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Pros y contras de inculcar el miedo como medio educativo

17/03/2016

La cultural popular, la literatura, así como el cine, están llenos de ejemplos de personajes que se construyen para ejemplificar el miedo y el mal ante los niños. Historias como el “Hombre del saco” , “el Coco” u otras son conocidas y transmitidas por los adultos hacia los más pequeños.

Los niños no siempre conocen la leyenda o la historia cuando les mencionamos a algunos de sus personajes, pero sí los sentimientos que conllevan asociados estas figuras fantásticas o mitos de nuestra cultura.

Pongamos como ejemplo, la historia vinculada a unos de estos personajes y ampliamente extendida en la cultura hispánica, la leyenda del “Hombre del saco”. Esta historia explica que por la noche vaga un hombre por las calles, buscando a niños extraviados, que los recoge en su saco y lleva a un lugar desconocido. El mensaje implícito de este relato es el hecho de inculcar el miedo, con el ánimo de que los niños sean conscientes de que es importante que regresen a la hora indicada a casa.

¿A favor o en contra de utilizar el miedo como medio educativo?

¿Hasta que punto este tipo de historias son adecuadas para compartirlas con los niños más pequeños? ¿Genera realmente un efecto educativo positivo inculcar el miedo, cuando los niños no distinguen entre fantasía y realidad? Ante esta pregunta existen diferentes teorías, tanto a favor como en contra, con sendos argumentos que justifican su posicionamiento.

A favor...

Por una parte, existe una corriente educativa que argumenta que no hay que proteger al menor en exceso y ocultarle realidades que pueden ser cercanas a nosotros. Los expertos en pedagogía que sostienen esta creencia, argumentan que la lectura de historias de terror, si va acompañada de una explicación suficientemente consistente, no deberían generar miedo en el pequeño… es más, puede ser un buen recurso para trabajar con los niños ya que aportan lecciones importantes en el desarrollo infantil.

La labor de padres y educadores ante este tipo de historias que puedan generar miedo, no es utilizarlas como una amenaza, sino todo lo contrario, como un instrumento pedagógico. En función de la edad madurativa del niño, y de las explicaciones de apoyo que reciba del adulto, éste debería discernir con facilidad entre la realidad y la ficción. 

Esta misma corriente, defiende que deben ser los padres, personas adultas en las que los menores confían, quienes introduzcan, con la cautela y el enfoque adecuado, a los pequeños en las diferentes realidades existentes en nuestra sociedad. De esa manera podrán explorar y expresar sus emociones y aprender a vencer sus miedos o al menos saber controlarlos.

En contra...

Por el contrario, existe una teoría educativa que se fundamenta en la protección del menor ante cualquier situación (real o ficticia) que pueda inferir miedos en los pequeños. En ese sentido, este tipo de historias se considera que pueden ser un foco para generar sentimientos de miedo y sufrimiento en los niños más pequeños, sosteniendo que la amenaza, el miedo infundado y fantasioso, puede generar fobias de forma precoz en el menor, presentándose como un sentimiento y una realidad para la cuál menor no puede haber alcanzado el momento madurativo adecuado.

Este grupo de expertos sostiene que, pese a que las historias fantasiosas en las que se presentan las vivencias relacionadas con el miedo, sean explicadas con la implicación de un adulto, no se pueden prever o evitar los efectos que pueden tener en el menor, ya que podemos desconocer hasta que punto éste puede ser capaz de discernir entre realidad y ficción, o de olvidar con relativa rapidez el mensaje que lleve implícita la historia.

Considerando tanto un posicionamiento pedagógico como otro, es importante destacar que ambos coinciden en el hecho de la importancia de la figura de los padres, del adulto, que acompaña al menor durante su exposición a historias de ficción que puedan generarle algún sentimiento de temor.

En ese sentido, es importante inculcar y recomendar, que los adultos nunca debemos dejar solos a los niños ante un cuento, ante una película o una historia de dibujos animados, sin saber qué tipo de mensaje transmite y trabajarlo a nivel educativo antes y después de su aproximación a la historia. Asimismo y como siempre incidimos, es imprescindible considerar las recomendaciones de los expertos relacionadas con la edad recomendada de cuentos, películas o cualquier otro recurso de ocio.

Educar es una labor social, que va más allá de poner a disposición de los niños cualquier herramienta o actividad pedagógica.

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