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Dermatitis atópica en niños: qué es, cómo se manifiesta y cómo tratarla

16/02/2016

La dermatitis atópica es un trastorno inflamatorio crónico de la piel que se manifiesta en forma de brotes de inflamación de la piel (eccema) de forma recurrente. 

Se presenta en niños con una predisposición genética y, frecuentemente, con antecedentes familiares o personales de asma, rinoconjuntivitis o alergias alimentarias. Estas alteraciones genéticas producen una alteración de la barrera cutánea y una inflamación permanente de la piel. 

¿Cómo se manifiesta?

La alteración de la barrera cutánea se manifiesta en que su piel tiene un tacto especialmente áspero, de aspecto seco y la inflamación crónica produce picor. De forma periódica presentan fases de empeoramiento, con aparición de áreas de inflamación visible (eccema) caracterizadas por enrojecimiento e incremento del picor. Suelen aparecer de forma simétrica, y las áreas de afectación varían con la edad del niño. En lactantes suele ser más frecuente en las mejillas, cuello y zona de extensión de codos y rodillas. En niños mayores de dos años suelen ser más frecuentes en las zonas de flexión de estas regiones y en el tronco. Es un trastorno cuyas manifestaciones suelen mejorar a lo largo de la infancia.

Los niños con dermatitis atópica tienen una susceptibilidad mayor que otros niños de padecer infecciones de la piel, ya sea por bacterias, virus u hongos, así como de dermatitis de contacto, por la aplicación de algunos fármacos tópicos.

La dermatitis atópica es una enfermedad que, en correlación con la gravedad de los síntomas y con el grado de control de la misma, puede alterar la calidad de vida de los niños y de sus familias. Esta afectación viene condicionada, además de por el picor, por los problemas con la ropa, con la actividad física, por la alteración del sueño, de la imagen corporal por las lesiones y por la incomodidad de la aplicación de algunos tratamientos. 

¿Cuál es su tratamiento?

El tratamiento incluye varias medidas, sobre todo centradas en los cuidados generales de la piel y el tratamiento farmacológico, tanto de los brotes como, en caso necesario, crónico.

Cuidados generales de la piel

Se refieren a controlar los factores ambientales que modifican la expresión de la enfermedad (tales como la temperatura, el grado de humedad y de contaminación ambiental) y a la higiene e hidratación diaria de la piel. 

En cuanto a los factores ambientales, el frío y la sequedad ambiental deshidratan la piel del niño atópico, de ahí que la mayoría suelan empeorar en invierno y mejorar en verano. El sol y la humedad ambiental disminuyen la inflamación de la piel atópica, así como también los baños en agua del mar. 

Es recomendable que el baño o ducha sean a diario, incluso en épocas en que tengan lesiones de eccema activas, pues contribuye a disminuir el picor, a relajar al niño y a limpiar y descontaminar la piel. Se recomienda utilizar jabones de pH ácido, dado que el pH normal de la piel es de 3,5-5,5, secar la piel sin frotarla y, cuando aún esté húmeda, aplicar la crema hidratante o los fármacos tópicos. 

Se recomienda que la ropa sea amplia y de algodón o lino, que permitan la transpiración. Ha de lavarse con detergentes suaves y aclararse bien para que no queden restos que puedan irritar la piel. Asimismo, es importante retirar las etiquetas o superficies rugosas que puedan estar en contacto con la piel e irritarla por fricción o por mecanismo químico. 

La elección del producto utilizado para la hidratación de la piel ha de basarse en la facilidad de aplicación, en su coste y en las preferencias personales o familiares, pues la constancia en la aplicación diaria, cuyo cumplimiento depende de estos factores, reduce los brotes y mejora la calidad de vida de los pacientes. 

Normas de alimentación

La alimentación del niño con dermatitis atópica debe ser la normal para su edad y únicamente está indicada una dieta de exclusión cuando se haya demostrado una alergia (por las manifestaciones  del niño y por pruebas de alergia) a algún alimento concreto.

Tratamiento farmacológico

Los objetivos del tratamiento farmacológico son disminuir la inflamación de la piel durante los brotes, mejorar los síntomas (picor, alteración del sueño y de la calidad de vida) y disminuir el número de brotes o recurrencias.

Los corticoides tópicos son los fármacos más utilizados en el tratamiento de los brotes. Se utilizan para disminución de la inflamación de la piel, por lo que disminuyen el picor y el rascado. Existe una gran variedad de corticoides tópicos, tanto en su potencia como en su forma farmacéutica (loción, crema, pomada, ungüento…). La utilización de uno u otro depende de la zona afectada y del estado de la piel. 

Los inhibidores de la calcineurina tópicos (tacrolimus y pimecrolimus) son fármacos inmunomoduladores que han demostrado eficacia y seguridad tanto para el tratamiento de los brotes como para prevenir su aparición, como tratamiento de mantenimiento preventivo. 

Los antihistamínicos orales tienen como finalidad disminuir el picor. Son de elección los antihistamínicos de primera generación (hidroxicina, dexclorfeniramina), por su efecto sedante. No se recomienda el uso de antihistamínicos tópicos dado que pueden producir fotosensibilidad. 

En casos de sobreinfección de la piel puede ser necesario el tratamiento con asociaciones de corticoides y antibióticos o antifúngicos tópicos. 

Los corticoides y los inmunomoduladores sistémicos son medicamentos de uso excepcional, en casos graves o que no mejoran con el tratamiento tópico. 

 

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