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Conducta suicida y adolescencia: factores de protección y signos de alarma

12/07/2017

Adolescencia: etapa de cambios

La adolescencia es una etapa llena de cambios y nuevos retos en muchos ámbitos: a nivel físico, psicológico, relacional, académico, etc. Es un periodo de transformación, de transición y de resolución de nuevas experiencias. 
 
Los cambios a nivel físico se observan a simple vista con la aparición de los caracteres secundarios sexuales (crecimiento del vello, ensanchamiento de espalda y caderas…); los efectos de las hormonas que los impulsan también se reflejan en el estado de ánimo del adolescente, aunque estas fluctuaciones no son tan evidentes o comprensibles.  

Retos del adolescente: La individuación

Autores como Erikson, Perkins y Piaget han conceptualizado los diferentes retos psicológicos que tiene que resolver el adolescente en su evolución hacia la edad adulta. Erikson destaca la identidad como el objetivo principal en esta etapa, consiguiendo en este camino una sensación de independencia y de control. También señala las relaciones sociales como el elemento más importante durante este periodo, mientras que en etapas anteriores la escuela y la familia tenían más relevancia. Perkins y Piaget destacan el tránsito del pensamiento del niño al adolescente como el paso de lo concreto (buenos y malos, blanco o negro) a lo abstracto (pensamiento más elaborado, integrando estos conceptos: los buenos no son tan buenos los malos no son tan malos) y plantea cuatro preguntas básicas que el adolescente tiene que resolver: ¿Quién soy?; ¿Soy normal?; ¿Soy competente?; ¿Puedo amar y ser amado?. 
 
Esta etapa es, por tanto, un escenario de conflicto entre la dependencia que los jóvenes aún tienen de sus cuidadores y la creciente necesidad de autonomía, libertad y de construcción de un proyecto vital propio. Una etapa de aprendizaje, desarrollo y adquisición de estrategias necesarias para afrontar los retos de la vida adulta, en la que pueden haber cuestionamientos de los valores familiares y sociales antes de acabar de hacerlos propios.   

Concepto de muerte

El concepto de muerte se empieza a adquirir alrededor de los 8 años de edad, consiguiendo un conocimiento más evolucionado una vez iniciada la adolescencia. Pensar y reflexionar acerca del concepto de la muerte es una conducta normal, a menudo motivada por el fallecimiento de algún familiar, conocido o mascota, o a raíz del propio estudio del ciclo de la vida. 
 
Pensar en la propia muerte es a menudo un pensamiento normal, que puede tener cualquier persona ante una situación especialmente dolorosa, difícil de afrontar o para la que no se encuentra salida. 

Hipersensibilidad del adolescente

En la adolescencia es habitual vivir estas situaciones difíciles y dolorosas con mayor intensidad que en la edad adulta, tanto por el momento vital de la persona, como por la falta de experiencias previas. Es por esto que los pensamientos de muerte en la adolescencia son más habituales de lo que pensamos. Afortunadamente, la mayoría de ellos se resuelven en la propia intimidad del adolescente, sin mayor repercusión ni escalada de gravedad.
 
Sin embargo, hay experiencias que ponen al adolescente en una situación de vulnerabilidad, ya sea por la gravedad de la situación, por su condición de larga duración, o por traer acumuladas una serie de experiencias vitales estresantes o de sufrimiento durante la infancia. Las situaciones pueden ser variadas y varias al mismo tiempo: conflictos relacionales con iguales, problemas de vinculación y de aceptación en grupos de pertenencia, problemas familiares como conflictiva o ruptura familiar, problemas académicos, problemas relacionados con enfermedades orgánicas o mentales, fallecimiento de familiares o personas significativas, etc. 
 
Es en estos adolescentes en situación de vulnerabilidad en los que pueden darse con mayor frecuencia conductas relacionadas con la muerte. Cuando hablamos de conducta suicida, nos referimos a todo acto que tenga en algún grado una intencionalidad de morir. Ésta se puede manifestar de distintos formas: ideas relacionadas con la muerte, planificar la forma de morir, realizar algún tipo de preparativo o incluso llegar al acto con finalidad suicida.

Factores de protección

Ante estas situaciones, los elementos que han sido identificados como protectores para evitar que estos pensamientos de muerte empeoren, y su paso a tener deseos de morir o de acabar con la propia vida, o incluso de realizar algún intento de suicidio son:
  • La buena comunicación familiar
  • La participación en las actividades familiares
  • La vinculación a grupos de pertenencia o a proyectos (aunque estos sean individuales)
  • Y la sensación de ser útil y valorado por las personas significativas, tanto familia como grupos de iguales. 

Signos de alarma

Si llegado el caso, usted observa que su hijo o hija adolescente manifiesta: 
  • Desesperanza acerca del futuro, pensamientos catastrofistas del tipo “la vida no merece la pena,” “nada va a cambiar”.
  • La ausencia de proyectos vitales a corto/medio plazo. 
  • Bajo estado anímico, sentimientos de tristeza, minusvalía y baja autoestima.
  • Alteración de los hábitos, del sueño, la alimentación o disminución del rendimiento académico.
  • Dificultades para compartir el malestar o sufrimiento con familia y/o amigos.
  • Aislamiento en domicilio y poca comunicación con familiares y/o amigos.
  • Cese de actividades que antes realizaba, o incapacidad de disfrutar de las mismas.
  • Autolesiones (cortes en antebrazos, muslos...)  normalmente realizadas con la finalidad de regular emociones negativas. 
  • Sufrimiento relacionado con acoso escolar (bullying) o dificultades para establecer relaciones sociales duraderas. 
  • Destapar o expresar experiencias traumáticas (abuso sexual, maltrato…) que generan gran sufrimiento.
  • Desbordamiento emocional desproporcionado ante situaciones conflictivas o ausencia de recursos para hacerles frente.  

Tiene que saber que:

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), y por extensión para todos los servicios de salud, la prevención del suicidio es una prioridad. 
 
La mayoría de personas que presentan conducta suicida tienen una buena evolución con ayuda profesional.  
 
Los profesionales nos tomamos en serio el sufrimiento de los adolescentes, nunca pensamos que la expresión de este tipo de ideas o intenciones sea una llamada de atención, siempre lo consideramos una petición de ayuda y les recomendamos que como padres también se tomen en serio estas peticiones de ayuda. Siempre, pero muy especialmente cuando el contexto es parecido al descrito anteriormente.

Cómo actuar:

El profesional a quien dirigirse en primera instancia es su pediatra o su médico de cabecera, quien le ayudará a valorar la gravedad de la situación y en su caso, le remitirá al profesional adecuado, normalmente del ámbito de la salud mental.
 
Si se encuentra ante una situación de alta gravedad o urgencia, también puede contar con los servicios de urgencias de su hospital de referencia, y en última instancia con los teléfonos de emergencia de su Comunidad (112 o 061 en Cataluña).

Detección fuera de casa:

En la detección, todos tenemos mucho que aportar, y no sólo en referencia a nuestros propios hijos. La escuela y otros centros de encuentro menos formales también son muy importantes, tanto en la detección como en la prevención del suicidio.

Entorno multimedia: oportunidades y contagio

Vale la pena destacar que actualmente el mundo de los adolescentes tiene más dimensiones que en otras generaciones. Los adolescentes se relacionan en las redes sociales, un mundo en el que ellos son "nativos" mientras muchos de los padres somos "inmigrantes". 
 
Esta realidad ha incrementado notablemente la complejidad del escenario de desarrollo de nuestros adolescentes, con una paradoja difícil de gestionar y, en alguna medida, relacionada con la intimidad. Por un lado, en el refugio y la clandestinidad de esa intimidad, los adolescentes tienen un acceso ilimitado a la información, indistintamente si están o no preparados para procesarla; y por otro lado poseen unas herramientas de difusión masiva y de exposición de aspectos que deberían permanecer en su intimidad. Ante esos retos actuales y en espera de concretar guías de actuación más generales, en adolescentes en situación de vulnerabilidad se recomienda supervisión parental, junto con el propio adolescente, del uso que hace de estas redes sociales. No sólo para protegerlo de la influencia externa, sino también para evitar que, al amparo de la buena intención de “compartir su malestar con otros que le puedan entender”, hagan apología o provoquen el contagio de este tipo de conductas suicidas.
 
Artículo escrito por:
 
Programa de atención a la conducta suicida del menor
Servicio de Psiquiatría y Psicología Clínica
Logo Hospital Snat Joan de Déu Barcelona
 
 
 
 
 

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