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¿Cuál es el valor de los campamentos de verano para tus hijos?

10/06/2016

Los campamentos de verano, las convivencias, los campamentos y las salidas escolares han sido y son una motivación para niños y jóvenes; por el valor que tienen, por el hecho educativo intrínseco que conllevan, por la tradición, el esfuerzo, la novedad, la experiencia vivida... y muchos otros aspectos que hacen de las actividades de ocio una oportunidad única.

Las salidas de campamentos de verano tienen un efecto catalizador, hacen que pasen "cosas", sentimientos, sensaciones y emociones. Aprovechar estos momentos para educar a los niños y jóvenes y hacerles crecer como personas y como ciudadanos es un reto insoslayable, que debería valorarse mejor.

Los campamentos de verano no individualizan, evitan el aislamiento, evitan la marginación y son actividades inclusivas que nos ayudan en nuestra socialización. Las salidas están pensadas para hacerse en grupo, en un espacio diferente al cotidiano y donde la diversidad de edades y la repartición de tareas nos hacen ser protagonistas y actores de cada actividad y de cada minuto. Hay que pasarlo bien, pero también hay que barrer o limpiar la mesa y hacer la cama y ser responsable del propio tiempo.

Una experiencia más allá de la escuela y de cada hogar

Desde la educación infantil hasta la secundaria, a lo largo de toda la escolarización obligatoria, los campamentos de verano nos brindan la oportunidad perfecta para conocer nuevos amigos en un entorno alejado del centro de estudio o de casa. Algo tan sencillo como cambiar las cuatro paredes del aula o de casa por un entorno natural, cambiar los pupitres o la cama por la litera, o la ropa de cada día por el bañador o las botas de caminar, facilitan las buenas relaciones y refuerzan y estrechan sorprendentemente el enlace emocional que nos une con los amigos y los compañeros, al engrandecer la confianza que nos une.

El tiempo de charlar hasta dormir, las confidencias y la diversión a oscuras que suelen hacer perder la paciencia a los monitores y maestros son momentos que cohesionan y unen al grupo como nunca. Los más pequeños mostrarán su cariño, los más grandes su confianza e incluso su respeto; y dependerá de cada monitor, maestro o profesor aprovecharlo como crea más conveniente.

El tiempo libre es un momento en que la persona disfruta de manera especial, por la posibilidad de elegir en qué invertirlo, y porque se vive con menos imposición y con mayor predisposición a la participación. Por lo tanto, las probabilidades de que el aprendizaje sea eficiente son mucho más altas.

Las familias pasan por muchas dificultades económicas, que imposibilitan que los niños y jóvenes puedan disfrutar de experiencias de campamentos de verano. Sin embargo, muchas de ellas hacen el esfuerzo porque se dan cuenta del potencial educativo. Ahora más que nunca, hay que poner los recursos necesarios para facilitar el acceso a los campamentos de verano: líneas de ayudas, campañas de financiación, búsqueda de recursos, combinadas con la imaginación en el momento de diseñar, de generar campamentos de verano eficientes, colonias que enseñen a vivir con menos.

Las entidades y centros educativos, centros de recreo, agrupaciones, escuelas, etc. han tenido presente el valor de las salidas de colonias y campamentos de los niños y jóvenes desde hace mucho tiempo. En los momentos actuales muchas de estas propuestas peligran, no por su coste, sino porque se consideran un "añadido" del que se puede prescindir. Este razonamiento es lógico si no sabemos ver la importancia y el valor que tienen los campamentos de verano. La sociedad debería velar por su continuidad e implementación, ya que los campamentos de verano tienen capacidad de filtración entre las personas: acoger a los más desfavorecidos y hacer posible acciones educativas con pocos recursos, donde el niño y el joven que han de convertirse en personas son el principal activo.

Yendo de campamentos de verano conoceremos el territorio

Desde que son más pequeños hasta los últimos cursos, si van de campamentos de verano cada verano tendrán la oportunidad de conocer una buena parte del país donde viven. Con los más pequeños es recomendable quedarse en la propia comarca o alguna zona cercana, y así intentar evitar largos viajes en autocar.

Cuanto más mayores sean los participantes, más podremos abrir el radio de acción, saliendo de las comarcas que tenemos más cerca y visitando parajes más diversos, moviéndonos del mar a la montaña y de la montaña al mar. La búsqueda de la diversidad en el lugar escogido hará que el aprendizaje sobre el territorio y la conciencia de pertenecer a un país sean mayores.

Es este diseño de campamentos de verano lo que genera ciudadanos con espíritu crítico, sensibles a las problemáticas de los demás, solidarios, comprometidos y respetuosos con el medio ambiente.

La organización segura de las actividades de los campamentos de verano debe ser un parámetro de calidad

Es especialmente relevante la responsabilidad durante las actividades y la asunción de riesgos. La organización de una actividad por parte de una entidad que goce de profesionalidad y bagaje es una garantía de seguridad y un parámetro de calidad. Las actividades deben ser organizadas de manera que la seguridad sea un valor de la planificación y del diseño. El equipo de profesionales que está al servicio de las entidades y que organiza campamentos de verano es también un aval al respecto. La convivencia entre el voluntariado y el trabajo remunerado es un buen indicador de este grado de madurez en el diseño de los campamentos de verano existentes, y todas las propuestas suman en favor de la educación de los niños y jóvenes.

Que los campamentos de verano tienen valor en el crecimiento personal y en la educación de los niños y jóvenes para convertirse en personas se ha justificado con creces. Sin embargo, falta generar las complicidades entre todos los agentes implicados: administración, padres, familia, escuela, entidades, monitores y compañeros. Resolver conjuntamente los interrogantes del futuro y el presente sobre la educación y el aprendizaje de las personas es un deber y un horizonte. Crear una red de comunicación y complicidades es una oportunidad que no debe perderse.

Si organizamos campamentos de verano, hacemos crecer a las personas y además protegemos el futuro y capacitamos en muchos aspectos de la vida cotidiana a los niños y jóvenes que participan. Queda en manos de las entidades, las escuelas, las administraciones, las empresas y las familias que este hecho, tan nuestro, y tan bien identificado como potencial educativo, no se pierda.

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