Acné: qué es, cómo se trata y qué podemos hacer para prevenirlo

13/09/2022

¿Qué es el acné?

El acné, conocido médicamente como acné vulgaris, es una enfermedad de la piel muy frecuente caracterizada por la aparición de espinillas (comedones abiertos), granos (comedones cerrados) y bultos (nódulos inflamatorios). 

Casi todas las personas han tenido acné en algún momento de sus vidas. Se trata de una enfermedad del folículo pilosebáceo (el conjunto del pelo y las glándulas asociadas a él que producen el sebo o grasa natural de la piel), donde se combinan un exceso de producción del sebo promovido por cambios hormonales, la colonización de un tipo concreto de bacterias de la piel (conocidas como Cutibacterium acnes) y una respuesta inflamatoria alterada frente a ellas.

¿Cuál es la causa del acné?

El acné no es debido a una falta de higiene personal o suciedad. El proceso por el que ocurre el acné empieza con una excesiva producción de sebo por parte de las glándulas sebáceas localizadas en la piel y cerca de los folículos pilosos. Esto es promovido por un aumento de ciertas hormonas durante la pubertad. Estos poros con un exceso de sebo tienen una mayor tendencia a ocluirse. 

Simultáneamente, algunas bacterias (Cutibacterium acnes) proliferan más debido al aumento de sebo, ocasionando inflamación cutánea. Un poro ocluido cerca de la superficie de la piel genera poca inflamación, es cuando observamos los puntos negros (comedones abiertos) o puntos blancos (comedones cerrados). Si el poro se ocluye más en profundidad, suscita una reacción inflamatoria mayor y entonces vemos pequeños bultos rojos (pápulas), granos de pus (pústulas) e incluso nódulos o quistes más profundos. Éstos últimos tienen una mayor probabilidad de dejar secuelas en la piel en forma de cicatrices.

Foto: Acné quístico

¿Qué factores empeoran el acné?

El estrés es uno de los factores agravantes del acné más importantes, por lo que es importante un estilo de vida saludable, que incluya suficientes horas de descanso y actividad física diaria. La dieta es un factor agravante que es controvertido. Algunas personas tienen la sensación de que ciertos alimentos como el chocolate o la comida procesada (fastfood tipo pizza, bebidas azucaradas, etc) empeoran su acné. No existen muchos estudios que hayan demostrado la influencia de estos alimentos sobre el acné. Sin embargo, es recomendable llevar una dieta variada y equilibrada que incluya abundante fruta y vegetales. Las personas que hayan identificado ciertos alimentos agravantes pueden eliminarlos de sus dietas, pero evitando adoptar dietas estrictas y restrictivas. La susceptibilidad genética familiar también puede jugar un rol importante en el desarrollo del acné.

Foto: Acné comedoniano

¿Cuándo debo consultar al médico por acné?

Muchas enfermedades de la piel pueden parecerse al acné, por lo que si existe una duda sobre el diagnóstico, es recomendable acudir al dermatólogo, el especialista en enfermedades de la piel. Es poco frecuente que el acné ocurra antes de los 7 años, por lo que en estos casos se recomienda la evaluación por parte de un médico para descartar causas subyacentes. En la edad ‘preadolescente’ (de los 7 a 11 años) y ‘adolescente’ (de los 12 a 18 años) un acné leve o moderado es muy frecuente. Si no ocasiona una molestia al niño, una higiene cutánea correcta puede ser suficiente en este momento. 

Sin embargo, muchas personas necesitan un tratamiento específico del acné que les permita mejorar la calidad de su piel y sentirse bien. El dermatólogo es el especialista indicado para evaluar la piel e indicar sobre la necesidad de aplicar productos tópicos o un tratamiento oral para mejorar el aspecto de la piel. La elección del tipo de tratamiento para el acné dependerá de diferentes factores: la gravedad del acné (según el número y el tipo de lesiones presentes, y el nivel de inflamación de las mismas), cicatrices presentes, impacto en la calidad de vida, coste de las medicaciones, tipo de piel del paciente, posibles efectos secundarios de la medicación, y la facilidad o complejidad global del plan terapéutico en relación con las capacidades de cada paciente.

Foto: Acné papular inflamatorio.

¿Cuáles son los tratamientos disponibles para el acné?

Los tratamientos para tratar el acné tienen como objetivo evitar la formación de nuevos ‘granitos’. Esto lo consiguen a base de disminuir la producción de sebo, el número de bacterias y células muertas que obstruyen los poros de la piel. Además, pueden disminuir la respuesta inflamatoria de la piel frente a las bacterias que la colonizan. Puede tomar entre 4 y 8 semanas ver una mejora significativa y comprobar si la medicación empleada es eficaz. Los tratamientos no ‘curan’ la condición, sino que mejoran la calidad de la piel y evitan la aparición de nuevas lesiones, por lo que el tratamiento debe ser continuado. 

Tratamientos tópicos

  • Peróxido de benzoilo: es un agente antiinflamatorio y antimicrobiano, que además ayuda a disminuir la resistencia de los antibióticos tópicos. Puede utilizarse en áreas extensas como el pecho y/o la espalda. Es común notar cierta irritación y sequedad al inicio del tratamiento. Se debe tener en cuenta que puede desteñir las toallas y ropa.
  • Retinoides (adapaleno, tretinoína o tazaroteno): evitan la formación de los comedones promoviendo una mayor descamación de la piel. Es común notar cierta irritación y sequedad al inicio del tratamiento. Es importante evitar otros irritantes de la piel como la depilación con cera y otros tratamientos faciales. La combinación de adapaleno y peróxido de benzoilo es actualmente el tratamiento tópico considerado de primera línea y el más eficaz, aunque con un porcentaje mayor de efectos adversos. Se debe emplear siguiendo estrictamente las indicaciones de un dermatólogo.
  • Antibióticos tópicos (clindamicina, eritromicina y combinaciones como clindamicina-peróxido de benzoilo o clindamicina-tretinoína): contrarrestan la colonización bacteriana y disminuyen la inflamación cutánea. Es común notar cierta irritación y sequedad al inicio del tratamiento. No se deben usar de forma aislada los antibióticos tópicos como tratamiento del acné.
  • Otros tratamientos tópicos empleados para tratar el acné incluyen el ácido salicílico, glicólico y el ácido azelaico. Son algo menos potentes que los tratamientos previos, y pueden ocasionar una leve irritación al inicio del tratamiento.

Tratamientos orales

  • Antibióticos (doxiciclina o minociclina): disminuyen la colonización bacteriana y actúan simultáneamente como antiinflamatorios. Son eficaces para el tratamiento del acné moderado-grave. Como efectos secundarios presentan: aumento de la sensibilidad al sol (se debe extremar las medidas de fotoprotección) e irritación y quemazón en el esófago o estómago. Para evitar o aliviar esto último es importante tomar estos fármacos con grandes cantidades de agua, asociar la toma a las comidas, y evitar acostarse en la hora siguiente a la toma del fármaco. Aquellas personas que tomando este medicamento noten dolor de cabeza, mareo, visión borrosa, dolor articular y síntomas gripales, deberían abandonar el medicamento y comentarlo con su médico.
  • Tratamientos hormonales: se utilizan sólo en mujeres, especialmente en las que presentan un acné asociado a la menstruación. Consiste fundamentalmente en píldoras anticonceptivas con acción antiandrogénica. De forma alternativa a los anticonceptivos orales se puede emplear un diurético con efecto antiandrogénico llamado espironolactona.
  • Isotretinoína: es un derivado de la vitamina A que se emplea en su forma oral para tratar el acné grave o cuando los otros tratamientos han resultado ineficaces o están contraindicados. Es necesario realizar controles analíticos previos al inicio del tratamiento y durante el tratamiento para controlar la aparición de alteraciones en la función hepática, lípidos y enzimas musculares. Como efectos adversos frecuentes presenta un aumento de la sequedad cutánea, especialmente marcada a nivel de la mucosa labial y conjuntival, aumento de la sensibilidad al sol (se deben extremar las medidas de fotoprotección) y dolores musculares tras el ejercicio físico intenso.

¿Cómo realizar una correcta higiene cutánea? ¿Cómo se deben usar los tratamientos tópicos para el acné?

Higiene cutánea

Una correcta higiene cutánea es fundamental en cualquier persona que tenga acné. A continuación, detallamos algunos consejos para practicar una correcta higiene cutánea:

  • Limpiar la piel 2 veces al día, una vez por la mañana y otra por la noche. 
  • La limpieza debe realizarse usando un gel limpiador suave o jabón para lavar la cara (o el que recomiende el dermatólogo). Es aconsejable evitar ‘scrubs’ o exfoliantes agresivos dado que éstos pueden inflamar la piel. Tampoco se debe frotar la piel con toallitas limpiadoras ni con esponjas vegetales, pueden irritar la piel e inflamar las lesiones de acné.
  • Los jabones específicos para acné de venta al público suelen contener ácido salicílico o peróxido de benzoilo, que son eficaces para eliminar la grasa cutánea y disminuir la carga bacteriana, pero también pueden contribuir a secar e irritar más la piel. Deben usarse tras la indicación específica del médico. 
  • Limpiar la piel lo antes posible después de hacer deporte u otras actividades que pueden causar mucha sudoración. Evitar la equipación deportiva que pueda estar empeorando el acné (hombreras, casco, cintas, etc).
  • Usar maquillaje, hidratantes o crema solar que tengan una etiqueta conforme son ‘no-comedogénicos’.
  • Es muy importante evitar manipular, tocar o explotar los ‘granitos’, dado que esto puede retrasar la curación de las lesiones y dejar cicatrices permanentes o puntos negros. 
  • Evitar productos faciales u otros tratamientos que eliminen o limpien los poros. Manipular la piel de esta forma puede empeorar el acné y conllevar infecciones cutáneas graves y/o cicatrices. Además, aumenta la probabilidad de que la piel no tolere las medicaciones para el acné.

Cómo aplicar los tratamientos tópicos para el acné

A continuación, proporcionamos unos consejos básicos para el uso de los tratamientos tópicos para el acné:

  1. Aplicar la medicación sobre la piel limpia y seca. Dado que los medicamentos tópicos incrementan la sequedad cutánea, es preferible esperar entre 15-20 minutos tras la limpieza facial para aplicar los tratamientos, disminuyendo así la posibilidad de irritación de la piel.
  2. Aplicar el tratamiento tópico de forma uniforme en toda la cara y no exclusivamente en las lesiones. Los tratamientos tópicos funcionan evitando la aparición de nuevos brotes de lesiones, por lo que es importante distribuir el medicamento en toda la zona afecta.
  3. Constancia: emplear la medicación a diario o según las indicaciones del dermatólogo. Los tratamientos no funcionan de un día para otro, pueden necesitar semanas o meses en funcionar.
  4. Si el tratamiento produce excesiva sequedad o descamación, se puede aplicar a días alternos o cada dos o tres noches. La piel se irá adaptando progresivamente y finalmente se podrá usar a diario. 
  5. Se pueden emplear emolientes, maquillajes y fotoprotectores además del tratamiento tópico. El tratamiento debe aplicarse primero y posteriormente la crema hidratante o el fotoprotector. Es especialmente importante el uso de fotoprotector mientras se usa un retinoide tópico, oral o antibiótico oral dado el aumento de sensibilidad al sol. 
  6. No dejar el tratamiento cuando las lesiones mejoran. El acné mejora debido a la medicación y continuar el tratamiento es la mejor estrategia de prevención y tratamiento posible.
Laura Serra

Laura Serra

Dermatóloga pediátrica. Servicio de Dermatología Pediátrica.

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