para interactuar con nosotros. Es el comienzo de toda una vida para aprender jugando.

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