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Trastornos alimentarios: la prevención en la infancia es clave

16/01/2014

Los trastornos alimentarios como la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa o el trastorno por hartazgo se caracterizan, en general, por una alteración de la conducta ante los alimentos, ya sea por exceso o por defecto. 

Existen diversos factores que los desencadenan, y puede afectar a niños, niñas, mujeres jóvenes y, cada vez más, a adultos. Se consideran graves porque tienen consecuencias físicas, pero también psicológicas y sociales. Los expertos los consideran psicosomáticos, y los engloban en la categoría de trastornos mentales.

Un 11% de los jóvenes españoles está en riesgo de sufrir algún tipo de trastorno alimentario. Así lo indica una estimación realizada por la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia (ACAB), que también ha señalado la franja entre los 12 y los 24 años como la más vulnerable y que puede afectar tanto a personas que ya tengan algún problema en su alimentación como a personas totalmente sanas. Según esta misma entidad, unos 28.000 jóvenes están mostrando en la actualidad alguna conducta de riesgo. Como ejemplo, en Cataluña se atendieron y trataron unos 3.000 casos en 2012.

Las estadísticas se han estancado en los últimos años, logrando, al menos, que el número de casos se estabilice. No obstante, las autoridades sanitarias aún señalan como prioridad que se inicie un descenso de las cifras. 

La familia tiene que estar alerta ante un posible caso. Uno de los principales síntomas es que los hábitos de alimentación se alteran, y la relación del afectado con sus familiares cambia. Además, se produce una desadaptación al entorno de forma paulatina, que puede culminar en un aislamiento de las amistades.

La ayuda terapéutica es necesaria en prácticamente todos los casos. Existen varios tratamientos, aunque todos son a largo plazo y algo complicados. Afortunadamente, eso hace que un porcentaje muy importante de los pacientes se recupere. En el caso de la anorexia nerviosa, se estima que un 77% de los casos llega a la recuperación total, mientras que en un 19 % la enfermedad se cronifica. Asimismo, en lo que respecta a la bulimia nerviosa, un 72,2% de los casos se recupera, mientras que en un 21 % el trastorno se hace crónico.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se trata de un problema de salud que afecta de forma especial a las chicas. Concretamente, apunta que es la tercera enfermedad crónica con más prevalencia entre la población juvenil femenina.

La prevención de los trastornos alimentarios desde la infancia

Una buena educación dietética desde la infancia ayuda a prevenir la aparición de trastornos alimentarios. Además, detectarlos y tratarlos precozmente mejora mucho su pronóstico.

La detección precoz y ponerse en manos de especialistas para seguir un tratamiento adecuado son las mejores armas para combatir los trastornos alimentarios. Sin embargo, es mejor prevenir su aparición tanto en el ámbito familiar, educativo y social. 
 
A continuación se listan algunos consejos para prevenir los trastornos alimentarios ya desde la infancia: 
  • Enseñar a los niños desde pequeños, tanto en casa como en la escuela, la importancia de unos correctos hábitos alimenticios
  • Comer en familia siempre que sea posible, convirtiendo la comida en un punto de encuentro y de reunión para comentar cómo ha ido el día y conversar tranquilamente 
  • Los menús deben ser variados e incluir todos los tipos de alimentos necesarios para una correcta nutrición, limitando el consumo de dulces y postres industriales y comida rápida
  • Ofrecerles verduras y frutas de forma variada
  • Establecer horarios de comida regulares
  • Fomentar su autoestima. Es importante que conozca sus capacidades y limitaciones, y aprenda a sentirse a gusto consigo mismo. Reforzar su autonomía y estimularle para que tenga sus propias opiniones y resulte menos vulnerable a los mensajes de los medios de comunicación y la publicidad. Esto evitará futuros complejos
  • Comentar con el niño estos mensajes sobre estética y alimentación que difunden los medios de comunicación, razonando lo que es cierto y lo que no, y enseñándole a valorar la salud por encima de los condicionamientos estéticos
  • Animarle a practicar ejercicio con regularidad. Es bueno para su salud y le ayudará a mantenerse en forma
  • Facilitar sus relaciones sociales y su participación en actividades extraescolares, excursiones, visitas culturales programadas por el colegio, etc
  • Establecer una buena comunicación dentro del ámbito familiar, para que el niño se sienta seguro

Referencias bibliográficas:

Escriche, E. Un 11% dels joves catalans presenten alguna conducta de risc de patir anorèxia o bulímia. Diari Ara, 11-12-2013.

Els trastorns de la conducta alimentària. Generalitat de Catalunya (Canal Salut: els trastorns de la conducta alimentària).

 

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