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Dedicar tiempo a los niños para que jueguen: básico para su desarrollo

12/11/2018
El juego es tan importante para el desarrollo de los niños, que ha sido reconocido por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, como un derecho de cada niño.

Este derecho de nacimiento, a menudo se ve truncado por prácticas de explotación y trabajo infantil, violencia de guerras y recursos limitados en niños que viven en la pobreza. Sin embargo, incluso los niños que tienen la suerte de tener abundantes recursos disponibles y que viven en paz relativa, a veces tampoco reciben los beneficios del juego. Muchos de estos niños se están criando con un estilo de vida cada vez más estresante que puede limitar los beneficios protectores que obtendrían con el juego infantil.

La naturaleza del juego

El juego es parte de nuestro patrimonio evolutivo, es fundamental para la salud y nos ofrece oportunidades para practicar y perfeccionar las habilidades necesarias para vivir en un mundo complejo.

Aunque el juego está presente en un amplio abanico de especies dentro del reino animal, el juego social es más destacado en animales con un neocórtex grande. El juego proporciona al animal y los humanos, habilidades que les ayudarán en la supervivencia y la reproducción. La acumulación de nuevos conocimientos se basa en el aprendizaje previo, pero la adquisición de nuevas habilidades se ve facilitada por interacciones sociales y a menudo lúdicas.

Los beneficios del juego

El juego no es un acto frívolo. Se ha demostrado que el juego tiene efectos directos e indirectos sobre la estructura y el funcionamiento del cerebro. El juego provoca cambios a nivel molecular (epigenético), celular (conectividad neuronal) y conductual (habilidades de funcionamiento socioemocional y ejecutivo) que promueven el aprendizaje y el comportamiento adaptativo y/o pro social.
 
El juego permite a los niños utilizar su creatividad mientras desarrollan su imaginación, destreza, fuerza física, capacidad cognitiva y emocional. Es a través del juego que los niños de una edad temprana interactúan entre ellos y con el mundo que les rodea. Jugar permite a los niños crear y explorar un mundo que todavía no dominan. El aprendizaje temprano y el juego son fundamentalmente actividades sociales y favorecen el desarrollo del lenguaje y el pensamiento. También les permite desarrollar habilidades sociales y emocionales, y se ha demostrado que los niños que juegan con juguetes, actúan como científicos y aprenden buscando y escuchando lo que les rodea.
 
Sin embargo, las instrucciones explícitas limitan la creatividad del niño, por lo que deberíamos dejar que los niños aprendan a través de la observación, en vez de la memorización pasiva o la instrucción directa. El juego no dirigido permite a los niños aprender a trabajar en grupo, compartir, negociar, resolver conflictos y aprender habilidades de autogestión. Les permite practicar habilidades de decisión, moverse a su propio ritmo, descubrir sus propias áreas de interés y, en definitiva, participar plenamente en las pasiones que los estimulan. 

Padres que juegan con sus hijos

Es fundamental que los padres tengan la oportunidad de acercarse al mundo de sus hijos. Jugar con ellos es una ocasión única para comunicarse con los niños de una manera diferente, en un espacio nuevo, que permite a los padres ofrecer orientaciones de manera suave y más estimulantes. Los niños menos verbales también pueden expresar sus opiniones, experiencias e incluso frustraciones a través del juego, permitiendo que los padres tengan la oportunidad de obtener una mayor comprensión de sus hijos.

El juego como mejora del rendimiento académico de los niños

Se ha demostrado que el juego ayuda a los niños a ajustarse a la configuración de la escuela e incluso a mejorar la preparación de los aprendizajes, los comportamientos de aprendizaje y las habilidades de resolución de problemas. El juego mejora la estructura y la función del cerebro y promueve la función ejecutiva (es decir, el proceso de aprendizaje, en lugar del contenido), que nos permiten perseguir los objetivos e ignorar las distracciones.

Algunos estudios señalan que las sociedades cada vez exigen más innovación y menos imitación, más creatividad y menos conformidad. En las demandas del mundo actual requieren que los métodos de enseñanza de los dos últimos siglos, como la memorización, sean sustituidos por innovación, aplicación y transferencia.

El papel de los pediatras

Según la Academia Americana de Pediatría, los médicos deberían prescribir tiempo de juego para los niños pequeños. En un momento en que cada vez hay más presión para añadir más componentes didácticos en la educación de los niños, en detrimento del aprendizaje lúdico, los pediatras pueden tener un papel importante en enfatizar el papel de un currículo equilibrado, que incluya el aprendizaje lúdico para la promoción de un desarrollo infantil sano.

Los beneficios para la salud del juego son muchos. Aquellos juegos que implican actividad física, no sólo promueven un peso saludable, sino que también pueden mejorar la eficacia de los sistemas inmunológico, endocrino y cardiovascular. El juego disminuye el estrés, el cansancio, la lesión, la depresión, y aumenta el grado de movimiento, la agilidad, la coordinación, el equilibrio y la flexibilidad.

Los niños prestan más atención a las lecciones de clase después del juego libre durante el recreo, que no después de los programas de educación física, que son más estructurados. Además, se ha sugerido que fomentar el juego libre puede ser una manera de aumentar los niveles de actividad física en niños, una estrategia importante para la resolución de problemas como la obesidad.

Categorías de juego

Existen diferentes tipos de juego, que pueden estructurarse según su secuencia de desarrollo:
  • Juego de objetos: este tipo de juego se produce cuando un niño explora un objeto y aprende sus propiedades. El juego de objetos progresa desde exploraciones sensoras y motoras tempranas, incluso el uso de la boca, hasta el uso de objetos simbólicos (por ejemplo, cuando un niño utiliza un plátano como teléfono) para la comunicación, el lenguaje y el pensamiento abstracto.
  • Juego físico: el desarrollo de las habilidades motoras en la infancia es esencial para promover un estilo de vida activo. Aprender a cooperar y negociar promueve las habilidades sociales críticas. Además, el juego físico no dirigido, permite a los niños tomar riesgos en un entorno relativamente seguro, que favorece la adquisición de habilidades necesarias para la comunicación, la negociación y el equilibrio emocional, y fomenta el desarrollo de la inteligencia emocional.
  • Juego al aire libre: el juego al aire libre ofrece la oportunidad de mejorar las habilidades de integración sensorial. En este caso, el tiempo de recreo en la escuela se convierte en una parte esencial de la infancia. No es de extrañar que los países que ofrecen más recreo los niños pequeños muestran un mayor éxito académico entre los niños a medida que maduran.
  • Juego simbólico: este tipo de juego se produce cuando los niños experimentan con diferentes roles sociales de manera no literal. Jugar con otros niños les permite negociar "las reglas" y aprender a cooperar.
En definitiva, el juego es fundamental para el desarrollo de los niños, y facilita la progresión desde la dependencia a la independencia, y desde la regulación parental hasta la autorregulación.

Acceso a las fuentes de consulta:

Let Kids Play. The New York Times. [Fecha de consulta: 12/11/2018]
 
The Power of Play: A Pediatric Role in Enhancing Development in Young Children. Academia Americana de Pediatría. [Fecha de consulta: 12/11/2018]
 

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