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Artritis de cadera: una causa grave de dolor de cadera y cojera en la infancia

13/11/2017

¿Qué es la artritis séptica de cadera?

Se llama artritis séptica de cadera a la infección bacteriana de la articulación de la cadera.  La bacteria que la produce con mayor frecuencia en todas las edades es el Staphylococcus aureus (estafilococo dorado). Se trata de una bacteria que forma parte de nuestra flora cutánea normal.

En ocasiones a través de alguna herida y en otras sin lesión previa aparente, puede pasar a sangre (bacteriemia) y anidar en una articulación, produciendo su infección. En recién nacidos también pueden producirse por bacterias adquiridas antes o durante el parto, como el Streptococcus agalactiae y los bacilos gram negativos, como la Escherichia coli.

Si bien puede presentarse a cualquier edad, afecta con mayor frecuencia a niños menores de tres años. 

¿Cómo se manifiesta la artritis de cadera?

La artritis séptica de cadera se manifiesta por la aparición de dolor, cojera y fiebre. Dado que la cadera es una articulación profunda, su inflamación no es visible desde la superficie y por tanto a simple vista no suelen verse signos inflamatorios, tales como enrojecimiento o calor de la piel que hay sobre la articulación, en la ingle. 

En cuanto al dolor, los niños lo suelen referir en la ingle o en el muslo pero puede irradiarse hasta la rodilla.

El dolor hace que coloquen la pierna en una posición antiálgica, para evitar el dolor, con la cadera flexionada y girada (rotada) hacia fuera.

Si bien es más frecuente que la cojera en un niño se deba a otras causas, como los traumatismos o la sinovitis transitoria de cadera (STC), el dolor que genera la artritis suele ser más intenso.

Con frecuencia el niño que la padece no puede caminar y la marcha y los movimientos de la cadera durante la exploración (flexión, rotación y extensión) le resultan muy dolorosos. En el caso de la STC el dolor suele ser más leve, tanto con la marcha como durante la exploración. 

Dado que se trata de una infección bacteriana grave, es frecuente que se acompañe de fiebre y en casos graves el niño puede presentar también mal estado general, con aspecto de gravedad.

¿Cómo se diagnostica?

La presencia de cojera, dolor de cadera y fiebre en un niño pequeño nos ha de hacer pensar en la artritis séptica de cadera como una de sus causas. En caso de niños que no caminen, como los lactantes pequeños, el diagnóstico resulta más difícil. En estos casos el rechazo al gateo o a la sedestación (mantenerse sentados) o la disminución de la movilidad de uno de los dos miembros inferiores (pseudoparálisis) pueden ser las manifestaciones de la inflamación de la cadera. 

Ante dichas manifestaciones es imprescindible realizar una analítica de sangre para valorar la presencia de signos de inflamación que apoyen la sospecha. Asimismo, es importante recoger una muestra de sangre para cultivo (hemocultivo) con el fin de intentar identificar la bacteria responsable y así guiar mejor el tratamiento antibiótico.  

La ecografía de la cadera puede resultar también útil para valorar la presencia de signos de inflamación, tales como  un aumento de líquido articular, el engrosamiento de la sinovial (la membrana que recubre la articulación) o el aumento del flujo de sangre en la misma. 

Por último, la punción de la articulación (artrocentesis) para obtener una muestra de líquido articular, puede orientar en el diagnóstico y ayudar a identificar la bacteria responsable.

¿Cuál es su tratamiento?

Si existe una sospecha de una artritis de cadera el tratamiento ha de iniciarse de forma precoz. Es necesaria la artrotomía, un procedimiento quirúrgico que consiste en abrir la articulación, extraer el líquido infectado (del que se tomará una muestra para análisis y cultivo), lavar la articulación y disminuir la presión intraarticular para evitar que se produzca un daño en la misma. 

En segundo lugar ha de iniciarse tratamiento con antibióticos intravenosos, inicialmente de forma empírica y posteriormente guiada por los resultados de los cultivos del líquido articular o de la sangre. El tratamiento inicial ha de ser intravenoso y, una vez que mejoren los signos inflamatorios y la fiebre, pasar a antibiótico oral, que ha de mantenerse en torno a cuatro semanas.

 

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