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Hacer el indio en familia, un juego 100 % saludable

04/03/2014

Disfrutar de un día en plena naturaleza jugando en familia es una experiencia que puede pasar, perfectamente, a formar parte del historial de los buenos momentos compartidos.

Construir la memoria familiar a través de intensas vivencias agradables es uno de los muchos beneficios que tiene el juego para la salud de los pequeños. Jugando se pueden desarrollar todas las capacidades necesarias para el crecimiento saludable de cualquier niño: físicas, intelectuales, sociales y emocionales.

Actividad física y prevención de riesgos

El juego es una efectiva forma de realizar actividad física y combatir el sedentarismo y el sobrepeso. Saltar, correr o moverse al jugar ayuda a conseguir efectos muy positivos para la salud: mejora la capacidad respiratoria y cardíaca, el tono y la fuerza muscular, la circulación sanguínea, el descanso y el apetito, entre otros. Por otra parte, la psicomotricidad y la coordinación se potencian también de manera considerable.

Por supuesto, a la hora de jugar es muy importante prevenir riesgos. Por ello, resulta imprescindible utilizar calzado adecuado que proteja bien el tobillo para evitar torceduras, así como ir equipado con ropa transpirable, protección solar, gorra y gafas de sol. Es importante también llevar encima agua y fruta con tal de evitar una posible deshidratación, y un pequeño botiquín por si se produce algún accidente.

No obstante, no hay que olvidar que, dependiendo de la actividad, se debe evitar en todo momento que los niños manipulen material punzante o cortante sin la presencia de un adulto. 

Las emociones, la inteligencia y la socialización también juegan

En el plano emocional, jugar ayuda al niño a ser más autónomo, a ganar seguridad, a conocer sus propios sentimientos y los de los demás, y a construir así su propia identidad. Saber ganar y saber perder, tomar decisiones o gestionar la incertidumbre son algunas de las habilidades que se desarrollan a través del juego. De esta manera, las emociones se pueden educar al simular situaciones reales que se resuelven jugando.

Respecto a las capacidades intelectuales y cognitivas, el juego favorece la atención, la memoria, la creatividad, la imaginación, la observación, la capacidad de escuchar y el perfeccionamiento y enriquecimiento del lenguaje, ya que los niños lo perciben rápidamente como una herramienta imprescindible para el desarrollo del juego.

Jugar en grupo fomenta la socialización entre las personas participantes. Mientras se juega, los padres transmiten a sus hijos habilidades y estrategias que estos aprenden y aplican con rapidez. La familia y los amigos interactúan, se comunican y refuerzan sus vínculos.

Una sesión de juego permite intercambiar y modificar los roles de cada miembro de la familia. Los pequeños se sienten controladores de la situación, "mandan" sobre el adulto y éste se deja llevar por sus directrices. Esta momentánea equiparación de puestos en la jerarquía familiar aumenta la autoestima del niño y le acerca emocionalmente a sus padres, ya que los ve como a iguales, como a compañeros de un juego que él rige y lidera. Durante el juego, los niños marcan el ritmo y las acciones de los mayores.

 El juego compartido también mejora la capacidad de trabajo en equipo y, al tener un objetivo común, favorece la colaboración, la empatía, la paciencia, la relación de ayuda, y el respeto por el cumplimiento de normas y límites.

Familia jugando a hacer el indio   Familia jugando a hacer el indio

La naturaleza, escenario del juego

El hecho de jugar en la naturaleza permite conocer y experimentar con el entorno, cuidar el medio ambiente y adquirir conocimientos sobre fauna y flora. Esta familiarización con el medio natural contribuye a la pérdida de miedos producidos por los fantasmas de la mitología popular: los lobos no son malos, los bichos no dan asco, muy pocas serpientes son venenosas, no todas las plantas pinchan...

Una estrecha relación con la naturaleza también ayuda a dar valor a las pequeñas cosas, ya que cualquier objeto en principio desechable puede convertirse en un divertido componente del juego. Un bosque, por ejemplo, está repleto de "juguetes naturales" que pueden ser utilizados tan sólo con tener un poco de imaginación. De manera que cuanta más habilidad se tiene para imaginar, más "juguetes" nos aportan el bosque, la playa, los prados, el río...

Un juego ideal para toda la familia: ¡hacer el indio!

Por todo ello, una de las actividades saludables que recomendamos es la de jugar a hacer el indio en familia y en plena naturaleza. Esta experiencia permite trabajar todas las capacidades y valores anteriormente explicados de una manera innovadora, muy divertida y potenciando al máximo la imaginación, la creatividad y la interacción entre los miembros del grupo. Se trata de una actividad en la que se unen todos los efectos beneficiosos para la salud y para el crecimiento personal.

Madres, padres, hijos, hermanos, tíos, abuelos y amigos de cualquier edad se disfrazan con casacas y se colocan cintas con plumas en la cabeza, se pintan la cara unos a otros y se asignan nombres de animales, cada uno con su característica concreta. Cantan y bailan. Con palos encontrados caídos en el bosque, un par de cuerdas y varias mantas viejas de diversos colores construyen juntos su propia cabaña india, su tipi particular. Cuantas más coloridas cabañas haya, más parecerá un espectacular poblado indio.

Luego, con varios palos y un cordel se pueden fabricar arcos, flechas y lanzas, siempre bajo la supervisión de los adultos, tanto a la hora de hacer estos utensilios como de utilizarlos. De todos modos, y aunque estas "armas indias" caseras sean del todo inofensivas, hay que recordar al niño que nunca se lanzan contra personas o animales. En definitiva, "hacer el indio", además de generar una actitud positiva, optimista y de cohesión familiar, es un juego que reivindica la sabiduría ancestral de los indios americanos y su perfecta comunión con la naturaleza.

Una foto de la "familia india" en el poblado construido con sus propias manos, con la cara pintada y sus flechas en la mano, puede llegar a ser uno de los recuerdos de infancia más bonitos.

Ester Corrales

Ester Corrales Baz

Directora y Coordinadora de Rural Salut

Rural Salut es un proyecto en el que se imparten talleres dirigidos al público familiar con el objetivo de divulgar hábitos saludables en contacto con la naturaleza. El proyecto de Rural Salut se lleva a cabo en la Masia Cal Peguera en Castell de l'Areny, cerca de Berga y a una hora en coche desde Barcelona.  Consulta cómo apuntarte a los distintos talleres.

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