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Vértigo durante la infancia: causas y tratamiento

25/04/2018

¿Qué es el vértigo y cómo se manifiesta en niños?

Se conoce como vértigo a la sensación de que los objetos de nuestro entorno giran a nuestro alrededor y de que nos encontramos inestables. Es, por tanto, algo subjetivo, que expresa la persona que los padece y que no puede objetivarlo otra persona. En el caso de los niños pequeños, que no saben o no pueden describirlo, suele manifestarse en que parecen asustados y se agarran a sus padres. 

Se acompaña de desviación de la marcha, de movimientos de los ojos en forma de sacudidas horizontales, náuseas, palidez, sudoración fría y vómitos. 

Es importante diferenciar el vértigo de los mareos (en los que suele haber inestabilidad) y de los síncopes o lipotimias (en los que hay pérdida de conciencia y del tono postural), que tienen otras causas. 

¿Cuáles son sus causas?

El vértigo se produce por la afectación del órgano del equilibrio, que consta de tres partes: el laberinto, que es el receptor situado en el oído interno que indica a nuestro cerebro la posición de nuestra cabeza respecto al suelo, los nervios (vestibulares) que conducen los estímulos a los núcleos del cerebro encargados de procesarlos (núcleos vestibulares) y elaborar una respuesta apropiada. 

Existen múltiples causas que pueden afectar a cualquiera de estas estructuras y producir vértigo, bien de forma aguda (un episodio único con recuperación posterior completa) o bien crónica recurrente (varios episodios a lo largo del tiempo). En ocasiones, la afectación del oído interno puede producir otros síntomas, como pérdida de audición o acúfenos (sensación de escuchar un ruido cuando en realidad no lo hay). 

Dado que las causas son muy variadas y que cada una de ellas presenta un pronóstico y un tratamiento diferentes, es importante que en caso de presentar síntomas de vértigo la familia consulte con su pediatra para orientar la causa, valorar el tratamiento más adecuado y la necesidad de ser valorado por el otorrinolaringólogo. 

Aparte del tratamiento de la causa que lo produzca, el tratamiento común a todos ellos suele ser el de los síntomas, con reposo en cama, evitar movimientos bruscos de la cabeza y el uso de fármacos antivertiginosos en función de la edad del niño y de la intensidad del vértigo, las náuseas y los vómitos: difenhidramina (Biodramina®), tietilperazina (Torecan®), sulpiride (Dogmatil®), metoclopramida (Primperan®), ondansetrón (Zofran®)…

En este artículo nos referimos a una de las causas de vértigo más frecuente en niños, el vértigo posicional paroxístico benigno. 

Vértigo paroxístico benigno

Se trata de un tipo de vértigo recurrente que aparece en niños menores de cinco o seis años. Produce episodios repetidos de crisis de vértigo que aparecen de forma brusca y  en los que se muestran incapaces de mantener su postura, se agarran a la persona que se encuentre cerca de ellos y se muestran aterrorizados.

No presentan pérdida de conciencia ni del tono postural (no se desmayan), a diferencia de los síncopes o lipotimias. La crisis de vértigo no suele durar más de un minuto, no presentan otros síntomas de afectación del oído interno como pérdida de audición o acúfenos, ni durante la crisis de vértigo ni entre un episodio y otro. Los episodios se repiten, con mayor o menor frecuencia según el niño, pero tienden a desaparecer con el crecimiento en los primeros años de vida.

Dado que se trata de episodios cortos, salvo en casos en que sean muy frecuentes no está indicado su tratamiento preventivo con fármacos.

 

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