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Seis consejos para ayudar a los niños a superar sus miedos y fobias

02/12/2015

El miedo es algo relativamente normal hasta una cierta edad, y los expertos advierten que todos los niños sufren alguno, en mayor o menor medida. ¿Cuándo deja de ser “algo normal” y debemos solicitar ayuda?

El miedo es una reacción fisiológica diseñada por la evolución para eludir situaciones de peligro, inmediato o potencial. Muchos niños expresan temor ante situaciones cotidianas concretas (ir a dormir, quedarse a oscuras, quedarse solo, ir a la escuela…).

Sin embargo el miedo no es igual que una fobia o la ansiedad. Mientras que el miedo suele ser una reacción para ponerse a salvo de un potencial peligro (por ejemplo cuando el niño está cerca de un perro suelto), la fobia se produce cuando no hay nada racional que justifique el temor (por ejemplo: el perro está lejos, atado y aun así se siente una gran angustia hasta que no desaparece del todo del campo visual). Por su parte, la ansiedad va un paso más allá: es un temor que puede dispararse sin una causa concreta, que ni el propio afectado sabría describir con exactitud.

En general, que tu hijo exprese alguna fobia no debe preocuparte. La situación sólo es problemática cuando el terror del niño es desadaptativo, es decir, cuando no hay indicios racionales que justifiquen un miedo muy grande. También puede ser una señal de alerta si, con el paso del tiempo, las fobias no van desapareciendo, aunque sea de una forma progresiva. Su desarrollo en función de la etapa vital suele ser, normalmente, como sigue:

  • Primera infancia (6 meses a 2 años): los expertos consideran que un bebé no expresa miedo propiamente hasta los seis meses. Pueden temerle a los desconocidos e incluso sentir ansiedad ante la ausencia de los padres, pero en general estos miedos son positivos y pueden indicar, incluso, una cierta madurez.
  • Etapa preescolar (2 a 6 años): evolución de los miedos infantiles, ya que hay más estímulos que puedan provocarlos. Pueden entrar en escena estímulos imaginarios y los miedos pueden hacerse algo más abstractos (fantasmas, monstruos, etc.). El miedo a los animales se desarrolla en esta etapa, y puede perdurar como fobia hasta la madurez.
  • Etapa escolar (de 7 a 11 años): los miedos comienzan a ser menos imaginarios y más basados en la realidad. Puede aparecer el miedo a daños físicos, a los accidentes, a los tratamientos médicos, etc. Ocasionalmente pueden empezar a manifestarse el miedo a cosas como no adaptarse socialmente al entorno o a que los padres se separen, si el ambiente familiar no es propicio.
  • Preadolescencia (12 a 14 años): importante reducción de los miedos anteriormente acumulados. En lugar de ellos, toman importancia los relacionados con el fracaso escolar o con el no ser aceptado por otros compañeros.
  • Adolescencia (15 a 18 años): siguen un poco la línea de la etapa anterior, aunque cobran fuerza las preocupaciones por las relaciones personales, y por los logros académicos y deportivos. En cambio, los temores a cosas como el peligro o la muerte que se hayan podido experimentar anteriormente se van diluyendo poco a poco. 

Consejos para hacerle frente al miedo

Ante niños que se desvían de estos patrones, o que pueden sufrir una fobia importante, sigue estas 6 recomendaciones: 
  1. Es fundamental, antes que nada, no reñirles ni obligarles a cambiar de actitud. Si un pequeño tiene fobias es importante que no le hagas sentir mal por ello, y explicarle que el miedo es normal en ciertas situaciones. Por extraño que te parezca su miedo nunca lo ridiculices.
  2. Comunícate con él y analizad juntos la situación con naturalidad.
  3. Poco a poco, id afrontando las fobias juntos. Por ejemplo, si el pequeño teme a los perros, no los evites siempre cuando os crucéis uno por la calle.
  4. Ofrécele tu apoyo y demuéstrale que no tiene por qué tener miedo de una situación cotidiana. Ayúdale a analizar racionalmente que está fuera de peligro.
  5. Ayúdale a que él mismo evalúe su nivel de miedo y proporciónale estrategias para que, poco a poco, vaya venciéndolo (respirar profundamente, pensar en cosas agradables, recordar por qué está fuera de peligro, etc.).
  6. Si estas estrategias no funcionan, la fobia aparenta estar fuera de todo control o las reacciones son desmesuradas, es el momento de pedir ayuda profesional a un psicólogo o psiquiatra.
 
Referencias bibliográficas:
 
Ansiedad, miedos y fobias. KidsHealth, 2011 [acceso: 22 de noviembre de 2013].  
 
Parenting on child’s health: Fears – Young children. Government of South Australia, 2013 [acceso: 22 de noviembre de 2013]. 
 
Los miedos infantiles. Psicodiagnosis: psicología infantil y juvenil, 2013 [acceso: 22 de noviembre de 2013]. 
 
 

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