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Vitamina D en la infancia: recomendaciones sobre alimentación y exposición solar

23/08/2017

La vitamina D es una sustancia imprescindible en el funcionamiento de nuestro organismo. Su papel más conocido es el de la regulación del metabolismo del calcio y del fósforo, de ahí su importancia en la mineralización del esqueleto. No obstante, cada vez se conoce más su influencia en el funcionamiento de otros órganos y sistemas, como el cerebro y el sistema inmune, y la implicación de su déficit en enfermedades como el cáncer.

La vitamina D de nuestro organismo tiene dos orígenes. Por una parte, se sintetiza en las células de la piel mediante la exposición a los rayos ultravioleta de la luz solar. Por otra parte, la vitamina D se encuentra en algunos alimentos de nuestra dieta habitual. Tanto si el origen es la piel (endógeno) como la dieta (exógeno), la vitamina D necesita activarse, primero en el hígado y después en el riñón, para poder desempeñar sus funciones sobre el metabolismo. De ahí que en niños con algunas enfermedades crónicas, sobre todo aquellas que afectan al funcionamiento de los riñones, puedan observarse los efectos de un déficit de vitamina D. 

La producción de vitamina D en la piel depende de varios factores, entre ellos el color de piel. Las razas de color más oscuro (con mayor concentración de melanina en la piel) presentan una defensa natural frente a los rayos ultravioleta que, por contra, dificulta que estos alcancen las células en que se produce la vitamina D. Aparte del color de la piel, la producción de vitamina D varía según la edad y la radiación solar (variable según la localización geográfica y la época del año), la aplicación de protectores solares y el tiempo de exposición solar.

Esta variabilidad, unida a que las recomendaciones sobre exposición solar podrían entrar en conflicto con las recomendaciones de evitar la misma en niños, sobre todo en menores de un año, hace que se plantee que el aporte dietético es la estrategia preventiva más razonable para evitar un estado carencial. 

En cuanto a la vitamina D exógena, aportada por los alimentos, existe un consenso en que las necesidades diarias de vitamina D son de 400 UI/día para lactantes (niños menores de un año) y de 600 UI en niños de más de un año.

En la tabla que figura a continuación se indican algunos alimentos de nuestra dieta habitual y su contenido en vitamina D en UI (unidades internacionales). En la tabla de composición de algunos alimentos podemos encontrar que la concentración de vitamina D figura en microgramos, por lo ha de tenerse en cuenta que un microgramo equivale a 40 UI de vitamina D.

Tomado de: Misra et al. Deficiencia de vitamina D en los niños y su tratamiento: revisión del conocimiento y las recomendaciones actuales. Pediatrics (Ed esp). 2008;66(2):86-106.
 
Teniendo en cuenta estos factores, los principales grupos de riesgo de padecer un déficit de vitamina D en la infancia son:
  • Lactantes que toman leche materna, hijos de madres vegetarianas o que por razones culturales o religiosas viven con escasa exposición a la luz solar.
  • Lactantes prematuros.
  • Niños con enfermedades crónicas que afectan al metabolismo de la vitamina D (insuficiencia renal o cardiaca) o con enfermedades que precisan protección de la luz solar, como el lupus o el xeroderma pigmentoso.
Por eso en algunos grupos de riesgo como los arriba indicados, en las revisiones médicas (ya sean las del niño sano o las de niños con enfermedades crónicas) ha de revisarse la pauta de alimentación y, en algunos casos, suplementarse con vitamina D. En caso de precisarse, existen preparados que contiene exclusivamente esta vitamina, sin necesidad de tener que recurrir a multivitamínicos.
 
Por último, es importante tener en cuenta que la sobredosificación de vitamina D aportada por los alimentos o por suplementos vitamínicos tiene efectos indeseables y debe prevenirse. 

 

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