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Cómo identificar y tratar las alergias alimentarias en la infancia

10/04/2014

La alergia a los alimentos es un tema de actualidad en los países occidentales. Al igual que sucede con otras enfermedades alérgicas, su prevalencia está experimentando un aumento en los últimos años tanto en adultos como en niños.

Alergias alimentarias

Esta patología se inicia habitualmente en los dos primeros años de vida para disminuir progresivamente durante la infancia hasta la edad adulta. La sospecha de alergia alimentaria es frecuente en la primera infancia, pero sólo un pequeño porcentaje llega a confirmarse. La prevalencia en la edad adulta se estima entre un 3,1 % y un 8,7 %, según el rango de edad. Con esto, se deduce que la alergia alimentaria es habitualmente superada con el paso del tiempo, pero se desconoce el mecanismo por el cual se adquiere la tolerancia. 

Junto a factores individuales que pueden influir en el desarrollo de esta tolerancia, el tipo de alimento también es importante en la evolución de esta patología. Los alimentos con mayor potencial alergénico en el niño son el huevo, la leche, el trigo y la soja. Sin embargo, la alergia a cacahuete, frutos secos, pescados y marisco es, habitualmente, persistente. Los hábitos dietéticos y la forma de preparación de los alimentos desempeñan un papel muy importante en la prevalencia de alergias alimentarias específicas en cada país. 

La alergia alimentaria es una reacción anómala del organismo secundaria a la ingesta, contacto o inhalación de alimentos con una causa inmunológica comprobada. Son una parte de las reacciones adversas a alimentos. 

Los alérgenos son proteínas que se encuentran en todos los alimentos. Estas estimulan el sistema inmunológico de algunas personas dando lugar a una respuesta patológica que se conoce como reacción alérgica.

Existen dos tipos de reacciones alérgicas: la provocada por inmunoglobulina E y la que no.

Alergia provocada por inmunoglobulina E (IgE)

Corresponde a aquellas reacciones que se producen por anticuerpos del tipo IgE, específicos frente a un determinado alimento, confirmadas con pruebas, con una correlación con los síntomas del paciente o las pruebas de provocación. 

Pueden ser síntomas limitados al sitio de contacto (como la urticaria por contacto) o bien síntomas que afectan a un único órgano: orofaringe (síndrome de alergia oral), el tracto gastrointestinal (vómitos o diarrea), la piel (urticaria o angioedema) o el tracto respiratorio (rinitis o broncoespasmo).

Sin embargo, es más común la aparición de reacciones generales y de intensidad variable, en las que los órganos implicados más frecuentemente son la piel y el tracto gastrointestinal. Ocasionalmente pueden aparecer reacciones graves como edema de glotis o con compromiso cardiovascular, hipotensión y pérdida de conciencia (choque anafiláctico).

Suelen ser síntomas de aparición inmediata, muchas veces instantánea, casi siempre antes de trascurridas dos horas de la ingesta del alimento y en clara relación con ella. Algunos pacientes alérgicos al pescado, marisco y legumbres pueden presentar rinitis o asma inducida por la inhalación de vapores de cocción.

Diagnóstico de la alergia alimentaria por IgE

El diagnóstico se basa en la historia clínica, la demostración de que hay una IgE específica para el alimento, tanto en una prueba cutánea (prick) como en una analítica y la prueba de provocación con el alimento.

La eliminación de la dieta de un alimento bien tolerado por observarse una sensibilización (las pruebas cutáneas o la IgE específica dan positivo) puede llevar a la pérdida de tolerancia y producir reacción clínica al reintroducirlo en la alimentación, lo que ocasiona un perjuicio grave al niño. 

La prueba de provocación con alimentos es imprescindible en caso de discordancia entre la anamnesis y las pruebas diagnósticas. La provocación debe llevarse a cabo con la supervisión de profesionales entrenados y en condiciones que permitan atención médica urgente en caso necesario. El alimento se administra en dosis progresivas hasta llegar a una cantidad prefijada o hasta la aparición de síntomas.
 
En casos en que la reacción es clara, especialmente en reacciones anafilácticas graves, y que se demuestra la existencia de IgE, se considera ya el diagnóstico. En pacientes pediátricos, la revaluación periódica es importante para comprobar o descartar el desarrollo de tolerancia.

Alergia no provocada por inmunoglobulina E (IgE)

La sintomatología se inicia habitualmente durante los primeros 12 meses de vida de manera progresiva. 

Se caracterizan por síntomas gastrointestinales, con afectación variable del estado nutricional, que mejoran al retirar el alimento de la dieta y recaen después de la reintroducción. Sólo se puede establecer la asociación con un alimento mediante el diagnóstico clínico. No se dispone de pruebas de diagnóstico para estas enfermedades.

Tratamiento de las alergias alimentarias

Evitar el alimento alergénico es el único método de prevención. Esta recomendación, aparentemente sencilla, muchas veces es difícil de cumplir, debido a las reactividades cruzadas y a la presencia de alérgenos “ocultos” en los alimentos. 

En la alergia a la leche, que en la primera infancia es la más frecuente, la leche materna es la mejor opción y se recomienda alargarla al máximo, sin retrasar la edad de introducción del resto de alimentos. En ningún caso es necesario suprimir de la alimentación la carne de vacuno, la mayoría de niños la toleran sin problemas. No puede utilizarse la leche de otros mamíferos (cabra, oveja) por su similitud proteica con la leche de vaca. Para la alimentación de estos lactantes existen varios tipos de fórmulas extensamente hidrolizadas. 

Los antihistamínicos son útiles para el tratamiento de las reacciones cutáneas, pero no previenen la aparición de reacciones más graves. En casos de anafilaxia, el tratamiento de elección es la adrenalina, que deberá administrarse lo antes posible y por vía intramuscular. Existe un dispositivo para la autoadministración de adrenalina intramuscular. Los corticoides son útiles para prevenir las reacciones tardías, hasta un tercio pueden tener una reacción tardía.
 
Otra opción de tratamiento es la desensibilización o inducción de tolerancia específica, sobre todo con alimentos básicos para la nutrición, como son leche y huevo. Consiste en la administración oral en dosis progresivamente crecientes hasta la cantidad equivalente a una toma habitual seguida de su administración diaria de mantenimiento. Esta técnica terapéutica se está utilizando sobre todo con leche de vaca y huevo, reduciendo el riesgo de reacciones graves con la toma accidental de pequeñas cantidades, aunque no está exenta de riesgos.

Artículo escrito por:

Dra. Olga Domínguez

Médico adjunto de la Sección de Alergia e Inmunología Clínica 

Hospital Sant Joan de Déu

 

 

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