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Fracturas típicas en niños

10/04/2017

Los huesos y articulaciones de los niños tienen características diferentes a los de un adulto. Por eso, en la infancia se pueden observar fracturas y otras lesiones típicas y específicas de este grupo de edad. 

Las principales características que diferencian los huesos de los niños son las siguientes:

  1. El hueso de los niños es un tejido más poroso, compresible y elástico.
  2. Su capacidad de cicatrización es mayor, por lo que la consolidación de las fracturas es más rápida.
  3. En caso de fractura, la capacidad de remodelación del hueso durante el crecimiento hace que la deformidad que pueda resultar de una fractura se corrija progresivamente, al menos de forma parcial. 
  4. Presentan el cartílago de crecimiento, una zona que puede sufrir lesiones específicas que pueden afectar al crecimiento futuro del hueso.

Las fracturas que se producen típicamente en el hueso de los niños son las siguientes. 

Fracturas en rodete o en caña de bambú

Son fracturas producidas por una compresión del hueso, que por su mayor elasticidad se deforma, aplastándose y ensanchándose, de tal forma que en la radiografía adopta el aspecto de una caña de bambú (ver imagen adjunta, en la que se señala la fractura en rodete del radio).

Es muy frecuente en el radio, cerca de la muñeca, y el mecanismo típico es la caída sobre la palma de la mano.

Son fracturas estables, que curan con una inmovilización con yeso en unas tres semanas, sin secuelas. 

Fracturas en tallo verde 

Son aquellas en que se fractura en uno de sus lados pero no en el contrario, de tal forma que el hueso queda angulado, de forma similar a lo que se produce al doblar un tallo verde. 

Fracturas por deformación plástica

Se caracterizan porque el hueso se deforma, flexionándose pero sin romperse. 

Fracturas de la fisis (cartílago de crecimiento) o epifisiolisis

Existen diferentes tipos de epifisiolisis, en función de si sólo afectan al cartílago o si, además, existe fractura del hueso adyacente. Las más frecuentes son las de grado I, que son aquellas en que la fractura afecta sólo al cartílago y que curan sin secuelas. Los grados III y IV son fracturas poco frecuentes, de tratamiento quirúrgico y que pueden producir como secuela una alteración del crecimiento del hueso.  

La mayoría de las fracturas típicas de la infancia tiene un tratamiento conservador. Es decir, que es suficiente con la inmovilización del miembro afecto durante tres a cuatro semanas para asegurar la curación de la fractura.  

En las fracturas en tallo verde y en las producidas por deformación plástica es necesaria la reducción (corregir la angulación del hueso) antes de proceder a la inmovilización para favorecer la curación de la fractura.

Recuerda que ante cualquier duda conviene siempre consultar al pediatra.

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