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Viajar por las islas griegas con un bebé de 3 meses, ¿y por qué no?

14/09/2012

Coincidiendo con el final de las vacaciones, uno de los miembros del Observatorio FAROS quiere compartir con todos los lectores su experiencia personal en su primer viaje como padre de un bebé de apenas 3 meses por las islas griegas. Además nos da algunos consejos que, desde su punto de vista, pueden ser muy prácticos.

Esta es quizá una entrada poco convencional como artículo de conocimiento del Observatorio FAROS, en el que siempre publicamos estudios y noticias propias de trabajos científicos, noticias de actualidad o artículos de profesionales de la salud del niño y del adolescente.

Pero en este caso, y a raíz del fin de las vacaciones de verano, hemos creído interesante explicar la experiencia personal de uno de los miembros del Observatorio en su viaje a las islas griegas con su bebé de apenas 3 meses en pleno mes de agosto. ¿Y por qué lo hemos creído así? Primero porque, como expertos en la gestión del conocimiento sobre temas de salud infantil, hemos constatado que hay poca información sobre viajar con bebés aparte de las recomendaciones más básicas que uno puede encontrar en la red y, por otro lado, para animar a aquellos padres y madres a superar los mitos que van asociados al viajar con bebés y que a menudo se perciben más como un problema que como unas vacaciones. Además, creemos que explicar una experiencia personal puede ser mucho más enriquecedor para nuestros lectores.

La decisión de seguir viajando

A aquellos a los que les gusta mucho viajar y que esperan cada año las vacaciones para colgarse la maleta a la espalda y visitar otros lugares y culturas, entenderán que cuando nació nuestra hija Jana a finales del pasado mes de mayo, una de las mil preguntas que nos hacíamos es dónde iríamos de vacaciones en agosto. Aún no hemos cumplido 30 años y, aún con un bebé, no podíamos imaginarnos quedarnos en casa durante todas las vacaciones.

No obstante, antes de comprar un billete, y para no dejarnos llevar por ningún impulso de inconsciencia o incluso egoísmo, decidimos esperar a ver cómo se comportaba: si dormía bien, comía bien, como se relacionaba con su entorno, etc. Una vez nos acostumbramos a su presencia y a sus necesidades, y tras conocer su día a día, nos vimos ya capacitados para planificar nuestras vacaciones.

El primer paso fue buscar información en la red sobre el tema, sobre qué debíamos tener en cuenta, adónde podíamos ir, etc. y aunque sí que hay información que anima cada vez más a los padres a irse con sus bebés de viaje, ésta no respondía a nuestras inquietudes, ya que entraba poco al detalle y las recomendaciones eran muy básicas. Decidimos pues consultar con personas de nuestro ámbito más cercano y cuál fue nuestra sorpresa cuando todo el mundo nos contestaba con otra pregunta: ¿De viaje? ¿Con un bebé de 3 meses? ¡Estáis locos o qué! Como mucho nos recomendaban irnos a algún sitio cerca de casa, alquilar un apartamento y salir a pasear por las tardes con el cochecito. Nada de grandes trayectos, días de playa o culturas exóticas.

Sin ánimos de ofender a nadie de nuestro entorno decidimos probar suerte con las islas griegas. Era evidente que Jana condicionaba en gran medida el destino: no podíamos elegir irnos a lugares con enfermedades epidémicas o en conflicto, y para dar un poco de respiro a nuestra familia, nos quedamos en Europa. No obstante, ya avanzo que estoy convencido de que podríamos haber ido a multitud de sitios de cualquiera de los cinco continentes.

Aún así, antes de comprar los billetes, consultamos con nuestro pediatra y él también nos respondió con otra pregunta: ¿Qué no tienen hijos los griegos? ¡Ésa era la respuesta que queríamos oír!, así que por la tarde ya teníamos los tres billetes para irnos. ¡Primera parada: Santorini!

Ya en el aeropuerto de Barcelona, en la puerta de embarque, las miradas nos seguían con curiosidad. Seguro que pensaban: ¿Dónde van estos con un bebé tan pequeño a Santorini? Incluso llegamos a pensar si nos estaríamos equivocando, pero al contrario, ha sido un viaje único, lleno de grandes momentos y lo mejor: sin ninguna complicación importante.

El día a día por las islas

Nuestro viaje duró 15 días y visitamos en total ocho islas más Atenas, la capital. Para viajar más cómodamente nos llevamos el cochecito de la niña con su pequeña maleta con lo más imprescindible y una maleta con la ropa de los tres. Tampoco podíamos ir muy cargados. Lo que íbamos necesitando lo comprábamos por el camino: pañales de recambio, toallitas, etc. Además, nos llevamos la mochila portabebés, que nos fue muy bien para aquellos lugares donde el cochecito era más un problema, como por ejemplo a la hora de visitar ruinas o ir por calles muy empinadas.

En algunas islas alquilamos un coche, claro está, con una sillita de bebés. Actualmente, la mayoría de agencias de alquiler de coches te dan la opción de pedirla y además por pocos euros más. Disponer de coche nos daba mucha más libertad para movernos y decidir qué visitar. Aunque nosotros no somos mucho de playa, las playas del Mar Egeo son espectaculares, así que allí donde había un poco de sombra nos poníamos con Jana y nos íbamos turnando para darnos un baño. Hay que reconocer que lo más pesado del viaje fue la logística del cochecito: ahora vamos en coche, a plegar el cochecito, ahora visitamos aquello, a desplegarlo otra vez, y así varias veces. Además, en ocasiones teníamos que interrumpir su sueño, esto quizá era lo más molesto, pero ella, hay que decir que nunca se molestó, es más, ¡encima nos reía cuando la despertábamos!

Respecto a la salud, que en definitiva es lo que condiciona más las decisiones del viaje, como antes de venir nos habíamos leído la guía de viaje, ya sabíamos en qué islas había hospitales y/o centros de salud y teníamos apuntados los teléfonos en la guía por si teníamos alguna urgencia. Como ya he dicho, ¡no queríamos pecar de imprudentes! Además con el iPad, el griego no era ningún problema, ¿Conocéis la aplicación Universal Doctor Speaker? Te traduce a varios idiomas síntomas y otros conceptos de salud. Por suerte no tuvimos que precisar ningún médico. En este sentido, es básico llevarse un pequeño botiquín con lo más necesario.

Otro tema que teníamos que tener en cuenta era el calor: de media unos 30ºC y a menudo superando los 40ºC. Está claro que no es la mejor opción para un bebé de 3 meses, pero hay muchas soluciones y alternativas para no tostarse bajo el sol. Una es aprovechar las primeras horas de la mañana para visitar ruinas, pueblos, etc, pues hace menos calor y además te ahorras los empujones de las manadas de turistas. Otra es aprovechar las mil terrazas y bares que hay por todas las islas, que aunque es un poco caro, siempre hay un buen momento para refrescarse y descansar. Lo que es muy útil es llevar una pequeña sombrilla para el cochecito para que no le vaya el sol directamente y siempre cubierta de crema protectora solar. De hecho, creo que los tres hemos vuelto más pálidos de lo que nos fuimos. Y para hidratar la niña, aparte de la leche materna, también van bien unos espráis de agua o toallitas húmedas para refrescarle la piel.

Por último, el tema de la comida no fue para nada ningún problema. Jana se alimenta exclusivamente de  lactancia materna y en ningún momento hubo ningún problema para darle el pecho. La hospitalidad griega en este caso fue un punto a favor ya que siempre nos facilitaron algún espacio más reservado para que Jana pudiera comer tranquilamente. Y en aquellos casos en que no era posible, el hecho de mamar en público no fue ningún problema ni incomodidad.

En definitiva…

En definitiva, sin querer parecer unos padres innovadores (ya que no somos los únicos padres que viajan con bebés tan pequeños, aunque es verdad que no vimos ninguno tan pequeño en nuestro viaje), nuestra experiencia ha sido muy positiva. Claro está que cada bebé es todo un mundo y hay que confesar, Jana en general se porta muy muy bien (un factor básico para viajar). Creemos que los puntos clave son una buena planificación, sentido común, paciencia, y ganas de pasarlo bien. Además, una de las ventajas de viajar con niños tan pequeños es que te “obligan” a pasar el primero en las colas y además te invitan a multitud de cosas y ¡encima te hacen regalos! Incluso en alguna ocasión se nos ofrecían como canguro… pero, como he dicho, hay que tener sentido común.

Como conclusión final: un viaje con un bebé es sin duda un reto ¡pero vale mucho la pena! Por lo menos, ¡hay que probarlo!

A.T.R
Miembro del equipo técnico del Observatorio FAROS

El Observatorio FAROS recomienda una lista de las cosas básicas que hay que tener en cuenta a la hora de viajar con bebés:

  • Una buena planificación del viaje para ahorrar contratiempos
  • Pedir previamente al alojamiento de destino la posibilidad de tener una cuna para el bebé
  • Llevar un botiquín de primeros auxilios
  • Llevar lo más indispensable posible. Según el sitio elegido se podrán comprar muchos artículos una vez en el destino: pañales, toallitas, leche, papillas, etc.
  • Si se alquila un coche pedir previamente una sillita para bebés
  • Disponer de una lista de los hospitales y centros de salud del lugar de destino
  • Contractar los seguros de viaje necesarios y llevar la cartilla de vacunaciones
  • Llevar la ropa más adecuada según si es un lugar frío o cálido
  • Proteger al bebé del sol e hidratarlo

El consejo más importante es recordar que debemos adaptarnos a las necesidades del bebé y procurar que esté siempre en las mejores condiciones para que él y toda la familia puedan disfrutar de unas buenas vacaciones.

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