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Conoce los peligros que conlleva la automedicación en niños

03/05/2017

Se llama automedicación la administración de medicamentos por decisión propia de una persona (o de sus padres o cuidadores, en el caso de los niños), sin que haya un consejo médico previo. 

Dentro de este término hemos de diferenciar dos situaciones frecuentes: 

Automedicación con fármacos de libre venta

La primera es la automedicación con fármacos de libre venta. Estos medicamentos son aquellos que pueden comprarse en las farmacias sin receta y que sirven para aliviar enfermedades o síntomas comunes y leves, tales como la fiebre, dolores leves a moderados, la tos o el aumento de mucosidad en resfriados, etc.

En este caso, si el niño no padece ninguna enfermedad, si no está en tratamiento con otros medicamentos y se trata de un proceso banal, la automedicación con algunos fármacos de alivio sintomático (fiebre, dolor…) no supone un riesgo. De hecho, forma parte de los objetivos de salud pública la capacitación de la población, en nuestro entorno de los padres y cuidadores de los niños, en la autonomía del cuidado de su salud en dolencias banales.

En cualquier caso, puede ser aconsejable que los padres o cuidadores del niño, en las visitas con su pediatra pidan consejo sobre el manejo y el tratamiento, con y sin fármacos, de enfermedades comunes en la infancia, tales como los catarros, las gastroenteritis… En muchos casos se trata de infecciones leves y autolimitadas que no precisan de una atención médica pero sí de un adecuado consejo para aliviar sus síntomas y prevenir sus complicaciones.

Así, puede estar justificado el uso de algunos fármacos, como el paracetamol para aliviar la fiebre, el dolor o el malestar. En estos casos han de seguirse las recomendaciones que figuran en el prospecto para evitar el tratamiento con dosis inadecuadas, tanto por exceso, y con ello el riesgo de intoxicación, como por defecto, cuya consecuencia sería no aliviar los síntomas pero sí exponer al niño a los efectos adversos del fármaco. 

En caso de que el niño esté en tratamiento con otros fármacos, o si padece alguna enfermedad crónica, es recomendable que sus padres consulten con su pediatra o con el farmacéutico antes de administrar otros medicamentos. 

Autoprescripción

La segunda situación es la denominada autoprescripción, que consiste en la administración de un medicamento que sólo se puede adquirir con receta médica por iniciativa propia, sin prescripción directa de un médico que recomiende y respalde su utilización en un niño con una enfermedad concreta. 

Un ejemplo frecuente de autoprescripción es el uso de antibióticos en infecciones respiratorias agudas (catarros, bronquitis…) o en infecciones gastrointestinales (diarrea). En ambos casos se trata de infecciones de causa generalmente vírica que no precisan de tratamiento antibiótico salvo en algunos casos concretos o en aquellas situaciones en que haya una complicación de la enfermedad. 

La autoprescripción sí supone claramente un riesgo, pues el acto de prescripción que lleva a cabo el médico es una recomendación que tiene en cuenta múltiples factores y precisa de un conocimiento de la enfermedad, de las características personales de cada paciente (edad, sexo, enfermedades previas y crónicas, su estado de vacunación…) y de los efectos de los fármacos, tanto su efecto principal como de los efectos adversos.

La autoprescripción tiene el riesgo de exponer a los niños a los efectos adversos de un fármaco sin que éste pueda aportarle por otro lado un beneficio curativo en su enfermedad actual. Por otra parte, puede enmascarar o alterar la evolución natural de la enfermedad y con ello dificultar su diagnóstico. 

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