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Osteomielitis aguda en la infancia

21/12/2017

¿Qué es una osteomielitis?

Se llama osteomielitis a la infección del tejido de un hueso por parte de una bacteria, un virus o un hongo. Al igual que las infecciones de las articulaciones (artritis), afectan con mayor frecuencia a niños pequeños, menores de 5 años, y suelen estar producidas por bacterias que pasan a sangre y desde allí anidan en algún hueso.

Es menos frecuente que se produzcan por la inoculación directa de la bacteria desde la piel a través de una herida, de una fractura abierta o como consecuencia de una intervención quirúrgica.

El germen que la produce con mayor frecuencia en niños sanos es el Staphylococcus aureus (estafilococo dorado). En recién nacidos ha de tenerse en cuenta la posibilidad de que la infección esté producida por bacterias adquiridas antes o durante el parto, como el Streptococcus agalactiae o los bacilos gram negativos, como la Escherichia coli.

En cuanto a la localización, si bien es posible en cualquier hueso, las osteomielitis agudas afectan con mayor frecuencia a huesos largos de las extremidades, sobre todo de las inferiores (tibia y fémur).

¿Cómo se manifiestan?

En lactantes las manifestaciones iniciales suelen ser poco específicas, pues presentan los signos comunes a muchas infecciones: fiebre, irritabilidad, rechazo de la alimentación… Inicialmente pueden no presentar signos de inflamación en el lugar de la infección, pero al progresar lo más frecuente es que se observe una parálisis del miembro, no verdadera sino producida por el dolor (pseudoparálisis).

Los niños mayores suelen referir el dolor de la extremidad, generalmente localizado en el lugar de la infección. Esto hace que el diagnóstico sea más fácil que en niños pequeños, que no localicen el dolor. En estos, la aparición de cojera o rechazo de la marcha acompañando la fiebre es un signo que señala un posible proceso inflamatorio óseo o articular en miembros inferiores.  

¿Cómo se diagnostica?

La osteomielitis se sospecha ante la presencia de un niño con fiebre, malestar y dolor óseo o articular localizado, ya sea referido por el niño o deducido por la aparición de una pseudoparálisis del miembro o dolor localizado a la palpación en un hueso o una articulación, en el caso de niños pequeños. 

En caso de sospecha ha de realizarse una analítica de sangre para valorar si existen signos de inflamación-infección (leucocitosis, elevación de la PCR). Es importante obtener  una muestra para cultivo de sangre (hemocultivo) de cara a identificar la bacteria responsable de la infección, si ésta se confirma.

La radiografía del hueso afecto suele ser normal en estados iniciales de la infección, y aunque en ese sentido no es una buena prueba diagnóstica útil, es recomendable realizarla porque nos permite descartar otras causas. La ecografía es útil en caso de que haya afectación de alguna articulación grande (cadera, rodilla…), pues en estos casos valora la presencia de aumento de líquido sinovial y puede guiar la punción para la obtención de una muestra del mismo. En el caso de la osteomielitis sin afectación articular no resulta de utilidad. 

En pacientes en que exista una sospecha evidente de osteomielitis con una localización clara la resonancia magnética es la técnica de confirmación diagnóstica más sensible.

La gammagrafía es un estudio especialmente útil en casos en que se presente dudas en el diagnóstico o en la localización de la infección. 

¿Cuál es su tratamiento?

La osteomielitis aguda es una infección grave que precisa tratamiento antibiótico durante unas cuatro semanas. Inicialmente el tratamiento con antibióticos ha de ser intravenoso durante al menos una semana. El tratamiento inicial es empírico, dirigido a los gérmenes más frecuentes. Si posteriormente se identifica alguna bacteria en el cultivo de sangre o de material purulento del hueso (si se ha realizado punción del mismo) puede ajustarse el tratamiento según su estudio de sensibilidad a antibióticos (antibiograma). 

Cuando se comprueba que el paciente presenta una buena evolución (desaparición de la fiebre, mejoría del dolor, disminución de los signos de infección en la analítica), puede pasarse a completar el tratamiento con antibiótico oral, con controles ambulatorios con analítica de sangre. 

Durante la fase inicial es necesario el tratamiento de la fiebre, el malestar y del dolor mediante antiinflamatorios (ibuprofeno o paracetamol en dolor leve-moderado, metamizol en dolor más intenso). También es importante iniciar un tratamiento rehabilitador de forma precoz para prevenir la atrofia y facilitar la recuperación de la función y de la movilidad del miembro afecto.

 

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