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La dislexia o trastorno de aprendizaje de la lectura: qué es y cómo tratarla

13/10/2016

Si tu hijo empieza a tener dificultades cuando tiene que empezar a aprender a leer después de haber presentado hasta ese momento un desarrollo normal, haber aprendido sin problemas lo que le explican en clase y comportarse de una manera adecuada a su edad, quizás padece dislexia.

La dislexia es el trastorno del aprendizaje más estudiado y el más frecuente. En este artículo, te contamos qué es la dislexia y cómo hacerle frente.

¿Qué es la dislexia?

La dislexia, o trastorno específico para la adquisición de la lectura, es una dificultad inesperada a la hora de aprender a leer que presentan algunos niños con inteligencia, motivación y escolarización adecuadas.

Las repercusiones de las dificultades para la lectura y la escritura cambian a lo largo de la vida pero siempre están presentes. Sin embargo, en muchos casos, con ayuda, se pueden compensar para permitir a la persona afectada una lectura precisa. Siempre lo hará, sin embargo, de una manera menos automatizada. Por lo tanto, el adulto disléxico leerá con lentitud y tendrá poco dominio ortográfico.

Entre un 5 y un 17% de la población padece dislexia, según varios estudios. Además, afecta por igual ambos sexos.

¿Por qué se produce?

Existe un amplio consenso en la comunidad científica respecto a la consideración de que la base del trastorno disléxico es neurobiológica y radica en una disfunción del hemisferio cerebral izquierdo, concretamente de las áreas del lenguaje.

La dislexia es un trastorno con una fuerte carga hereditaria. El 40% de los hermanos y entre un 30 y un 50% de padres de un niño disléxico también lo son.

Es un trastorno de base genética, lo que significa que no hay factores externos causantes, sino que el problema se encuentra en la información genética (el ADN) del individuo. La alteración genética exacta causante de la dislexia aún no se conoce. Probablemente hay varios genes implicados en este trastorno.

En contra de lo que se puede pensar, los problemas durante el embarazo o el parto, los golpes en la cabeza (traumatismos craneales), el método de enseñanza de la lectura, la falta de esfuerzo, los celos, las pautas educativas equivocadas, la televisión o los videojuegos no son la causa de la dislexia.

¿Cómo detectarla?

Para diagnosticar la dislexia, nos tenemos que basar en la historia clínica (los antecedentes familiares y el desarrollo del aprendizaje del niño) y en el estudio neuropsicológico, con el que se valoran funciones de la inteligencia como el cociente intelectual global, la memoria, la coordinación motriz, la capacidad de atención o el lenguaje oral y escrito.

Los niños disléxicos suelen obtener puntuaciones dentro de la normalidad en todas las funciones cognitivas a excepción de la lectura y de la escritura.

¿Qué tener en cuenta en el tratamiento?

Una vez se ha diagnosticado la dislexia, hay aspectos muy importantes a tener en cuenta cuando se plantea el tratamiento:

  • La dislexia, al igual que el resto de trastornos de aprendizaje, acompaña al individuo durante toda su vida.
  • Las manifestaciones y repercusiones del trastorno cambian con el tiempo; por ello, el enfoque de tratamiento se debe acomodar a cada etapa. Lo que es válido para un niño de 8 años no lo es para uno de 14, pero los dos necesitan ayuda.
  • No sólo hay que identificar las dificultades del niño, sino también sus habilidades, que serán recursos importantes para superar y compensar los tropiezos.
  • Tan importante es el tratamiento individual del niño como que las personas de su entorno, especialmente de la familia y de la escuela, conozcan qué es este trastorno.
  • Hay que atender a la familia del niño. Ser madre o padre de un niño con un trastorno de aprendizaje no es una tarea fácil. Se ha de orientar, asesorar a los padres y apoyarlos de manera adecuada.
  • Las adaptaciones escolares son fundamentales para que la repercusión de la dislexia en el aprendizaje del alumno sea la menor posible.
  • Hay que tener en cuenta la autoestima del niño.
  • La coordinación entre la escuela, la familia y los especialistas que atienden al niño es fundamental.

¿Cuándo empezar la intervención?

La intervención educativa debe ser precoz. A menudo, frases como "esperemos un poco más", "démosle un poco más de tiempo" o "no le pongamos una etiqueta" son una pérdida de tiempo innecesaria. Hay que intentar que la dificultad lectora no impida a tu hijo seguir el ritmo de aprendizaje del resto de alumnos y esto sólo es posible con una detección e intervención precoz.

Le tienes que explicar a tu hijo, de manera adecuada a su edad, la naturaleza de su problema. Debe saber que su dificultad tiene un nombre, esto no quiere decir que no sea inteligente y que recibirá ayuda para mejorar. Es necesario que todos los que forméis su entorno tengáis clara la necesidad de ser comprensivos, positivos y sensibles a la hora de detectar posibles problemas de autoestima.

Acceso a la fuente de consulta:

El aprendizaje en la infancia y la adolescencia. Claves para evitar el fracaso escolar. Cuaderno FAROS número 4. Página 95. [Fecha de consulta: 13/10/2015]

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