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Conjuntivitis en el recién nacido

18/11/2016

Al igual que el resto de niños, los recién nacidos pueden sufrir conjuntivitis aguda. Esta se manifiesta por enrojecimiento de la conjuntiva bulbar (la piel que recubre la parte blanca del ojo), secreción conjuntival (legaña) y en ocasiones edema (aumento de volumen) de los párpados.

Es importante diferenciar este enrojecimiento del que produce una hemorragia conjuntival, muy frecuente también en recién nacidos y producida durante el parto. En el caso de la hemorragia conjuntival, el enrojecimiento es localizado, se observa en un lugar concreto de la conjuntiva y no en todo el ojo, y no produce legaña ni inflamación de los párpados. 

También es importante diferenciar la conjuntivitis de aquella situación en que el recién nacido tiene legaña pero sin enrojecimiento del ojo. Esta situación es muy frecuente, y habitualmente crónica durante los primeros meses, en algunos recién nacidos que presentan obstrucción congénita del conducto lacrimonasal. Es decir, que el conducto que lleva la lágrima desde el ojo hasta la nariz está obstruido o es más estrecho al nacimiento. Suele resolverse de forma espontánea en muchos recién nacidos y el tratamiento transitorio es con masajes en la zona del lagrimal. Suelen tener tendencia a, además, padecer conjuntivitis por gérmenes similares a los del resto de niños. 

Es importante considerar aparte las conjuntivitis que aparecen en los primeros días de vida, ya que pueden estar producidas por gérmenes que se transmiten en el canal del parto, de la madre al niño, y que pueden producir complicaciones graves en el niño; no solo por la gravedad de la infección ocular, sino también porque pueden afectar a otros órganos y producir infecciones graves.

Los gérmenes que con mayor frecuencia producen conjuntivitis en recién nacidos son la Chlamydia trachomatis, la familia de los estafilococos, el neumococo, el gonococo y el virus herpes tipo II.

El tratamiento, en algunos casos, requiere el ingreso hospitalario del recién nacido para recibir tratamiento antibiótico intravenoso y tópico, en colirio o pomada.

Dada su frecuencia y su gravedad en algunos casos,  tras el nacimiento se aplica una pomada antibiótica (eritromicina o aureomicina) a todos los recién nacidos en ambos ojos como medida de prevención. Habitualmente se realiza en sala de partos, en los primeros minutos de vida.

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