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¡Abrázame, por favor!

¡Abrázame, por favor!
28/02/2011
Consultores: 
Eva Santana

Abrazar permite compartir la alegría o consolar a alguien que esté triste. En este cuento Mila nos explica cuando le gusta abrazar a alguien y cuando no.
A Mila le gusta abrazar a su padre cuando se sienta al sofá con el periódico. Se acurruca a su lado, apoya la cabeza en su regazo, debajo del periódico y le abraza la cintura. Debajo de las hojas del periódico y con el calor de la barriga de su padre, le gusta imaginar que está en una cabaña y que fuera llueve mucho, pero que ella está dentro, bien calentita. Casi más que ninguna otra cosa le gusta abrazar a su madre el día que se ha podido escapar antes del trabajo y la recoge a la salida de la escuela. Baja corriendo por la rampa del patio y se deja caer en sus brazos. ¡Eso sí que la hace feliz!

También abraza a su abuela cuando le hace croquetas. La vez que ha abrazado a su abuelo más fuerte fue el día que le enseñó a ir en bicicleta. ¡Cuánta paciencia tuvo el abuelo! Mila también abraza a sus compañeros cuando alguien del equipo marca un gol. Se abrazan, saltan y gritan como locos. ¡Son tan amigos y se divierten tanto!
Sin embargo, a veces necesita abrazar a su madre cuando está triste o tiene ganas de llorar. Cuando se ha enfadado con su padre, siempre abraza a Moll, que tiene unas orejas enormes y la escucha atentamente sin decir nunca nada. Cuando tiene frío, miedo o está tan nerviosa necesita estrecharse a alguien bien fuerte.

Pero a Mila no le gusta nada cuando su madre, sin avisar, la estrecha tan fuerte que no puede respirar; o que la abuela, contenta de verla, la abrace con las manos aun mojadas de lavar los platos; ni que el abuelo la envuelva con sus brazos gigantes que huelen a pipas, ¡ecs! Pero lo que menos le gusta es cuando tía Carmen, a quién casi no conoce, la abraza entre sus pechos y la aplasta, dejándole las mejillas rojas de pintalabios.

Sin embargo, hoy su madre estaba triste y ha abrazado a Mila, que estaba haciendo otra cosa. Por eso no se ha dejado abrazar y le ha dicho a su madre: “¡Ay, mama, déjame!”. Y ella le ha dicho: “Los abrazos son como los regalos, Mila: es muy bonito recibirlos, pero es mejor darlos”.

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