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Cuando los padres discuten enfrente de su hijo

27/04/2015

Todas las parejas discuten de vez en cuando. Pueden no estar de acuerdo sobre cosas importantes, como el trabajo, o sobre detalles sin importancia, como qué hay para cenar.

A veces, los padres mantienen la calma cuando no están de acuerdo y se dan mutuamente la oportunidad de hablar y escuchar. Pero también puede ocurrir que, ante un desacuerdo, el ambiente se caldee y que las cosas se pongan difíciles.     

A los hijos les puede resultar fácil sacar conclusiones precipitadas cuando oyen discutir a sus padres. Pueden creer que sus padres se han dejado de querer y/o que van a divorciarse. Pero la mayoría de las veces las discusiones solo son una forma de desfogarse después de un mal día o cuando se está bajo mucho estrés.          

Es normal que los padres discutan a veces

Es normal que la gente tenga opiniones, sentimientos y enfoques diferentes de las cosas. Los miembros de una familia necesitan poder decirse cómo se sienten y qué opinan, aunque sientan y opinen cosas muy distintas. La mayoría de las parejas discuten sobre cosas sin importancia. La mayor parte del tiempo los padres se disculpan y hacen las paces, se olvidan de la discusión y la familia vuelve a su rutina habitual.                   

Si los hijos se fijan en la forma en que sus padres resuelven sus diferencias, pueden aprender a enfocar sus discusiones y a resolver sus conflictos de una forma satisfactoria.                 

Cuando las discusiones van demasiado lejos

A veces, los padres discuten con demasiados gritos, chillidos e insultos, se faltan el respeto y se dicen cosas muy duras. En ocasiones, las discusiones incluyen empujones, lanzamiento de objetos o golpes. Aunque nadie sufra lesiones físicas, una discusión va demasiado lejos cuando uno de los padres utiliza amenazas para tratar de controlar al otro a través del miedo.

No es aceptable que un padre amenace con lesionar a otra persona, destruya las pertenencias de su pareja, amenace con abandonar a su pareja o con denunciarla a los servicios sociales.                    

En este tipo de situaciones, las discusiones habrán pasado a convertirse en peleas y la pareja necesitará la ayuda de un médico, terapeuta u otro especialista para controlarse y para controlar sus enfados.   

Cómo reaccionan los hijos 

Cuando un hijo ve a sus padres alterados y fuera de control es normal que se desoriente. La medida en que le preocupen las discusiones de sus padres dependerá de la frecuencia con que ocurran, su intensidad y/o el hecho de que se produzcan delante de otras personas.            

Si un hijo presencia de forma repetida el descontrol mental y emocional de sus padres, puede empezar a presentar signos de estrés, como tener ganas de llorar, dolor de estómago o de cabeza o problemas para conciliar el sueño. Algo que le puede resultar especialmente duro a un hijo es que sus padres discutan sobre él, pero los padres son los únicos responsables de sus actos y comportamientos. Nunca se puede culpar a un hijo por las discusiones de sus padres.    

Cómo mejorar las cosas 

Si los padres son conscientes de que discuten demasiado, deberían abrirse a sus hijos en momentos de calma, hablar sobre ello y tomar cartas en el asunto para resolver la situación. Si uno de los miembros de la pareja pierde tanto el control que puede llegar a lesionar a otros miembros de la familia, el otro miembro de la pareja debería informar a otras personas para ayudar a toda la familia y proteger a sus hijos de las peleas.                        

Cuando los miembros de una pareja discuten demasiado o se pelean deberían pedir ayuda a psicólogos y terapeutas. Con la ayuda de estos profesionales, las parejas pueden aprender a escucharse mutuamente y a hablar de sus sentimientos y diferencias sin necesidad de discutir de una forma descontrolada. Aunque puede requerir esfuerzo, tiempo y práctica, los miembros de una familia pueden aprender a convivir.       

De todos modos, ninguna familia es perfecta. Incluso en el hogar más feliz surgen problemas y la gente discute. Las discusiones suceden y no pasa nada; solo forman parte del proceso de aprender a convivir. Si las personas exponen abiertamente lo que les preocupa y hablan sobre ello, podrán llegar a acuerdos o negociar soluciones, todo el mundo se sentirá mejor y la vida volverá a la normalidad.                    

Acceso a la fuente de consulta:

When parents argue. Kidshealth. [Fecha de consulta: 23/04/2015]

 

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