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El cerebro del bebé, más desarrollado de lo que se creía

12/02/2014

El problema de cómo piensan los bebés ha intrigado a la ciencia médica desde hace décadas, y por fin está empezando a hallar algunas respuestas.

Los investigadores tratan de resolver enigmas muy discutidos, como si los pequeños tienen alguna habilidad innata para aprender, o bien son hojas en blanco en las que se imprime todo el conocimiento desde cero.

El desarrollo de la tecnología ha permitido dar con nuevos y originales experimentos que ayudan a resolver estas incógnitas. Por ejemplo, se observó la reacción ante estímulos de niños sanos, comparándolas con bebés que habían sufrido una leve falta de oxígeno en el cerebro, para comprobar si esta era menos compleja. El resultado permitió comprobar que los niños, contra lo que se creía, son selectores natos de información, y que por lo tanto nacen con algún mecanismo natural de aprendizaje.

Los niños no interaccionan con su entorno de forma aleatoria, como podría pensarse en un primer momento. En dichos estudios, muchos bebés se mostraron capaces de, a través de la observación de la realidad, extraer unos patrones (como por ejemplo el de la gravedad), y observar con más atención de lo normal si se les mostraba un objeto que transgredía alguno de esos patrones. En otras palabras, su cerebro lo interpretaba como algo anómalo.

Pero es más, en otros experimentos, se demostró que los bebés nacen ya con alguna noción básica de contar (mostrándoles patrones de sonidos y de imágenes). E incluso un estudio de la Universidad de Berkeley sugería que los recién nacidos manejan de algún modo algo tan complejo como las probabilidades.

Parece que los adultos tienen mucho que aprender de los bebés en relación a la inteligencia. Hasta ahora, la evidencia sugiere que un niño de pocos días de vida puede llegar a distinguir entre una interacción social y otra que no lo es. No obstante algunos investigadores advierten que aún deben tomarse estos resultados con prudencia, ya que se podrían interpretar de varias formas y no descartan que el deseo de los científicos de encontrar una inteligencia innata lleve a encontrarla de forma inevitable.

Además, existen también experimentos que parecerían corroborar que los niños no tienen ninguna habilidad innata. Otro experimento de la Universidad de St. Andrews, llevado a cabo en 2005, por ejemplo, probó que un grupo de bebés mimetizaban lo que veían durante mucho más tiempo que un grupo de chimpancés. Dicha imitación iba incluso más allá de lo que podría interpretarse como su “necesidad”.

En cualquier caso, el estudio de la psique del bebé es una disciplina en alza, que en los últimos cincuenta años ha arrojado resultados muy sorprendentes, y posiblemente seguirá haciéndolo.

Referencia bibliográfica:

Saini, A. Newborn babies may be more developed than we think. The Observer (The Guardian), 2013.

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