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"Cuando los padres sobreprotegemos es porque estamos llenando un vacío”

18/12/2012

En esta entrevista, Eva Bach, pedagoga, maestra, escritora y columnista nos explica cuáles son los efectos cuando los padres sobreprotegen a sus hijos.

Hablemos sobre la sobreprotección, Eva. ¿Por qué algunos padres sobreprotegen a sus hijos?

Cuando los padres actuamos sobreprotegiéndoles es porque estamos llenando un vacío. Muchos padres dicen que sus hijos son lo más grande que les ha pasado en la vida y, a partir de ahí, les sobreprotegen porque no quieren romper el hilo que los une. Debemos decir a nuestros hijos "¡atrévete!", pero eso sí, de una forma prudente.

Cuéntenos qué síntomas presenta un niño o niña sobreprotegido.

Son dos síntomas muy contrarios. Por un lado, hay niños que no son capaces de dar ningún paso por ellos mismas y que tienen miedo. Por el contrario, hay otros que hacen todo lo contrario: actúan con cierta prepotencia, creen que tienen ciertos derechos y que pueden mandar sobre los padres. Para ellos no existen los límites, por lo que su actitud es desafiante hacia los adultos que les rodean.

«Los niños sobreprotegidos pueden ser personas poco útiles para la vida»

¿Qué pasa con los que tienen miedo cuando llegan a la adolescencia?

Si mantienen el miedo, la inhibición y la indecisión, sufrirán problemas de socialización y de autoestima. También experimentarán dificultades para materializar sus deseos y las relaciones con los amigos o compañeros no les serán nada fáciles.

¿Cómo se sentirán estos niños cuando sean adultos?

Con mucha angustia y gran desconfianza porque creen que el mundo de fuera es peligroso y amenazante, y por este motivo, no estarán disponibles para enfrentarse a diferentes situaciones, como las relaciones de pareja, por ejemplo. Se podría decir que pueden convertirse en personas poco útiles para la vida y que no sabrán disfrutar de la felicidad.

«La sobreprotección puede provocar adolescentes desafiantes»

¿El niño o niña que se vuelve desafiante es el otro efecto de la sobreprotección?

En la adolescencia todos los comportamientos se acentúan, así que el de los niños desafiantes también. En este caso podríamos predecir el paso hacia el adolescente tirano, que pone trabas o se queja de todo. Si alguien habla, le interrumpe o se muestra agresivo en su actitud. Debemos estar alerta porque estos son los líderes que lo son por miedo más que por respeto.

«Si vemos a nuestro hijo como un inútil, no le podremos ayudar»

Si un padre o madre se da cuenta demasiado tarde que ha sobreprotegido a su bebé, ¿qué puede hacer si ya es adolescente?

A menudo ponemos una etiqueta a nuestro hijo y esto no nos deja ver ninguna otra realidad. Si consideramos este hijo como un monstruo o un inútil, ya no tendremos la actitud necesaria para poder ayudarle. Hay que hacer un esfuerzo como madres, padres, y también como profesores, para descubrir la otra parte humana de estos líderes desafiantes y de sus familias. Es probable que estos chicos sientan mucho miedo y que estén sufriendo. Estos adolescentes se han hecho esclavos de esa imagen y no saben cómo salir adelante.

¿Qué hacemos si nuestro hijo o hija tiene miedo de todo?

Para el niño que tiene miedo también debemos aprender a descubrir su otra parte. La parte de frustración y de baja autoestima que llevan dentro, e incluso la agresividad latente, puede provocar que estos adolescentes o adultos un buen día sorprendan a todos con una brutal explosión de agresividad. Como madres y padres debemos ser conscientes del problema y, a partir de ahí, trabajarlo.

«Un niño sobreprotegido no sabe utilizar los recursos que le dan»

¿Y como maestro?

Si somos profesores, tenemos que ayudar a la familia a ser consciente del problema, con delicadeza y sutilidad. Ante una burla, estos niños se ponen a llorar de una forma exagerada debido a su pánico. Esta reacción es la de alguien que no sabe expresar las necesidades más elementales, siendo incapaz de decir "no me trates mal, no me gusta". Estos niños dejan de hacer cosas que les gustan por miedo a hacer el ridículo, como el deporte. Son criaturas que se difuminan, que no tienen recursos para la vida. Si le das recursos a una criatura normal, ésta actúa, pero el niño que tiene miedo, porque está sobreprotegido, no sabe usar los recursos que se le dan y eso es algo patológico.

¿Qué estrategias podemos usar con el hijo que nos desafía?

A veces los padres usamos los hijos o hijas para mejorar nuestra imagen o como una proyección de lo que nosotros no nos hemos atrevido a hacer. Quiero decir que estamos orgullosos de que nuestro hijo sepa cómo plantar cara porque nosotros no nos hemos atrevido nunca a plantar cara a nadie hasta que llega el día que el niño nos planta cara a nosotros. A menudo, los hijos son el reflejo de los sueños incompletos de los padres. Por las expectativas que hemos puesto sobre los hijos se ha producido un exceso de derechos y una merma de deberes.

¿Quizás hemos alterado el orden?

También es un desorden que los padres estén por encima de los maestros, porque padres y maestros deben estar al mismo nivel. En la escuela mandan los maestros y en casa mandan los padres.

¿Interferimos padres y maestros en nuestras respectivas tareas?

Como padre, es contraproducente decir a los maestros lo que deben hacer en la escuela. De hecho, ¡es un desastre hacerlo! Es por este mismo motivo que los maestros no pueden decir a los padres lo que hay que hacer en casa. Sin embargo, si no respetamos los maestros de nuestros hijos, les desautorizamos.

Entonces, ¿cómo debe actuar un maestro?

Los profesores sólo podemos hacer recomendaciones: "si quieres, y si puedes, sería bueno que hicieses eso porque le irá muy bien a tu hijo. Pero entenderé que no puedas hacerlo”. Tenemos que ver de forma amorosa lo que hacen los padres. A menudo, como maestros juzgamos todo lo que no se ajusta a nuestros ideales pedagógicos. Debemos pensar que la manera de actuar de aquellos padres quizás funciona y que lo hacen con el corazón.

«Un maestro debería poder decir “puedes contar conmigo"»

Ya, pero algún padre ha llegado a gritar a algún maestro...

Cuando un padre grita a un maestro es porque se ha sentido cuestionado y quiere demostrar que quiere mucho a su hijo. Pero el maestro le debería poder decir "puedes contar conmigo" de diferentes maneras. Muchos padres trabajamos muchas horas y sentimos remordimientos. Muchas veces tenemos la sensación de que no dedicamos todo el tiempo que necesitan nuestros hijos. El reto es buscar maneras sencillas de que los niños sepan que estamos pensando en ellos, aunque estemos en el trabajo.

«Hacemos cosas espectaculares para demostrar que amamos a los hijos, como pelearnos con el profesor»

¿Cómo se lo podemos hacer saber?

Hemos perdido de vista lo esencial. Se han perdido los vínculos y llegamos a hacer cosas espectaculares como pelearnos con el maestro en vez de poner en práctica pequeños gestos, como dejar una nota en la mesa del niño que ponga "estoy trabajando pero pienso en ti". O aquel padre que llegaba muy tarde de trabajar, cuando el niño ya dormía, y que cada noche le hacía un nudo en la sábana para que cuando el pequeño se levantare supiera que había estado con él un rato por la noche, dándole un abrazo y un beso. Es más fácil eso que montar la gran riña para demostrar a tu hijo que le quieres, ¿no?

«Pienso que a partir de ahora es cosa tuya entenderte con el maestro»

Ante nuestro hijo, ¿cómo debemos rectificar si siempre que hemos intervenido lo hemos hecho contra el maestro?

Le podemos decir que ahora lo vemos de otra manera y que ya no actuaremos como antes (no nos estamos refiriendo a equivocaciones). Por ejemplo: "pienso que a partir de ahora es cosa tuya entenderte con el maestro". Sólo si tuviésemos constancia de actitudes delictivas o vejatorias, deberemos actuar. A nuestro hijo le tenemos que plantear como un reto el hecho de esforzarse para entenderse con alguien que no es de su agrado.

Esta es una entrevista realizada por La Granja, Granja Escuela que se dedica íntegramente a la educación y a la enseñanza de niños y jóvenes en edad escolar a través de las emociones.


La Granja contesta:

«¿Qué puedo hacer para no sobreproteger a mi hijo/a?»

Cuando tenga 2 años, dile que ya puede atarse solo la chaqueta. Cuando tenga 3, ya le toca saber ponerse los zapatos. Con 5 es lo suficientemente mayor para hacerse la cama. Con 6 está preparado para hacerse el bocadillo de la merienda... y con 11 ya puede cocinar la cena para toda la familia dos veces a la semana. Ponle una pequeña contrariedad diaria: tu hijo se sentirá orgulloso y le subirá la autoestima. Y vosotros, los padres, ¡os sorprenderéis de todo lo que puede llegar a hacer!

Cuando eduques a tu hijo piensa que tienes dos papeles, el de padre/madre y el de entrenador/a. El padre/madre se encarga de amarlo haga lo que haga y de mimarlo (lo que no significa lo mismo que consentirlo) con el objetivo de que se sienta muy querido y aceptado tal como es. El entrenador se encarga de prepararlo para la vida enseñándole las habilidades que crea que necesita (capacidad de esfuerzo, responsabilidad, empatía, trabajo en equipo, fortaleza interior...). Ya sabes que para aprender, por ejemplo, el concepto de " responsabilidad" sólo hay una manera, y esta es dándole responsabilidades. Hazlo así con todas las habilidades que consideres convenientes.

Ten en cuenta que un buen entrenador es duro pero, si tiene claros sus objetivos, ¡los logrará!


 

 

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