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Halitosis: cómo acabar con el mal aliento de los niños

07/04/2016

La halitosis es el término utilizado para describir el aliento desagradable. Los niños también pueden presentar mal aliento y puede aparecer, ya sea de forma transitoria o permanente, a cualquier edad, incluso en bebés.

Existe una halitosis fisiológica o normal, presente en el momento de levantarse y que es transitoria. Es consecuencia de las horas de inactividad nocturna, durante las cuales se reduce la producción y el flujo de saliva y las bacterias de la boca degradan los restos de alimentos presentes en ella.

En otras ocasiones la halitosis no es normal y resulta persistente. Si bien puede resultar de una higiene bucal deficiente, en algunos casos puede ser consecuencia de algunas enfermedades que conviene detectar a tiempo para tratarlas. Por eso, siempre ha de ser una señal de alerta, incluso en niños, en los que además puede producir una alteración en la relación con sus amigos y compañeros de escuela.  

En caso de detectar la halitosis, lo primero que hemos de hacer es evaluar la higiene oral del niño. Si resulta deficiente o inadecuada, hemos de mejorar los hábitos de higiene bucal mediante el cepillado (que ha de ser supervisado) tras cada comida, uso del hilo dental, limpieza de la lengua mediante el cepillado suave y el uso de enjuague bucal adecuado a su edad.

Es importante recordar la recomendación de realizar revisiones periódicas por el dentista, que puede ayudar a detectar y resolver las causas de halitosis causadas por enfermedades o trastornos de la dentición o de las encías. 

En caso de persistencia de la halitosis es importante que el niño sea evaluado por el pediatra, pues en niños puede ser causada por enfermedades respiratorias, con mucha frecuencia, o en algunos casos por digestivas, tales como el reflujo gastroesofágico. En tales casos, el tratamiento de la halitosis es el de la enfermedad responsable. 

En cuanto a las enfermedades respiratorias, las infecciones son una causa muy frecuente de halitosis transitoria. En un niño que nunca ha tenido mal aliento, coincidiendo con la aparición de otros signos de infección (fiebre, incremento de la mucosidad nasal o en garganta, dolor al tragar, tos…) puede aparecer mal aliento, que desaparece en unos días cuando la infección remite.

Este es el caso de los catarros (rinofaringitis aguda), las “anginas” (faringoamigdalitis aguda), las sinusitis agudas o las gingivoestomatitis agudas (aftas o llagas en la boca, con inflamación de las encías). Las infecciones de la boca producidas por hongos también pueden producir mal aliento y molestias en la boca (picor, escozor…).

Existen algunas enfermedades respiratorias crónicas que pueden producir mal aliento de forma persistente, prolongada, tales como la hipertrofia (crecimiento excesivo) de amígdalas o adenoides (“vegetaciones”), la sinusitis crónica o la existencia de cuerpos extraños alojados en las fosas nasales que han pasado desapercibidos. 

 

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