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Trastornos de la conducta alimentaria: factores de riesgo y señales de alerta

29/05/2017

La causa de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) es multifactorial.

En su formación se encuentran involucrados diversos factores biológico-genéticos, factores de vulnerabilidad, características psicológicas, aspectos socioculturales, y estresores ambientales. El peso específico de cada uno de ellos todavía no está bien establecido.

Los TCA suelen iniciarse en la adolescencia, aunque progresivamente se va observando una mayor frecuencia de inicio en la edad adulta e infantil (prepuberal).

Afecta principalmente a la población femenina (aproximadamente, por cada nueve casos de TCA en mujeres se presenta uno en hombres).

Factores de riesgo ante los TCA

  • Factores biológicos: vulnerabilidad familiar. Los estudios realizados en familias muestran una mayor frecuencia de TCA entre los familiares de personas con TCA que entre los controles (personas sin la enfermedad). En el caso de la anorexia nerviosa, la genética parece explicar entre el 60% y el 70% de la vulnerabilidad a padecer el trastorno. 
  • Factores socioculturales: distintos estudios identifican la relación entre TCA y modelos familiares sobreprotectores, rígidos y exigentes, conflictivos, y poco cohesionados. Por otro lado, se encuentran los factores culturales relacionados con el culto al cuerpo, un ideal de belleza excesivamente delgado, la influencia de la moda y de los medios de comunicación, y el impacto de las redes sociales en los jóvenes.
  • Factores psicológicos: se han asociado con los TCA rasgos de personalidad de excesiva rigidez, perfeccionismo, autoexigencia, retraimiento social y baja autoestima, así como una historia personal de dificultades alimentarias.  
  • Acontecimientos vitales potencialmente estresantes: se han relacionado abusos sexuales y/o físicos en la infancia, críticas respecto al físico y antecedentes de crisis vital.

Comorbilidad en los TCA

Las personas que tienen algún trastorno alimentario, a menudo, a su vez presentan otras patologías (comorbilidad). Entre las más habituales encontramos los trastornos del estado de ánimo (40 - 80%), trastornos de ansiedad (10 - 40%) y TOC (40%).

En jóvenes adultos destacan el abuso y dependencia de sustancias, trastornos de la personalidad y trastornos relacionados con el control de impulsos (Guía Práctica Clínica para los TCA, 2009).

Señales de alarma de los TCA

Es importante que padres y otros cuidadores conozcan las señales de alarma relacionados con el inicio de un TCA para poder actuar lo más pronto posible. Son las siguientes:

Signos y síntomas físicos de alarma: 

  • Pérdida de peso en poco tiempo de origen desconocido. 
  • Fallo en el crecimiento normal para su edad y peso. 
  • Cambios de peso bruscos.
  • Trastornos menstruales, pérdida de la menstruación sin razón médica.
  • Osteoporosis. 
  • Hirsutismo o lanugo (forma de pelo o vello corporal muy fino, que crece como aislante de la piel por razón de ausencia de grasa).
  • Hipertrofia parotídea. 
  • Anomalías dentarias. 
  • Callosidades en los nudillos de las manos.

Signos y síntomas conductuales de alarma: 

  • Dieta persistente aunque la persona esté muy delgada.
  • Cambio de hábitos alimenticios (por ejemple volverse vegetariano).
  • Creciente interés por cocinar, ropa y modas. 
  • Desaparecer después de las comidas y encerrarse en el baño. 
  • Tendencia a ocultar ciertas partes del cuerpo con la ropa. 
  • Compra y consumo de productos para adelgazar.
  • Rituales extraños con la comida, como trocearla mucho.
  • Práctica de ejercicio físico excesivo.
  • Obsesión por pesarse continuamente.
  • Aislamiento social. 

Signos y síntomas psicológicos de alarma: 

  • Preocupación extrema por la figura, la dieta y el peso.
  • Comentarios despectivos sobre el propio cuerpo.
  • Distorsión severa de la imagen corporal. 
  • Perfeccionismo e insatisfacción. 
  • Inestabilidad emocional.
  • Aislamiento y preocupación excesiva por los estudios.
  • Irritabilidad.
  • Baja autoestima. 
  • Impulsividad.
  • Aumento de la rigidez y la obsesión.

En caso de observar la familia o la escuela algunas de las señales de alarma descritas anteriormente y que signifiquen un cambio significativo en su normal funcionamiento, los padres se deben poner cuanto antes en contacto con su pediatra o médico de familia para que valore un posible trastorno alimentario.

En caso afirmativo, éste deberá derivarlo, o bien a un Centro de Salud Mental Infanto-Juvenil (CSMIJ) o a una Unidad específica de TCA, para iniciar una intervención terapéutica adecuada para cada caso.

Es de suma importancia una intervención precoz especializada y la colaboración de la familia para una mejor respuesta terapéutica.

Acceso a la fuente de consulta:

Guía para una alimentación infantil saludable y equilibrada. Resolviendo dudas, rompiendo mitos y aclarando conceptos. FAROS Sant Joan de Déu. [Fecha de consulta: 29/05/2017]

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