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El dibujo infantil: un reflejo de las emociones del niño

22/08/2014

Durante el crecimiento, los niños pasan por diversas etapas, y también lo hacen sus dibujos, que nos pueden dar pistas sobre su comportamiento y personalidad

El precedente del dibujo infantil es el garabato, sin intención ni capacidad de representar formas.

Como en otros aspectos del aprendizaje, cada niño es un mundo y su evolución será distinta, y algunos desarrollarán habilidades más pronto que otros. Es muy recomendable motivar y acompañar al niño durante el proceso de dibujo en la etapa infantil.

Principales fases del dibujo

Aparecen las primeras formas

A los 2 años, aparecen trazos agrupados, aunque no representan ninguna figura en concreto, y empiezan a experimentar con colores. A los 2 años y medio, el niño crea nuevas formas que se asemejan a la realidad pero que todavía no tienen detalle suficiente como para identificarlas. 

Se incorpora la figura humana 

Sobre los 3 años aparece la representación de la figura humana. También suele dibujar objetos de su interés como un coche o una casa. En esta etapa, el dibujo ya tiene una intención de comunicar situaciones, personajes y emociones. Entre los 3 y 4 años, la figura humana que dibujaba solo con piernas y cabeza ahora tiene cuerpo y brazos, y los ojos muy grandes. 

Se consolida la forma

A los 5 años, las estructuras cognitivas del niño han ido madurando. La figura humana ya es perfectamente identificable: cabeza, cuerpo, brazos y piernas, ojos y boca, cabello. Aparece la diferenciación: el niño introduce rasgos diversos como el tamaño, el pelo o la expresividad. 

Entre los 5 y los 6 años el dibujo se consolida acorde con cada niño pero manteniendo algo en común: la intención comunicativa. El niño muestra su mundo interno (sensaciones y emociones), si bien no siempre explícitamente. Las figuras humanas interactúan entre ellas y con los objetos y entorno en el papel. 

A partir de los 5 años se pueden observar aspectos para la evaluación psicológica, y junto con unas simples preguntas pueden proporcionar una información muy útil sin dar al niño la sensación de cuestionario o intrusión.       

¿Qué aspectos observar? 

  • ¿Cómo coge el lápiz? Si lo agarra fuerte puede indicar tensión. En este caso se aconseja indicarle de forma tranquila cómo cogerlo, pero evitando presionarle.
  • Mirada y actitud. Debemos observar si el niño disfruta con la actividad o si por el contrario no presta atención. Una inclinación natural hacia el dibujo suele ser buen indicador de la capacidad de aprendizaje. Si no está pendiente mientras dibuja está bien intentar que atienda, pero sin forzarlo.
  • Espacio que ocupa en el papel. Ocupar todo el espacio se relaciona con confianza y seguridad, mientras que dibujar en un espacio reducido se asocia con timidez e introversión. 
  • Colores preferidos. Los colores que más utiliza el niño al dibujar pueden dar una idea sobre ciertos aspectos de su comportamiento y carácter.

¿Cómo interpretar sus dibujos?

Algunos rasgos psicológicos se asocian con la forma de dibujar. Se trata de observaciones que no constituyen correlaciones rotundas, sino que su finalidad es orientativa. 

  • Agresividad, desobediencia. Trazos rectos muy alargados y ascendentes. Destacan los dientes, y los brazos suelen ser largos, con garras en lugar de dedos.
  • Ansiedad, temor. El grafismo es reducido, y las caras poco expresivas. El sombreado de la cara puede indicar ansiedad. Algunos niños se dibujan dentro de una casa o un coche, algo que les proteja del exterior.
  • Motivación para el aprendizaje y la escuela. Los dibujos están bien proporcionados, y las caras son expresivas y con grandes ojos. Detalles como pequeños animales (caracoles, mariposas). El dibujo está centrado y ocupa buena parte del papel.
  • Inseguridad. El trazo es irregular, con fallos y rectificaciones. Las figuras suelen ser pequeñas, y los brazos se dibujan pequeños y/o pegados al cuerpo.  
  • Déficit de atención. Impulsividad. Dibujo desorganizado, con objetos inconexos o irreales y pocos detalles. Cuando coincide con impulsividad, el dibujo se convierte en una descarga tensional. El trazo se dibuja con mucha presión o de forma rápida.
  • Autoestima. Hay una buena organización del espacio. Las personas tienen los brazos y manos abiertas, y una expresión alegre.
  • Autocontrol. El dibujo es simétrico, los trazos ondulados y las formas bien proporcionadas. Si está coloreado no se traspasan los límites del contorno.

Referencia bibliográfica:

El dibujo infantil. Psicodiagnosis: Psicología Infantil y Juvenil, 2013. [acceso 14 de octubre de 2013].

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