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Claves para que tus hijos crezcan sin complejos

17/02/2016

Seguridad en ellos mismos: ese es uno de los mejores antídotos para evitar que tus hijos crezcan sin sufrir ningún tipo de complejo. Y, al mismo tiempo, que tampoco los fomenten entre sus compañeros.

Para ello, además, debes estar pendiente de la evolución de los pequeños, especialmente alrededor de los seis años, cuando empiezan a tomar conciencia de ellos mismos. Precisamente esta edad coincide con los inicios de la educación infantil, que implica mayores niveles de exigencia intelectual.

Cómo detectar los complejos

Los síntomas de los complejos pueden ser diversos y, en ocasiones, sutiles, aunque con efectos destacables. Por ello, los expertos recomiendan observar a los niños para comprobar cambios en las conductas como los siguientes: 

  • Prestan mucha atención a lo físico.
  • Estan más callados o serios.
  • Empiezan a mostrar rechazo a ir al colegio o a acudir a fiestas como cumpleaños de compañeros y actividades extraescolares.

Pero el alcance de los complejos puede ser más notable y llegar a afectar al rendimiento escolar o a la conciliación del sueño.

Fomentar la autoestima

Favorecer la autonomía y autoestima de tus hijos es una clave fundamental para que ellos sean fuertes ante cualquier ataque de su entorno. 

Has de ayudarles a que sean independientes en la realización de todo tipo de actividades y a que tomen conciencia de sus características, especialmente de aquellas que podrían ser objeto de burla u origen de algún mote como es el caso de rasgos físicos señalados, falta de habilidades o problemas en el habla, sin olvidar cuestiones vinculadas al estilo o la condición económica como el tipo o marca de su ropa y complementos. 

Todo puede influir y es básico que ellos sepan captar siempre el lado positivo de su persona y de sus compañeros. Así, puedes echar mano de ídolos infantiles para reconfortar a los pequeños sobre posibles puntos débiles. Un ejemplo habitual es el de Harry Potter, un héroe con una cicatriz en el rostro y necesitado de gafas. 

Por esta razón es clave que seas capaz de crearles entornos de crecimiento personal, evitando comparaciones que puedan ocasionarles malestar e intentando alabar sus virtudes, siempre con buen humor. También encontrar espacios y momentos para el conocimiento de ellos mismos, de sus parecidos con el resto de miembros de la familia, de las características que los definen, de posibles puntos débiles –por ejemplo, el inicio de uso de gafas o, más adelante, en edades preadolescentes, los cambios de voz en los chicos o el crecimiento de pechos en las chicas-, con el fin de estimular su confianza. 

Cuanto más autoestima se cree desde el hogar, más resistentes serán tus hijos ante las agresiones de su alrededor tanto en la escuela, como en otros entornos de socialización. 

Reforzar los vínculos familiares

Para prevenir episodios de complejos, tienes que dedicar tiempo a tus hijos. Sin prisas, estableciendo las conversaciones al ritmo que ellos necesitan para abrirse y, así, podrás saber si está sufriendo este problema, que se puede manifestar a través de diversos síntomas o incluso no mostrarse y, sin embargo, causar mella en tus pequeños a corto y largo plazo. La conformación de este vínculo entre padres e hijos se tiene que ir forjando desde edades muy tempranas.

Es muy recomendable que escuches a tus hijos de forma activa, es decir, utilizando también el lenguaje no verbal: ponerte a su altura, sentarte a su lado, cogerles las manos, mirarles a los ojos... e intentar evitar interferencias de teléfonos móviles, ordenadores, televisiones, etc. Que ellos perciban que son los protagonistas y que te importa su preocupación. 

Tolerancia y respeto a la diversidad

Tan relevante como que tus hijos no padezcan complejos es que tampoco los generen. Por esta razón, se estima prioritario que seas capaz de crear entornos de crecimiento que promuevan tanto la práctica de la tolerancia como el respeto a la diversidad y a todo tipo de diferencias. 

Hay que enseñar a los pequeños a ser asertivos para que sean capaceces de decir cómo se sienten, qué quieren y que mantengan su independencia en relación a los demás. Es vital la aceptación del grupo, pero, al mismo tiempo, también lo es que tengan capacidad para contestar a otros niños cuando sean insultados o reciban críticas.

Cabría no olvidar, al mismo tiempo, que los niños emulan a los padres. Los pequeños copian a los padres, con lo que, posiblemente, una de las mejores armas para prevenir los complejos de tu hijo sea que mantengas actitudes seguras, sin transmitr manías o perjuicios, y con respeto a la diversidad. 

Por último, una vez reconocido o detectado el complejo, lo más oportuno es integrarlo, sin exageraciones, con naturalidad. Y empezar a planificar su destrucción poco a poco, a través de todo tipo de actividades, lecturas, películas, juego, mucha diversión... Y, de esta manera, lograr que el origen del complejo se convierta, sin que nadie se dé cuenta, en una simple anédocta.

Acceso a las fuentes de consulta:

Qué hacer si los niños tienen complejos. El Mundo. [Fecha de consulta: 17/02/2016]

Pautas para que tu hijo supere sus complejos. ABC. [Fecha de consulta: 17/02/2016]

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