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Jorge y la golondrina

Jorge y la golondrina
28/07/2010
Consultores: 
Jordi Rosell

El Observatorio FAROS publica un cuento escrito por un padre de un paciente del Hospital San Joan de Déu, en el que se potencia el valor de la amistad, en este caso, entre un niño ingresado y una golondrina que visita a menudo la ventana de su habitación.
Había una vez un niño que nació, como dice la canción, “hacia el veinte de marzo”, justo cuando empezaba la primavera, se veían las primera flores y las hormigas salían en fila del hormiguero en busca de los primeros alimentos. Jorge,  el protagonista del cuento, vino al mundo con un corazón muy pequeño, un corazón que no estaba acabado de hacer. Por eso estaba en un hospital. Allí conoció a muchos amigos y todos tenían cosas sin acabar: Ana era muy pequeñita, Luís era todo rojo, Pol era muy blanquito y se pasaba el día con unas gafas de sol, Ismael siempre pedía azúcar. Todos tenían algo especial

De repente, un día, apareció una golondrina que venía de tierras lejanas,  y que volaba cerca del hospital. Ella y Jorge se dieron cuenta que tenían algo en común: a la golondrina también le faltaba alguna cosa. El año anterior, cuando se había ido porqué empezaba a hacer frío, dejó su casa encima de la ventana del hospital; ese lugar le gustaba mucho, pues siempre veía a niños pequeños que entraban tristes y salían muy contentos; además, todos los médicos y enfermeras cuidaban muy bien los niños. También había payasos y los viernes dos chicas pasaban por las habitaciones con guitarras, flautas y un carro lleno de instrumentos raros y hacían música para los niños. Pero este año, cuando llegó a la ventana del hospital, no encontró su casa. Volando y cantando, la golondrina empezó de nuevo su nido al lado de la ventana donde el pequeño Jorge estaba durmiendo.

Muy pronto, Jorge y la golondrina se hicieron amigos. Mientras la golondrina volaba y cantaba, Jorge la iba mirando y escuchando. Poco a poco, el nido de la golondrina se iba haciendo más y más grande, de la misma manera que Jorge y sus amigos iban creciendo. Pasaron días y semanas hasta que una mañana, un médico despeinado se llevó al pequeño Jorge para ver qué forma tenía su corazón y así arreglarlo para siempre

Entonces las horas se hicieron muy largas y por fin el médico despeinado salió y explicó a sus padres que el pequeño corazón de Jorge se había curado y que en pocos días podría ir a su casa con sus hermanas Ana y Mireia. Ese día todos fueron felices. ¡Ya podían salir juntos del hospital y volver a casa! Entonces la golondrina, que lo estaba viendo todo desde la ventana, salió a despedirse de su amigo Jorge, cantando y volando. El niño, contento, miró hacia arriba y vio por fin que la golondrina había terminado su nido; un nido con la misma forma del pequeño corazón que le habían hecho al pequeño Jorge.

Y la canción de la golondrina decía: “Adiós Jorge, que seas feliz con tu nuevo corazón, ven a verme cuando quieras, siempre seremos amigos”. Y... colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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