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Los efectos de los contaminantes químicos en la salud de los niños

14/03/2014

Es evidente que las sustancias químicas están muy presentes en nuestra manera de vivir, y hay que saber que todas las sustancias químicas a las que nos exponemos representan un riesgo para nuestra salud. 

Ahora bien, en general, aunque es común el comentario y el rechazo contra todas las sustancias químicas, en realidad la mayoría de personas no están dispuestas a prescindir de ellas, ya que si lo hiciéramos, la vida, tal como la conocemos no podría ser. Así, el uso de carburantes, medicamentos, conservantes alimentarios, disolventes, metales, plásticos, etc. son fundamentales para nuestro modo de vivir y a la que no queremos realmente renunciar.

Por tanto, y como en tantos aspectos de la vida, en esta cuestión hay que ser consciente del riesgo que representa el uso de estos materiales y contraponerlo al beneficio que de este uso se extrae. 

Hay que saber también que las sustancias químicas que nos rodean, llegan a nuestro organismo por dos vías principales:

  • La vía aérea, mayoritariamente al respirar aire que contiene contaminantes como partículas, gases, vapores, etc. Por ejemplo, gases de escape de automóviles, polvo de la calle, los humos de las industrias o del tabaco, etc. 
  • La vía digestiva, principalmente al ingerir alimentos que han incorporado sustancias químicas de forma accidental o voluntaria, o que se han formado en el transcurso de la vida del alimento. Por ejemplo, el mercurio en el caso del pescado o los hidrocarburos producidos por la combustión y en la cocina.
En medio de esta situación de contacto habitual y prolongado con los contaminantes, un aspecto que preocupa mucho a la mayoría de personas es la posibilidad de que se desarrollen enfermedades relacionadas, y en especial en los niños. Algunos de los efectos se relacionanan con el sistema hormonal, nervioso, inmunológico o con el cáncer. 
 
Este es un tema importante, ya que está demostrado que el tiempo de exposición es un factor muy importante y en el caso de los niños, se junta un dilatado tiempo de exposición, ya que tienen toda la vida por delante, con una especial sensibilidad para recibir la acción de los tóxicos.

Por eso es necesario que la población tenga conocimiento de estos temas para, sin caer en excesos y medidas exageradas, procure no exponerse en exceso o inútilmente a estas situaciones. Y a la vez transmitir a sus hijos unos buenos consejos de higiene y hábitos de vida saludables que minimicen lo máximo posible este contacto y el subsiguiente riesgo.

En este sentido, podemos señalar que en muchos casos tenemos mucha más información de lo que parece. Por una parte, los productos que utilizamos están obligados a llevar etiquetas con abundantes explicaciones para su uso seguro, y por otra, las agencias de salud y similares, como el Departamento de Salud y la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria, ponen al alcance del consumidor una serie de consejos e informaciones que si nos acostumbramos a observar serán de extrema utilidad para disminuir posibles problemas.

Por poner algunos ejemplos podríamos hablar de algunos contaminantes muy habituales y la mejor manera de minimizar nuestra exposición y la de nuestros hijos:

Exposición a disolventes

Los disolventes son de gran aplicación y utilidad a nivel industrial y doméstico. Todos ellos presentan considerables capacidades de producir efectos tóxicos, sobre todo para exposiciones prolongadas. Hay que evitar exponerse de forma gratuita si lo podemos evitar. 

En todos los productos de uso doméstico que contienen disolventes suele advertirse de su toxicidad y de la conveniencia de su uso en espacios ventilados. Regla de mucha importancia que a menudo se olvida de poner en práctica, sobre todo en situaciones cotidianas como cuando pintamos la casa, barnizamos un mueble, etc.

Mercurio en el pescado

Este es un tema que preocupa especialmente en relación a la sensibilidad de los niños antes y después del nacimiento, ya que hasta que su sistema nervioso central no está acabado de desarrollar, muestran una especial sensibilidad a este y a otros neurotóxicos. 

Este es un tema de capital importancia y de delicado tratamiento de cara a la población, ya que en términos de beneficio-riesgo se considera que el pescado es, dentro de alimentación saludable, una parte importante de la dieta e insustituible. Esto se debe, básicamente, a la calidad de su proteína y su grasa, con aminoácidos esenciales en cantidad más que adecuada, escasa cantidad de grasas saturadas y una importante proporción de ácidos grasos omega 3 y de vitaminas A, D, E , B6 y B12.

Así pues, hay que atender a las indicaciones de las agencias de salud cuando nos recomiendan en algunos aspectos especialmente importantes:

  1. Restringir la ingesta de pescado azul de gran tamaño, ya que es lo que más mercurio contiene, sobre todo en embarazadas, mujeres que tengan probabilidades de estarlo, que den el pecho y niños de hasta 3 años. Evitar la ingesta de pescado azul de gran tamaño: atún grande, pez espada, tiburón, lucio, etc. En los niños de 3 a 12 años hay restringir el consumo de estas especies a 50 g/semana o 100 g/2 semanas. 
  2. No disminuir en ningún caso la ingesta de pescado en general para evitar la pérdida de su valor nutritivo. Para todos, embarazadas incluidas, es conveniente comer pescado dos o tres veces por semana. 
  3. Mantener una dieta lo más variada posible en cuanto a productos diversos y sus orígenes, ya que así nos aseguramos de obtener todos los nutrientes que necesitamos y disminuiremos las posibilidades de estar frecuentemente ingiriendo algún alimento que esté especialmente contaminado.

Dado que muchos de los contaminantes a los que nos exponemos vienen con los alimentos provenientes del medioambiente, hay que esforzarse a nivel individual y colectivo para cuidar el ambiente. Cuanto más limpio esté el entorno, más limpio estará el plato.

Artículo elaborado ppr:

Dr. Joan M Llobet Mallafré

Catedrático de Toxicología y Director del Instituto de Investigación en Nutrición y Seguridad Alimentaria, INSA-UB

Faculdad de Farmacia - Universitat de Barcelona 

 

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