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Dolor testicular en niños

12/12/2016

El dolor testicular es un síntoma relativamente frecuente en niños. Si bien en la mayoría de ocasiones está producido por enfermedades poco relevantes, en ocasiones por su localización y en otras por su intensidad puede producir alarma en el niño que lo padece o en su familia.

Dentro de las causas de dolor testicular, la mayoría son causas no graves, como los traumatismos, la epididimitis, las orquitis o la torsión de hidátide.

La causa más frecuente son los traumatismos, la mayoría de los cuales son leves, no producen signos de inflamación y el dolor es autolimitado.

Las orquitis y las epididimitis son inflamaciones del testículo y del epidídimo (el conducto que conduce los espermatozoides desde el testículo hasta la uretra) que producen dolor de inicio progresivo, ligero o moderado, que en ocasiones puede ir acompañado de enrojecimiento del escroto. En estos casos es característico que la cabeza del epidídimo esté engrosada y sea dolorosa a la palpación. En niños pequeños no suelen ser infecciosas y se resuelven espontáneamente con antiinflamatorios y reposo durante unos días. En algunos casos, más frecuentes en adolescentes sexualmente activos, pueden ser producidas por infecciones bacterianas, en cuyo caso ha de asociarse antibiótico al tratamiento.

La hidátide es un pequeño apéndice del testículo cuya torsión produce también dolor testicular. Al igual que la epididimitis y la orquitis, el dolor es de inicio progresivo y suele estar localizado en un lugar concreto, el de la hidátide, sin afectar al resto del testículo. Este apéndice, al torsionarse, se inflama y adquiere una coloración azulada que puede “trasparentarse” a través de la piel del escroto. Su tratamiento es con antiinflamatorios y reposo.

En otros casos, sin embargo, puede tratarse de causas más graves, como la torsión testicular o la hernia incarcerada.

La torsión testicular es una emergencia médica, que necesita un tratamiento quirúrgico urgente. Se produce porque el testículo rota sobre sí mismo, lo que resulta en un estrangulamiento de los vasos sanguíneos que le aportan la sangre y en dolor, por falta de riego sanguíneo (isquemia). Estadísticamente, hay dos edades en que resulta más frecuente: en recién nacidos y en adolescentes.

Las manifestaciones que han de hacer sospechar una torsión testicular es el inicio brusco de un dolor muy intenso en el escroto. Puede producirse de forma espontánea, sin desencadenante aparente, o en ocasiones puede estar desencadenado por un golpe. En algunos casos, el niño también puede referir dolor también en el abdomen y tener vómitos. Al explorarlo, el testículo está aumentado de tamaño respecto al del otro lado y la piel del escroto puede observarse ligeramente enrojecida.

La mayoría de ocasiones sólo afecta a uno de los dos testículos, si bien en otros puede afectar a los dos. Si presenta alguno de estos signos de alarma ha de consultarse en un servicio de urgencias de pediatría. En caso de dudas, la ecografía testicular puede ayudar a definir su diagnóstico. El tratamiento, en caso de sospecha o de confirmación por ecografía, es la cirugía del testículo. Es importante consultar en las primera horas del dolor, pues pasadas 6 horas disminuye la posibilidad de que el testículo se recupere de la isquemia y, por tanto, la posibilidad de conservarlo.

La hernia escrotal es la salida o protrusión del contenido del abdomen hacia el escroto, a través de una comunicación entre ambos. Se manifiesta como un aumento del volumen del escroto. En muchas ocasiones esta hernia es reductible, es decir, que su contenido se puede “empujar” manualmente de nuevo hacia el abdomen y así reducir la hernia. En otros casos, sin embargo, la hernia es dolorosa y no es reductible, lo que se conoce como hernia incarcerada y, si progresa, hernia estrangulada. Su tratamiento es la reducción de la hernia bajo sedación y analgesia.

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