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«Si nos preocupa que nuestro hijo pueda tener una variabilidad de género o conductas de género no normativas, es aconsejable consultar al pediatra»

09/11/2017

Actualmente aparecen cada vez más titulares en prensa sobre la identidad de género en la infancia y la adolescencia: ¿Se trata de un fenómeno actual? ¿Qué nos puede hacer pensar o indicar que un menor de edad pueda tener una variabilidad de género? ¿Es lo mismo transexualidad que variabilidad de género?

Estas y otras preguntas nos la responde en esta entrevista el Dr. Sabel Gabaldón, jefe de Sección de Psiquiatría del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona, Máster en bioética y coordinador de la Unidad de Identidad de Género de este hospital.  

Como individuos podemos ser conscientes de nuestra identidad sexual en muchas etapas distintas de la vida, y parece que en la mayor parte de los casos, la condición transexual se descubre en algún momento de la infancia. 

Antes de entrar en detalle porqué parece que actualmente hay más casos de niños o niñas que se identifican con esta condición, nos gustaría esclarecer de qué estamos hablando. Hemos pasado, a lo largo del tiempo y de diversas clasificaciones psiquiátricas, por varios nombres: transexualidad, trastorno de identidad de género y disforia de género.

La transexualidad no es un fenómeno actual ni exclusivo de nuestra sociedad, existe desde muy antiguo y ha estado y está presente en diferentes culturas. Como concepto, el término transexual lo utiliza por primera vez Harry Benjamin en el año 1953, para denominar a los individuos que desean vivir de forma permanente como miembros del sexo opuesto, y la definía como una incongruencia entre el sexo con el que nacieron y el sexo al que sienten pertenecer.

¿Tendríamos que considerar la transexualidad una enfermedad o un trastorno?

La transexualidad es un constructo  que responde a una concepción antropológica y de la existencia normalizadora, que exalta los modelos estándar de perfección y de las normatividades sociales y somete a aquellos que difieren de la mayoría estadística a través de diferentes estrategias como es patologizando las diferencias.

Por estos motivos, se ha considerado una enfermedad y posteriormente un trastorno. Aunque en las últimas clasificaciones médicas se ha intentado evitar el estigma con cambios de denominación. 

Hemos pasado, a lo largo del tiempo por varios nombres: transexualidad, trastorno de identidad de género, disforia de género. Este último criterio aparece en el actual manual de trastornos mentales de la American Psychiatric Association del año 2013, más conocido como DSM-5, en él se define la disforia de género como una “marcada incongruencia entre el sexo que uno siente o expresa y el que se le asigna”, y que va asociada a un “malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, escolar u otras áreas importantes del funcionamiento”.

Debemos despatologizar la variabilidad de género y distinguir entre la no conformidad de género o variabilidad de género y la disforia de género.

Este cambio de nomenclatura hay que entenderlo también por las críticas al diagnóstico y por las presiones desde grupos y asociaciones de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (LGTBI). Estos grupos defienden que la transexualidad no es un trastorno mental, y que este diagnóstico es estigmatizante, por lo que reclaman su salida de las clasificaciones psiquiátricas.

Debemos despatologizar la variabilidad de género y distinguir entre la no conformidad de género o variabilidad de género, que se refiere al grado en que la identidad, el papel o la expresión de género difiere de las normas culturales prescritas para personas de un sexo en particular, y la disforia de género que se refiere a la incomodidad, malestar o sufrimiento causado por la discrepancia entre la identidad de género y el sexo asignado a la persona al nacer.

¿Se sabe cuáles son las causas que desencadenan esta condición?

Se desconocen los factores causales de la transexualidad, aunque parece lo más probable que sea el resultado de la interacción de múltiples factores, biológicos, psicológicos y sociales.

¿Se conoce la cifra de niños/as que tienen variabilidad de género?

No hay datos fiables al respecto. Se utilizan los datos de las personas que acuden a las diferentes Unidades de Identidad de Género, pero hay bastantes sesgos en estas cifras.

En los estudios realizados en diversos países las estimaciones de la prevalencia varían de forma considerable. Hay una estimación de un 6% de los niños y un 11,8% de las niñas entre 4-5 años que en ocasiones tienen comportamientos del sexo opuesto; el 1,3% de estos niños y el 5% de las niñas desean ser del sexo opuesto. Desde los 6 a los 13 años, hay un descenso en la frecuencia en ambos factores para los niños y las niñas.

Actualmente aparecen más titulares en prensa sobre este fenómeno. ¿Se trata de un fenómeno actual?

Ha existido desde siempre y, cada cultura lo vive de manera distinta. En estos momentos hay una mayor visibilidad en nuestra cultura occidental, y una evolución hacia una mayor aceptación social. Desde los diferentes colectivos como el de LGTBI se ha contribuido a esta mayor visibilidad, a su normalización social y se ha puesto énfasis en su despatologización y en el desarrollo de Derechos. 

¿Qué nos puede hacer pensar o indicar que un menor de edad pueda tener una variabilidad de género? 

A partir de los dos años de edad, niños y niñas pueden presentar características que podrían indicar comportamientos de género no normativos o variabilidad de género.

Podemos ver en estos niños y niñas deseos de ser del otro sexo, preferencias por vestidos del otro género. Una marcada preferencia por los juguetes, juegos o actividades habitualmente utilizados o practicados por el sexo opuesto y preferencia por compañeros de juego del sexo opuesto.

Como padres, si nos preocupa que nuestro hijo puede tener una variabilidad de género o conductas de género no normativas, es aconsejable consultar al pediatra. 

En ocasiones, presentan disgusto con la propia anatomía sexual y deseo por poseer los caracteres sexuales tanto primarios como secundarios, correspondientes al sexo que se siente. En los adolescentes jóvenes, un deseo por impedir el desarrollo de los caracteres sexuales previstos.

Habría que comentar que estas situaciones pueden ir asociadas a un intenso malestar, y que por ello es importante la detección precoz y una intervención integral para mejorar su calidad de vida y evitar conductas de riesgo.

En la infancia, si nos preocupa, como padres, que nuestro hijo puede tener una variabilidad de género o conductas de género no normativas, es aconsejable consultar al pediatra. 

¿Qué consecuencias puede tener ignorar estas señales o conductas?

Es adecuado mantener una actitud prudente, pero esto no significa que tengamos que ignorar estas señales ya que se pueden agravar las consecuencias: creando malestar, problemas de identidad, depresión, rechazo escolar y social, etc.

Cabe recordar que las interferencias y el retraso en la ejecución de intervenciones des de todos los aspectos emocionales, de soporte psicológico e intervenciones médicas a nivel hormonal cuando se precisa, pueden llegar a prolongar el malestar y contribuir a una apariencia que podría provocar abusos y estigmatización.

¿Una vez valorado, cuál es la conducta a seguir? 

Pienso que la tarea de los profesionales y de las familias es no adelantarse, no precipitarse a las necesidades e identidades posibles de los niños y jóvenes, no introducir etiquetas que puedan ser erróneas y estigmatizantes, sino escucharles en todo su proceso de maduración, apoyándoles durante su crecimiento y actuando desde la búsqueda del mayor beneficio para los menores.

La variabilidad de género en la infancia no necesariamente continúa en la edad adulta.

A pesar de que la mayoría de adultos trans refieren que ya lo sentían en su infancia, la variabilidad de género en la infancia no necesariamente continúa en la edad adulta. Está descrito que en la mayoría de niños y niñas los comportamientos de género no normativos desaparecerán antes del comienzo de la pubertad.

En la infancia y adolescencia, la evaluación psicológica y el asesoramiento pueden ser instrumentos de éxito en la transición de género en lugar de impedimentos para el ejercicio de la elección. Sin embargo, la evaluación y el asesoramiento no son igualmente valiosos o necesarios para todas las personas. Si es así, estos procesos deben ser opcionales, no obligatorios. 

El papel de psicólogos y psiquiatras debe limitarse a tratar el malestar, si realmente existe, y apoyar en su transición realizando un seguimiento riguroso y continuo del menor y de su familia, hasta el cumplimiento de la mayoría de edad.

Debo insistir en el hecho de que no hay una transición adecuada sin un adecuado apoyo a nivel familiar, escolar y social. 

Las consecuencias en este caso (tratar precipitadamente) podrían acarrearles peores problemas…

Sin duda. Adoptar una actitud prudente,  realizar una valoración adecuada en la infancia, atender las incertidumbres y necesidades en la familia es esencial. Las respuestas deben ser siempre individualizadas ya que no todos los menores trans tienen el mismo tipo de evolución y los mismos patrones de desarrollo. Tampoco existe una evolución lineal, ni todos adquieren una conciencia de su transexualidad a la misma edad, ni toman las mismas decisiones sobre sus vidas, ni todas las rupturas de las normas de género en la infancia o juventud implican una vida adulta trans.

¿Cómo tratar pues estas dos situaciones, los que claramente se identifican con esta situación y los que aún pueden generar dudas sobre su identidad? ¿Cuál es el objetivo/proceso?

Existen protocolos de actuación que nos ayudan, pero siempre se debe individualizar cada caso.

Es un buen referente y una adecuada guía de trabajo el documento realizado por la World Professional Association for Transgender Health sobre Standards of Care: for the health of transsexual, transgender, and gender nonconforming people. Este documento se basa en la evidencia clínica y científica y se actualiza periódicamente, su última revisión se ha realizado en el año 2012. 

En este documento se intenta establecer un protocolo de actuación tanto para adultos como para niños, niñas y adolescentes en lo relativo al apoyo psicológico, valoración de tratamientos frenadores de la pubertad y tratamientos hormonales y, en personas ya mayores de edad, las líneas de actuación para la reasignación quirúrgica de género.

¿Cómo viven estos niños su entorno, en casa, en el cole? ¿A qué tipo de obstáculos se enfrentan a nivel social?

El proceso de aceptación de la identidad sexual no es un capricho, es un camino personal conflictivo al que se le suma una importante presión social, estigmatización, discriminación y en muchas ocasiones violencia, que dan lugar a conflictos y síntomas que hay que contener y tratar. Hay que pensar que la ansiedad, el estrés, el acoso escolar, las agresiones físicas, la violencia sexual,  las depresiones y el suicidio son más frecuentes en este colectivo.

Por estos motivos debemos atender las dificultades de adaptación que se dan en la escuela y que dificultan una vida normalizada; es imprescindible colaborar con los profesionales de los centros educativos con el fin de evitar interferencias en el desarrollo social y académico. 

¿Cuáles son los retos a nivel social? Cuál es nuestro papel como ciudadanos?

En mi opinión, deberíamos poner el foco, no en el individuo que es diagnosticado y patologizado, sino en los dispositivos de control que ejercen violencia contra las personas cuya identidad o expresión de género no normativo cuestionan el sistema de género binario. 

Considero urgentes las intervenciones desde todos los ámbitos: el educativo, el legislativo y el de salud mental para erradicar el rechazo, la violencia y el acoso que pueden recibir estas personas especialmente en etapas de máxima vulnerabilidad como son la infancia y la adolescencia. 

Desde el marco legal, se debería promover la tolerancia social y contribuir a la lucha contra la violencia de género en el espacio público y privado. 

Considero urgentes las intervenciones desde todos los ámbitos: el educativo, el legislativo y el de salud mental para erradicar el rechazo, la violencia y el acoso que pueden recibir estas personas.

Es de desear que estos espacios se conviertan en entornos habitables en los que puedan explorar con seguridad su identidad y expresión de género sin miedo a la violencia.

Pensemos que considerar socialmente la transexualidad como una situación peor y no deseada es la principal causa de discriminación y vulneración de los derechos fundamentales de la persona. El reto es no considerarla una deficiencia, una situación peor y no deseada, y verla simplemente como una diversidad.

Y por último, ¿qué consejos o recomendaciones darías a las familias y niños que están viviendo esto?

Aconsejaría buscar tanto apoyo profesional como de las asociaciones de familiares. Insistiría en la idea de no precipitarse en las decisiones, de no poner etiquetas que puedan ser estigmatizantes, y mantener una actitud de escucha y apoyo con los niñas y niñas durante su proceso de maduración. 

Deben tener en cuenta que muchos niños y niñas rompen con los modelos tradicionales y los comportamientos normativos de género con distinta intensidad.

A veces, sucede durante toda su vida, a veces, sólo durante un período de tiempo más o menos breve. Pero no todos estos niños y niñas serán personas trans cuando sean adultas.

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 Entrevista al Dr. Sabel Gabaldón, jefe de sección de psiquiatría del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona.

Más información:

  • A través de la web del Servicio de Psiquiatría y Psicología y la Unidad de Identidad de Género del hospital.
  • O llamando al +34-932-532-100.

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