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Los medios y la educación emocional

28/11/2012
Consultores: 
Gaspar Hernández

Gaspar Hernández, periodista, escritor y presentador de «L’ofici de viure», en Catalunya Ràdio, nos presenta en este artículo su visión de cómo los medios de comunicación influyen en la educación emocional de los niños.

Tuve el privilegio de participar en la presentación del 6º Cuaderno FAROS, del Observatorio de Salud de la Infancia y la Adolescencia del Hospital Sant Joan de Déu. El informe se titula: «¿Cómo educar las emociones? La inteligencia emocional en la infancia y la adolescencia», y en él diferentes expertos lanzan la advertencia que la educación emocional influye directamente en el progreso académico de los niños y jóvenes. Y en su futuro. Según el profesor Juan Carlos Pérez-González, los países que promueven la educación emocional generan un efecto dominó sobre los niveles de motivación, autocontrol y bienestar de la ciudadanía.

Se trata, como dice Eduard Punset, de terminar «con el desdén sistemático hacia nuestras emociones básicas y universales». De ello tenemos una parte de responsabilidad los medios de comunicación. Lo escribe el catedrático Rafael Bisquerra, coordinador del estudio: «muchas de las informaciones que transmiten los periódicos son ejemplo de analfabetismo emocional».

Me pregunto hasta qué punto los medios estamos contribuyendo, salvando todas las excepciones, que las hay, a crear una sociedad sana emocionalmente. La ira, la cólera, el enfado, son las emociones que más predominan en los medios. ¿La ira es una emoción negativa? No siempre. Aunque, según el budismo sí lo es, porque conlleva menos lucidez y libertad interior. El caso es que los medios abusamos de ella. En televisión, porque genera más audiencia. No es lo mismo un debate con ira que sin ella. Podemos argumentar que sólo somos un reflejo de la sociedad. Pero también lo seríamos si informamos de suicidios, y no informamos de suicidios, para no dar ideas. En cambio, informamos de toda la violencia del mundo. Demasiada. Y no nos preguntamos si estamos dando ideas. Como dice el amigo y escritor Valentí Puig, es curioso que las empresas paguen millones a la televisión para que venda sus productos a través de anuncios y en cambio muchos expertos sigan afirmando que no influye en el hecho que nuestra sociedad sea cada vez más violenta.

La otra emoción que domina los medios es el miedo. Como sucede con la ira, el miedo no tiene por qué ser negativo. Gracias a él hemos sobrevivido como especie. Pero el miedo nunca motiva. No sirve para que los que no tienen trabajo lo encuentren, ni para crear riqueza. Y en cambio el miedo manda en la mayoría de titulares. Cada mañana parece que se avecina el apocalipsis. ¿Estamos contribuyendo, con ello, a una sociedad mejor? A lo mejor no es responsabilidad de los medios. A lo mejor sólo nos toca hacer de contrapoder. Y lo hacemos bien. Contrapoder político sí. Económico, no tanto. Nadie o casi nadie denunció en su día la burbuja inmobiliaria. En caso contrario, otro gallo nos cantaría.

Quizá todo empieza por la educación en las escuelas. Ojalá los gobiernos apuesten por la asignatura de educación emocional. El día que la audiencia y los lectores demanden una información con, por ejemplo, menos violencia verbal, dejaremos de estimularla o reproducirla. Mientras tanto, tenemos el mejor educador emocional posible, ejemplo para padres e hijos -porque no pretende ser ejemplo de nada ni de nadie-. Se llama Pep Guardiola. No practica la violencia verbal. Respeta al adversario e incluso destaca sus puntos fuertes. Es humilde, empático, asertivo.

Se enfrenta al adversario, pero siempre en el terreno de juego. Todo lo contrario de lo que sucede, por poner otro ejemplo, en la política española. Estar sistemáticamente los unos contra los otros, los de derechas contra los de izquierdas (si es que aún existen los partidos de izquierdas y derechas, por mucho que vayan predicándolo); creerse unos con la razón y negarla a los otros, es un esquema de cómic, de películas de buenos y malos, de mentalidad de Bush que exige tener a un enemigo sea como sea. Dice el escritor norteamericano Jonathan Franzen: «La política me parece muy tonta, muy simple: exige que uno piense que tiene la razón y que el contrario está equivocado».

Del doctor en filosofía y niponólogo Vicente Haya aprendí que en Japón el arte supremo es no pelearse: la no confrontación. El saber vencer no es un arte. El arte es ser capaces de esquivar el encuentro. Esto quiere decir desarrollar nuestro ingenio. No para ganar, sino para rehuir el combate. «En Japón el que encuentra una salida tiene más talla», me dijo el maestro Vicente Haya: «Es más persona porque ha sabido encontrar una solución sin violencia». Aquí aún no lo hemos descubierto. Ni en los medios, ni en las empresas, ni en la política, ni en el hogar. Nos queda mucho trabajo por hacer.

Gaspar Hernández. Periodista y escritor. Autor de la novela «El silencio» (El Aleph). Presentador de «L’ofici de viure», en Catalunya Ràdio.

«¿Cómo educar las emociones? La inteligencia emocional en la infancia y la adolescencia»

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