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La escuela como centro para la educación de las emociones

14/02/2014

La escuela es un pilar básico para el desarrollo emocional de los niños y cada vez más centros educativos introducen en su programa la gestión de las emociones. 

La inteligencia emocional se está convirtiendo en una herramienta fundamental en todos los ámbitos de la enseñanza. No sólo ayuda a que los niños se conozcan mejor a sí mismos, sino también a comprender más y mejor a los demás compañeros. Durante la etapa escolar, el aula es un lugar donde los chicos viven muchas experiencias, y, dada la importancia de la gestión de las emociones, este es un aspecto que los centros empiezan a tratar.

Introducir la educación emocional en el aula no tiene por qué ser algo complejo. Algo tan simple como colocar las sillas en círculo, de forma que todos los participantes puedan verse, y ponerse cómodos, ya debería ser suficiente para poder expresarse con libertad y respetar lo que expresen el resto. Sin embargo, la forma exacta de hacerlo puede ser distinta según las edades de los alumnos.

El rol del profesor es fundamental en este contexto. La puesta en práctica de su empatía es un primer referente para todos los alumnos, ya que disfruta de una imagen de seguridad, respeto y confianza hacia los estudiantes. Por ello, es fundamental que el profesorado esté sensibilizado con la importancia del desarrollo de ese aspecto de la vida de los niños. Además, es una disciplina que, para ofrecer resultados, requiere continuidad.

Actividades en el aula

Existen algunas actividades que la escuela puede aplicar y fomentar en el aula de forma sencilla, sin alterar de forma significativa su actividad diaria. Se trata de buscar actividades que ayuden al alumno a manifestar lo que siente, comprenderlo y empatizar con sus compañeros.

Algunos ejemplos son:

  • “¿Cómo me siento?”: consiste, simplemente, en que los pequeños expresen en pocas palabras y de forma sencilla su estado emocional, verbalmente o por escrito.
  • “Me cuido y me cuidan”: se trata de inducirles a hacer acciones para los demás y, al mismo tiempo, a sentirse bien y agradecidos por las que reciban.
  • Análisis del enfado: así como es útil para los niños expresar las cosas que les hace sentir bien, es muy importante que analicen correctamente lo que les hace sentir mal. Una actividad práctica, por ejemplo, sería invitar a un alumno a que exprese en qué situaciones se enfada, cómo nota que está enfadado, qué siente cuando son los demás los que se enfadan, etc.
  • La “receta emocional”: un ejercicio curioso y original, en el cual cada alumno debe escribir una receta, preparada a partir de unos “ingredientes emocionales” elegidos por él mismo. Es importante que él mismo explique los motivos por los que ha hecho la selección y que comente el resultado.

En la adolescencia, contra lo que pueda parecer, los alumnos aún son emocionalmente dependientes, pues se trata de una etapa muy inestable. Es importante continuar trabajando con los fundamentos que se habrán propuesto en las primeras etapas de la educación. En estos momentos, será especialmente importante que la familia esté a su lado, especialmente en momentos de crisis o de vulnerabilidad. La clave es que comprenda que está empezando a convertirse en un adulto, y no en un adolescente con éxito.

Referencia bibliográfica:

López, E. Inteligencia emocional en el aula. VI Cuaderno Faros: ¿Cómo educar las emociones? La inteligencia emocional en la infancia y la adolescencia. 2012

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