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Púrpura en niños, una enfermedad que se manifiesta por un sangrado de la piel

06/06/2017

La púrpura es una manifestación común a un grupo de enfermedades, que se manifiestan por un sangrado de la piel que le otorga un color púrpura característico. 

¿Cuáles son sus causas más frecuentes?

Es importante saber que en la púrpura el sangrado en la piel es espontáneo, se produce sin traumatismo previo, para diferenciarla de los hematomas que habitualmente presentan los niños sanos en zonas de traumatismos frecuentes, como rodillas, cara anterior de las piernas (“espinillas”) o codos. 

Sus causas más frecuentes son las vasculitis (enfermedades que inflaman los vasos de la piel) y la trombocitopenia (enfermedad que produce un descenso de las cifras de plaquetas).

Púrpura de Schönlein-Henoch

En cuanto a las vasculitis, la más frecuente en niños es la Púrpura de Schönlein-Henoch (PSH). Si bien su causa concreta se desconoce en muchos casos, en algunos niños que la padecen existe el antecedente reciente de una infección de vías respiratorias superiores por estreptococo pyogenes, lo que lleva a pensar en un posible mecanismo inmunológico desencadenado por dicha bacteria. 

Se manifiesta por la aparición de manchas elevadas de color violáceo (“púrpura palpable”). Aunque pueden aparecer por todo el cuerpo, predominan en los miembros inferiores. En la piel también puede producir edema (retención de líquidos) en manos, pies y en los párpados.

Dado que es una enfermedad que inflama los vasos de todo el cuerpo, puede producir otras múltiples manifestaciones: 

  • Dolor e inflamación de articulaciones.
  • Dolor abdominal, diarrea, vómitos, heces con sangre (hematoquecia).
  • Hematuria ( sangrado en la orina), que en la mayoría de niños no es visible a simple vista sino sólo detectable en la tira reactiva de orina. Se debe a la inflamación de los vasos sanguíneos del riñón. Generalmente la afectación del riñón es leve y revierte espontáneamente en unas semanas o pocos meses, sin secuelas. Cuando su afectación es más grave puede ocasionar pérdida de proteínas en orina (proteinuria), hipertensión arterial e insuficiencia renal, si bien esta secuela es muy poco frecuente. 
  • Dolor de cabeza o alteración del comportamiento por inflamación de los vasos sanguíneos del cerebro y las meninges. Otras complicaciones neurológicas como convulsiones o hemorragia intracraneal son muy poco frecuentes. 

Dado que se trata de una enfermedad que habitualmente remite de forma espontánea sin complicaciones su tratamiento en la mayoría de niños que la padecen es conservador, con reposo en su casa y tratamiento para el dolor con paracetamol o ibuprofeno.  Si produce dolor o inflamación ligera de articulaciones o dolor abdominal ligero, además de estos fármacos, pueden ser útiles los corticoides a dosis bajas.

En algunos casos puede estar indicado el ingreso del niño, sobre todo si produce dolor abdominal intenso, sangrado digestivo o afectación de la función de los riñones.

La púrpura puede tardar varias semanas (entre cuatro y ocho) en remitir completamente, si bien es frecuente que cuando se reinicie la actividad tras el reposo aparezcan nuevas lesiones, así como las recaídas durante los siguientes meses.

Es muy importante el seguimiento de los niños que han sufrido una PSH, sobre todo si ha producido afectación de la función de los riñones.

 

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